He pasado un mes usando el Pixel 10 como móvil principal. Lo he probado junto al Pixel 10 Pro, pero este análisis es exclusivamente sobre él, sobre “el pequeño”, que este año viene con bastantes cambios y con esa típica dualidad Pixel que me encanta y me desespera a la vez.
Es el modelo del décimo aniversario, el que representa hacia dónde quiere llevar Google su gama base. Un móvil que parte de una idea clara: ser el Android más fiable y más “iPhone” de la plataforma. Y en parte lo consigue. Pero también tiene detalles que lo alejan de lo que debería ser un gama alta de 2025.
Dos tipos de usuario: dos conclusiones distintas
Para entender el Pixel 10 tengo que dividirlo en dos públicos:
Por un lado está el usuario que no quiere complicaciones: alguien que quiere un móvil que funcione siempre, que tenga una buena cámara, que dure años y que no requiera pensar demasiado. Ahí el Pixel 10 es casi perfecto. Android fluido, experiencia limpia, siete años de actualizaciones, IA integrada por todas partes y una cámara consistente que rara vez falla.
Pero si eres del grupo que se fija en el procesador, la autonomía, el calentamiento o el rendimiento en tareas pesadas —el grupo al que tú y yo pertenecemos— la historia cambia, porque ahí empiezan los matices importantes.
Diseño: maduro, compacto y muy Pixel
El Pixel 10 se siente como la culminación del lenguaje visual de Google. La trasera de vidrio con Gorilla Glass Victus 2, el marco de aluminio reciclado y el nuevo módulo de cámara en forma de “píldora” transmiten una mezcla de sobriedad y personalidad que funciona muy bien.
Es un móvil realmente cómodo. Mide 152 × 72 × 8,5 mm, pesa 187 gramos y tiene certificación IP68. Esto significa: lo puedes mojar, lo puedes llenar de polvo y seguir tranquilamente con tu vida. No es el móvil más fino ni el más espectacular, pero está construido para durar, y eso se nota desde el primer momento.
Pantalla: sin LTPO, pero muy buena
Google diferencia bien este modelo del Pro y se nota en la pantalla. Aquí tenemos un panel OLED de 6,3 pulgadas, resolución Full HD+ y una tasa de refresco que sube hasta 120 Hz, aunque sin LTPO. En teoría es un recorte; en la práctica, no lo sientes tanto.
El brillo máximo ronda los 3.000 nits, suficiente para verlo bajo el sol sin esfuerzo. Los colores están muy bien calibrados, el contraste es alto y los ángulos de visión son excelentes. Es una pantalla que, sin querer ser la más avanzada técnicamente, sí consigue ser una de las más agradables de usar.
Procesador y rendimiento: el gran “pero” de este año
El Pixel 10 estrena procesador: el Tensor G5, fabricado ahora por TSMC en lugar de Samsung. Y, sinceramente, esperaba mucho más.
En el día a día todo va bien: abrir apps, cambiar entre ellas, navegar, usar redes… es fluido y está muy bien animado. El problema aparece cuando le pides un poco más. El procesado de fotos tarda más de lo que debería, las exportaciones de vídeo son lentas comparado con otros rivales, y aplicaciones como Instagram o YouTube a veces tardan en cargar elementos o muestran algún tirón.
Además, el móvil se calienta más de la cuenta en tareas que los demás gestionan sin despeinarse: Google Maps, ver fotos, ver vídeos, incluso navegar a veces. No es un calor preocupante, pero sí constante.
Y cuando juntas tironcitos, bloqueos puntuales, tiempos de espera largos y calentamiento, la sensación es clara: este Tensor G5 no está al nivel de lo que cuesta este móvil. Me recuerda más a un gama alta de hace dos o tres años que a uno de 2025.
Autonomía y carga: suficiente, pero lejos de lo que toca en 2025
La batería me ha durado entre 6,5 y 7 horas de pantalla prácticamente siempre. Da igual si estaba fuera todo el día haciendo fotos en IFA o si estaba en casa en Madrid con un uso normal: el resultado era siempre ese.
Aguanta el día, sí, pero llega justo. Y en un momento en el que muchos gama alta ya dan 8–9 horas de pantalla sin despeinarse, esto coloca al Pixel en la parte baja de la tabla.
La carga tampoco ayuda: 30 W por cable, con hora y media larga para completar, y 15 W inalámbrica, práctica solo para dejarlo por la noche. Si te paras a comparar con lo que están haciendo otros fabricantes —incluso Google con el Pro XL, que sube a 45 W— las cifras se sienten lentas.
Cámaras: más modestas en hardware, muy sólidas en resultados

Este año Google ha metido tres cámaras traseras en el modelo base, algo que llevaba tiempo pidiendo. Y aunque el hardware no es tan ambicioso como el de los Pro, la experiencia es muy buena.
El sensor principal es un 50 megapíxeles con apertura f/1.8 y estabilización óptica. Es el que hace la magia. Da igual el momento del día: casi siempre saca una foto equilibrada, con buen rango dinámico y ese procesado tan característico de Google.
El ultra gran angular pasa a un sensor de 12 MP, menos luminoso, que rinde muy bien de día y baja un escalón cuando cae la luz. Nada preocupante.
La novedad importante es el tele: un 5x con un sensor de 48 MP, estabilizado. No es el mejor tele del mercado, pero tener un 5x real en el Pixel “pequeño” cambia completamente la experiencia. Para viajes, arquitectura, retratos desde lejos… marca la diferencia.
En vídeo, como de costumbre: 4K a 60 fps, buena estabilización, colores consistentes y más ruido de noche, especialmente en el ultra gran angular. Y la cámara frontal, de 10,5 megapíxeles, hace un trabajo sorprendentemente bueno. Muchos de mis planos hablándole a cámara en IFA están grabados con esta frontal y responde muy bien.
Software e IA: donde Google sigue adelantando por la derecha

Aquí el Pixel 10 vuelve a brillar. Android limpio, actualizaciones garantizadas durante siete años, integración profunda con todo el ecosistema de Google y funciones de IA que ya forman parte del día a día: edición inteligente de imágenes y vídeos, transcripciones, asistentes mejorados, resumen de contenido, búsquedas contextuales… todo llega antes y mejor en los Pixel.
Es, sin duda, uno de los puntos clave para entender este móvil. Aunque no sea perfecto en hardware, en software va varios pasos por delante de la mayoría.
¿Vale la pena? Depende de lo que busques

Por los 899 € que cuesta de salida, el Pixel 10 se queda en tierra de nadie. Es un móvil que me encanta usar —por pantalla, diseño, cámaras y software—, pero cuyos problemas de rendimiento y autonomía pesan más de lo que deberían.
Si lo pillas rebajado, especialmente en torno a 600 €, el cuento cambia por completo. A ese precio, con alguna actualización encima y sabiendo de antemano sus límites, es un móvil muy recomendable.
Pero hoy, a precio completo, solo lo recomendaría a alguien que valore por encima de todo la estabilidad, la IA, la limpieza de Android y la cámara. Para todos los demás, creo que necesita un par de actualizaciones y una bajada de precio para colocarse donde realmente debería estar.
Un Pixel muy bueno que se queda a media potencia
El Pixel 10 es un móvil que provoca amor-odio. Me encanta cómo está construido, me gusta muchísimo su pantalla, disfruto sus cámaras y valoro todo lo que hace Google en software. Pero al mismo tiempo, siento que podría ser muchísimo más si el procesador estuviera a la altura.
Funciona bien, sí. Pero no tan bien como debería en 2025. Y ahí está el dilema.
Cuando Google lo pula —y cuando el precio baje— será una compra fantástica. A día de hoy, es un móvil brillante… al que le falta un pequeño empujón.
































































