Si tuviera que elegir el Pixel “ideal” por formato, sería este: el Pixel 10 Pro. Es el que más apetece coger, el que mejor queda en la mano y el que, a simple vista, parece el pequeño gama alta que muchos llevamos años esperando. Pero después de usarlo junto al Pixel 10 normal y sabiendo lo que ofrece el Pixel 10 Pro XL, la realidad es otra: Google ha bordado el diseño, pero ha fallado justo en lo que no podía fallar.
Y lo digo sin rabia, pero con pena. Porque este móvil podría haber sido uno de los más recomendables de 2025 y, sin embargo, se queda en tierra de nadie. No por una cosa concreta, sino por un encadenado de decisiones que, juntas, lo frenan más de lo que deberían.
Diseño: Google ya domina este formato
Lo primero que me enamoró fue la mano. El Pixel 10 Pro es un móvil compacto y muy bien construido. Mide 152,8 x 72 x 8,6 mm y pesa 207 gramos, así que no es un “mini” ligero precisamente, pero sí un tamaño muy cómodo para el día a día. Es el típico móvil que puedes usar con una mano muchas veces, pero que sigue dando sensación de móvil serio, de gama alta.
El chasis es de aluminio, el frontal y la trasera están protegidos por Gorilla Glass Victus 2 y viene con certificación IP68 contra agua y polvo. Traducido: aguanta lluvia, aguanta salpicones y aguanta vida real sin problema. Se nota que Google lleva varias generaciones perfeccionando este diseño, porque todo encaja: el módulo de cámaras integrado en la banda trasera, las curvas, el tacto del marco… es un móvil que entra por los ojos y que en mano cumple lo que promete.
Aun así, hay un detalle que no esperaba: para una pantalla de 6,3 pulgadas, es más pesado de lo que imaginaba. No es un ladrillo, pero cuando vienes de otros compactos, el extra de densidad se nota. Es ese primer aviso de que dentro quizá hay más compromisos de los que se ven desde fuera.
Pantalla: una de las mejores en tamaño compacto
En la pantalla, Google ha hecho los deberes. Tenemos un panel Super Actua LTPO OLED de 6,3 pulgadas, con resolución de 1280 x 2856, formato 20:9 y 495 píxeles por pulgada. Es una de esas pantallas que lo tienen todo: se ve nítida, se ve muy brillante y el refresco variable de 1 a 120 Hz hace que la interfaz se sienta muy fluida.
En exteriores aguanta sobradísima: el brillo máximo se dispara y puedes leer el contenido sin forzar la vista. En interiores, el contraste típico del OLED y la profundidad de color hacen que fotos, vídeo y redes sociales luzcan muy bien. Aquí no hay truco: es una pantalla de gama alta, sin peros.
El lector de huellas bajo la pantalla funciona rápido y fiable, y el reconocimiento facial también hace buen trabajo. En esta parte, Google no experimenta: se limita a coger lo que ya funcionaba y pulirlo un poco más.
Rendimiento y almacenamiento: cuando va bien, va muy bien… pero ese 20 % te rompe la magia
El corazón del Pixel 10 Pro es el Google Tensor G5, un procesador fabricado en 3 nm que aquí viene acompañado siempre de 16 GB de RAM. Sobre el papel suena potente, y en la práctica hay algo curioso: el 80 % del tiempo, el móvil va perfecto. Todo fluye, las apps se abren rápido, las transiciones son suaves y no tienes la sensación de estar limitado.
El problema es ese otro 20 %: esos momentos en los que, sin hacer nada “raro”, empiezas a notar que algo no va fino. Instagram tarda más de la cuenta en cargar historias, la app de cámara se piensa un poco las fotos, el sistema pega algún microtirón y el zoom con IA se queda procesando más de lo que esperas. No es que sea un desastre, pero cuando pagas lo que cuesta este móvil, esos tropiezos se notan mucho.
Luego está el tema del almacenamiento. El Pixel 10 Pro parte de 128 GB, que es la versión que yo he estado usando, y aquí viene la gracia: esa configuración usa almacenamiento UFS 3.1, mientras que los modelos de 256 GB en adelante ya suben a UFS 4.0. Es decir, el modelo base es el más caro de justificar: menos memoria interna y más lenta.
En 2025, con apps que ya tranquilamente se comen 60 o 70 GB solo ellas, 128 GB en un gama alta de más de 1.000 € es muy poco. Si te vas a 256 GB, subes 100 € más. Y en ese punto estamos hablando de un móvil claramente por encima de los 1.100 €, con rivales muy serios alrededor.
Calor y autonomía: comportamiento extraño y poco previsible
Otra cosa que me ha llamado la atención es cómo gestiona el calor. No es un móvil que te queme la mano, pero sí uno que se entibia más de la cuenta con tareas bastante normales: hacer varias fotos seguidas, grabar vídeo, un rato largo de redes sociales… Sales de ahí con la sensación de que al Tensor G5 le falta optimización.
La batería es de 4.870 mAh y, sobre el papel, no pinta mal. En la práctica, mi experiencia ha sido bastante consistente: entre 6 y 7 horas de pantalla casi hagas lo que hagas. Días de feria haciendo fotos y vídeos, turismo por Berlín, un día tranquilo en Madrid usando menos la cámara… siempre acabo en ese rango, llegando al final del día con un 15–25 % de batería.
No es una mala autonomía, pero tampoco es brillante. Lo que más me choca es que parece que hay un consumo de base que Google no termina de controlar; da la sensación de que gastes lo que gastes, el sistema decide que vas a acabar el día más o menos igual.
En la parte de carga, se queda claramente atrás: 30 W por cable y 15 W inalámbrica Qi2 con el sistema magnético PixelSnap. Está bien que por fin tengamos carga inalámbrica magnética estándar, pero la velocidad de carga, para lo que se mueve en la gama alta, es simplemente floja.
Cámaras: el Pixel que ya conoces, con un tele más ambicioso

Si hay un terreno donde me siento como en casa con este móvil es en la cámara. El Pixel 10 Pro mantiene la filosofía de siempre y la lleva un poco más lejos. Tenemos una triple cámara trasera con:
– Principal de 50 MP, con estabilización óptica, sensor grande y la típica interpretación de color de Google. Es esa cámara de “saco el móvil, hago la foto y sé que va a salir bien”.
– Ultra gran angular de 48 MP, con enfoque cercano y un campo de visión muy amplio, ideal para arquitectura, interiores y escenas donde quieres meterlo todo.
– Teleobjetivo de 48 MP con zoom óptico 5x y hasta 10x híbrido apoyado en IA.
La experiencia es muy “Pixel”: exposición muy bien medida, HDR agresivo pero efectivo, colores algo pastel pero agradables y una cámara que funciona igual de bien de día que de noche. El modo noche entra cuando tiene que entrar y hace su trabajo sin que tú tengas que pensar demasiado.
Echo en falta un telemacro de verdad. Con el ultra gran angular y con el tele puedes hacer algunas fotos cercanas interesantes, pero no llegas al nivel de detalle que he visto en móviles de Vivo, Oppo, Xiaomi u Honor cuando usan el tele específicamente para macros. No es algo que rompa la experiencia, pero sí una de esas cosas donde ves que la competencia ha afinado más.
En la parte frontal tenemos una cámara de 42 MP con buen angular, mucho detalle y una interpretación de piel bastante natural, aunque en vídeo sí se nota algo más de contraste y un look menos “realista” que el de las cámaras traseras. Para selfies, stories y videollamadas va sobradísima.
En vídeo, el móvil también cumple: 4K a 60 fps en todas las cámaras, buena estabilización, buen enfoque y un resultado muy consistente. He grabado en ferias y eventos solo con él y no he echado en falta una cámara dedicada. Lo único que sigo sin entender es que, a estas alturas, sigamos sin poder cambiar de la cámara trasera a la delantera en la misma toma, algo que otros fabricantes ya hacen y que para crear contenido sería oro.
Zoom con IA: entre la magia y la duda
El teleobjetivo nuevo viene acompañado de la gran novedad de Google en este móvil: el zoom con inteligencia artificial de hasta 100x. A nivel práctico, funciona así: hasta 5x tiras del tele óptico, hasta 10x sigues aprovechando el sensor con recorte y a partir de ahí entra en juego todo el músculo de IA de la marca.
¿Lo bueno? Que te deja hacer fotos a cosas muy lejanas que, en otro móvil, serían una mancha de píxeles. Carteles, edificios, detalles en fachadas, señales… ahí te sorprende para bien. A 30x o 40x hay muchas fotos que, si nadie te dice nada, te las crees como “foto normal”.
¿Lo problemático? Que no siempre queda claro hasta qué punto estás viendo una mejora de la imagen o una reinterpretación generada. Hay ejemplos circulando donde el móvil parece “inventarse” partes de la escena: ladrillos, pájaros, texturas que no se veían con claridad. Y cuando intentas usar ese tipo de zoom en personas, directamente te bloquea el modo y te saca un aviso.
Para mí, la conclusión es sencilla: es una herramienta divertida y útil para jugar con escenas lejanas, pero no la usaría para fotos importantes donde quieras fidelidad absoluta. Para eso, me quedo en 10x, 15x, 20x como mucho, donde todavía sientes que la base es la foto real y no tanto la imaginación del modelo.
La sensación final: un Pixel atrapado entre dos modelos
Después de usarlo bastante, lo tengo claro: este Pixel 10 Pro es el formato perfecto dentro del modelo equivocado. Es el pequeño Pro que llevaba años queriendo… pero no es el que debería haber salido al mercado con este precio y estas decisiones de hardware.
Me encanta su diseño, su pantalla y su cámara. Me gusta la idea de tener 7 años de actualizaciones, un Android muy limpio y todas las funciones de IA de Google integradas. Pero sus problemas de rendimiento puntual, el calor, la batería simplemente correcta, la carga lenta y esos 128 GB con memoria más lenta en el modelo base hacen que cueste recomendarlo al precio oficial.
Si baja fuerte de precio, si lo ves en torno a los 800 € o similar, ahí la cosa cambia y el conjunto empieza a encajar mucho mejor. A su PVP de lanzamiento, en cambio, es más “lo que podría haber sido” que “lo que realmente es”. Y duele, porque por formato, este 10 Pro tenía todas las papeletas para ser el Pixel que más ganas tenía de recomendar.



















































































































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