He probado The Freestyle y por eso este anuncio me provoca una mezcla rara: me gusta la idea, me sigue pareciendo brillante… y aun así, al leer la presentación del The Freestyle+, siento que Samsung está jugando demasiado a lo seguro.
Que sí: ajustar mejor el color, adaptarse al espacio, corregir geometría con más soltura… todo eso suma. Pero si el producto quiere volver a desmarcarse del resto (y de las copias que llevan años clonando la fórmula), necesita algo más tangible. Algo que se note al minuto uno.
Y aquí está el elefante en la habitación: el precio.
La IA está bien… pero no es el salto que pide el producto
Samsung ha anunciado The Freestyle+ antes del CES 2026 como una evolución del concepto original, con más funciones de optimización automática. En su nota, el foco está en su sistema de ajuste inteligente de pantalla (AI OptiScreen) con funciones como corrección automática, enfoque en tiempo real y calibración según la pared, además de un “compañero” de IA para hacer la experiencia más conversacional. Todo muy Samsung: “apunta y listo”.
De hecho, hay dos detalles que me parecen los más relevantes del comunicado:
- Mejoras en la adaptación a superficies y entornos: esto es lo que reduce fricción y hace que lo uses más, no solo que lo admires.
- Un brillo anunciado de 430 lúmenes ISO y la promesa de “casi el doble” respecto a la generación anterior (según Samsung). Esto, sobre el papel, sería el gran titular… si luego en la vida real se nota lo suficiente.
Ahora, mi punto es este: la IA puede hacer que el Freestyle sea menos pesado de usar, pero no cambia el hecho de que este producto siempre ha tenido dos límites que se notan en cuanto lo usas de verdad: el brillo y el rendimiento sostenido cuando llevas rato saltando entre apps, streaming, menús, etc.
Si el Freestyle quiere ser “premium”, tiene que notarse en la parte física
Las copias chinas han aprendido rápido. Algunas te dan más brillo, otras te dan Android TV decente, otras te dan specs más agresivas por menos dinero. Samsung sigue teniendo algo muy fuerte a favor: un software y una compatibilidad más “de producto terminado”. En proyectores, eso es rarísimo.
Pero en 2026 ya no basta con decir “ahora calibra mejor”. Eso es lo mínimo exigible. El Freestyle nació como una idea tan buena que el mercado entero la persiguió. Si Samsung quiere que el Freestyle siga siendo el original y no “uno más”, hace falta al menos una de estas dos cosas:
- Más brillo real y útil (no solo “optimización”): el salto que te permite usarlo más días y en más situaciones.
- Rendimiento sostenido impecable: que tras horas de uso siga yendo fluido, sin esa sensación de “se está cansando”.
Y si me obligas a elegir una: más brillo. Porque es lo que convierte un proyector “para momentos” en un proyector “para el día a día”.
El problema no es el Freestyle: es lo que puedes comprar por 549 €
Aquí viene lo más incómodo. He visto el Freestyle en la tienda de Samsung con un PVP oficial muy alto y luego un descuento fuerte que lo deja alrededor de los 549 €. Y esto huele a lo de siempre: precio ancla para que el descuento parezca una ganga permanente.
No voy a llamar “estafa” a una estrategia comercial sin entrar en leyes ni condiciones, pero sí voy a decir lo obvio: si tu producto solo resulta “razonable” cuando le aplicas un recorte enorme, entonces el problema no es el descuento. Es el posicionamiento.
Y el golpe final es que por 549 € ya hay proyectores muy serios. No necesariamente mejores en software, pero sí con una propuesta más contundente en hardware: más luz, más impacto, más “se nota”. En ese rango, el Freestyle deja de competir con “gadgets simpáticos” y empieza a competir con productos que la gente compra precisamente por lo que a este le falta.
Samsung está puliendo el Freestyle cuando debería estar reivindicándolo
El Freestyle+ suena a evolución lógica: más automatización, más inteligencia, menos fricción. Y eso está bien. Pero si la distancia con los clones se ha reducido, Samsung necesita una decisión más valiente.
Porque el Freestyle es de esos productos que dan rabia: la idea es buenísima, el software es de lo mejorcito del sector… y aun así, el usuario termina pensando lo mismo tras usarlo: “si tuviera un poco más de brillo, lo usaría muchísimo más”.
Si Samsung ha arreglado de verdad el rendimiento y ha conseguido que esos 430 lúmenes ISO se traduzcan en una mejora perceptible en un salón real, entonces el Freestyle+ tiene sentido. Pero si el salto se queda en “ahora ajusta mejor” mientras el precio lo empuja a una zona donde ya hay alternativas muy competitivas, el Freestyle corre el riesgo de convertirse en algo peligroso: un gran concepto que vive demasiado tiempo de haber llegado primero.

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