He probado la ROG Xbox Ally durante un mes y me ha decepcionado

ROG Xbox Ally sostenida en la mano mostrando la interfaz de Xbox y Game Pass en pantalla

La ROG Xbox Ally es una de esas ideas que, cuando las lees por primera vez, parecen inevitables. Una consola portátil potente, con Windows 11, integrada en el ecosistema Xbox y capaz de ejecutar juegos de PC, Game Pass y plataformas de terceros. En teoría, la síntesis perfecta entre consola y ordenador portátil para jugar.

Durante semanas pensé que podía ser el primer paso serio de Xbox hacia el juego portátil. Después de un mes de uso real, viajes incluidos, mi conclusión es mucho más fría: la idea es buena, el hardware es interesante, pero el producto no está bien ejecutado.

Para entender por qué, voy a dividir este análisis en dos partes muy claras: lo que esperas de la ROG Xbox Ally cuando miras su ficha técnica y su concepto, y lo que acabas viviendo cuando la usas de verdad.

Parte 1: lo que esperas de la ROG Xbox Ally

La ROG Xbox Ally (2025) se presenta como una consola portátil de gama alta basada en Windows 11 Home, con una integración profunda del ecosistema Xbox. No es una consola cerrada al estilo Switch o PlayStation, sino un PC portátil con formato de consola, pensado para jugar.

El modelo comercializado en España es el ROG Xbox Ally (2025) RC73YA, con un precio de 599 euros. Es una cifra elevada, pero razonable si lo que se promete es una experiencia portátil potente, moderna y relativamente sencilla.

Especificaciones técnicas completas

Sobre el papel, el conjunto es atractivo. Pantalla Full HD a 120 Hz, 16 GB de RAM rápida, SSD PCIe 4.0 y una batería de 60 Wh que promete varias horas de juego real. Todo ello en un cuerpo relativamente compacto y cómodo.

La expectativa es clara: una consola portátil capaz de mover juegos actuales con solvencia, acceder a un catálogo enorme y ofrecer libertad sin sacrificar comodidad.

Parte 2: lo que te encuentras cuando la usas de verdad

Tras un mes de uso continuado, mi experiencia ha sido muy distinta a la que prometía el concepto.

Empezaré por lo positivo, porque existe. Cuando la ROG Xbox Ally funciona bien, la experiencia es buena. Es cómoda en las manos, el ruido está bien contenido incluso con juegos exigentes y la batería, en mi uso real, se ha movido entre 3 y 4 horas, una cifra más que correcta para este tipo de dispositivo.

El rendimiento puro tampoco es el problema principal. Cuando un juego arranca y todo encaja, la consola responde.

El problema es que no siempre arranca.

Jugar no es fiable, y eso lo cambia todo

Durante el mes que la he probado, solo he podido jugar tranquilo dos días. El resto del tiempo han sido fallos, bloqueos, juegos que un día funcionan y al siguiente no, y una sensación constante de fragilidad.

Esto se vuelve especialmente incómodo cuando intentas enseñársela a otras personas. En lugar de lucir, la consola te obliga a justificarla. A cruzar los dedos antes de pulsar “jugar”. Eso, en una consola portátil, es un problema grave.

Xbox funciona. El resto, no tanto

El patrón se repite con bastante claridad. Los juegos más estables son los que funcionan dentro del ecosistema Xbox sin intermediarios. En cuanto entran en juego launchers externos, la experiencia se degrada.

Muchos títulos de Game Pass dependen de aplicaciones como EA App o Ubisoft Connect. Eso significa que desde la app de Xbox pasas a otro launcher, con otro sistema de verificación, otro overlay y más procesos en segundo plano.

En mi caso, The Division solo conseguí jugarlo correctamente una vez. El resto de intentos acabaron en errores o bloqueos. Y eso mata la confianza: empiezas a sentir que cada sesión es una apuesta.

Steam, GOG y la falsa promesa de libertad

Fuera del ecosistema Xbox, la situación no mejora. Steam, GOG y otras plataformas funcionan, pero no de forma fiable. Cuantas más capas hay entre el juego y el sistema, peor se comporta todo.

Curiosamente, cuanto más antiguo o menos exigente es el juego, menos problemas aparecen. Eso indica que no estamos ante una falta de potencia bruta, sino ante una combinación de sobrecarga de software y margen de rendimiento limitado.

El procesador de 4 núcleos y 8 hilos no es débil, pero en un entorno con Windows, launchers, verificaciones y servicios en segundo plano, el margen se estrecha. Aquí la potencia no falta para jugar; falta para sostener todo lo que rodea al juego.

Sin internet, la portátil pierde su sentido

Este es, para mí, el fallo más grave. Me llevé la ROG Xbox Ally a México pensando en jugar en el avión. Tenía juegos instalados. No tenía conexión.

No pude jugar.

La verificación de licencias depende de internet, incluso con juegos descargados. En una consola portátil, esto es un error de concepto. Un avión, un tren o un viaje largo son precisamente los escenarios donde una portátil debería brillar.

Aquí, simplemente, no lo hace.

El almacenamiento se queda corto

Otro problema claro es el almacenamiento. Los 512 GB del SSD se quedan en unos 400 GB reales tras restar sistema y espacio reservado. Para una consola gaming en 2025, es poco.

Instalas tres o cuatro juegos grandes y el margen desaparece. Game Pass, con títulos que superan fácilmente los 80 o 100 GB, penaliza especialmente esta decisión.

Es posible ampliar almacenamiento mediante microSD, pero el rendimiento no es el mismo que el del SSD interno. Para juegos modernos, no es una solución real. Una portátil de este nivel debería salir de base con 1 TB de almacenamiento.

Cargar mientras juegas tampoco es ideal

Para mantener el rendimiento mientras juegas necesitas un cargador de 65 W. Con cargadores menos potentes la consola carga más lento y solo consigue estirar un poco la sesión.

No es un drama, pero refuerza la sensación de estar ante un PC portátil más que ante una consola pensada para cualquier contexto.

Una gran idea, una ejecución fallida

La ROG Xbox Ally me gusta como concepto. Me gusta el hardware, la ergonomía y la pantalla. Cuando funciona, la experiencia es buena.

El problema es que no es fiable.

La combinación de Windows, launchers externos, verificaciones constantes, almacenamiento justo y un margen de potencia limitado para sostener todo ese ecosistema hace que la consola no cumpla con lo que promete en el uso real.

Después de un mes de uso, no puedo recomendarla. No porque sea un mal producto, sino porque no está bien ejecutada para el tipo de experiencia que vende.

La ROG Xbox Ally es una portátil que me gusta cuando la uso. El problema es que demasiadas veces no me deja usarla.

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