Análisis Huawei MatePad 11.5 S (2026): Una tablet para convivir

La he usado en el sofá, con una serie de fondo. La he sacado en una terraza, con el sol entrando de lado. La he llevado en la mochila sin pensar si pesaba demasiado.

Y la mayoría del tiempo, lo más interesante es que no me ha pedido atención.

Eso, en tecnología, suele ser buena señal.

La Huawei MatePad 11.5 S no quiere ser un ordenador, ni una consola, ni una herramienta creativa. No quiere sustituir nada. Quiere ocupar ese espacio intermedio que usamos más de lo que reconocemos: cuando el móvil se queda pequeño y el portátil da pereza. Y en ese papel, funciona con una naturalidad poco habitual.

La pantalla: aquí Huawei juega sola

 

La pantalla es el centro de todo, aunque no intente impresionar. Las 11,5 pulgadas son un tamaño curioso sobre el papel, pero perfecto en la práctica: lo bastante grande como para leer documentos, apuntes o navegar sin forzar la vista, y lo bastante contenida como para seguir siendo fácil de transportar.

Pero lo realmente importante no es el tamaño, ni siquiera la resolución. Es el tratamiento antirreflejos.

Por este precio, no hay rival. Y aquí sí conviene decirlo claro: el movimiento de Huawei de integrar su tecnología PaperMatte en este rango de producto es una decisión excelente. No como un extra “premium”, no como un experimento, sino como parte esencial de la experiencia.

La diferencia se nota desde el primer momento. No solo porque reduce reflejos, sino porque cambia la relación que tienes con la pantalla. Puedes leer durante más tiempo, estudiar con luz natural, usar la tablet en exteriores o cerca de una ventana sin estar constantemente reajustando el ángulo o forzando la vista.

No es la pantalla más brillante del mercado, pero sí una de las más agradables que puedes usar hoy. En comodidad real y uso prolongado, Huawei juega sola en esta liga.

Los 144 Hz están ahí y se notan en la fluidez general. Todo se mueve suave, sin tirones, con esa sensación de sistema bien afinado. No presumen. Simplemente están.

Sonido: contundente, de los que no te obligan a buscar auriculares

El sonido, en cambio, sí sorprende. Los altavoces suenan contundentes, con volumen de sobra y una presencia que acompaña muy bien al contenido. Series, vídeos, incluso música de fondo mientras navegas… todo se escucha claro, sin sensación metálica ni necesidad inmediata de auriculares.

No es sonido audiófilo, pero es un sonido que no decepciona. Y en una tablet pensada para ocio, esto importa más de lo que solemos admitir.

Rendimiento: lo suficiente para el día a día, sin venderte fantasías

En rendimiento pasa algo curioso: no piensas en él. Apps de estudio, navegación con varias pestañas, redes sociales, streaming, documentos pesados, multitarea ligera… todo va como tiene que ir. El sistema se siente fluido y estable.

Huawei ha optado además por simplificar la propuesta: una sola versión con 12 GB de RAM y 256 GB de almacenamiento. Y, sinceramente, es una decisión acertada. No hay que elegir, no hay recortes ocultos y no hay sensación de estar comprando “la versión corta”.

Eso sí, conviene ponerla en su sitio. No es una tablet para jugar en serio ni para sustituir a un ordenador. Ni por tamaño ni por potencia. Compararla con un iPad en rendimiento bruto no tiene demasiado sentido, porque no juega a eso.

Para estudiar y para ocio: el punto exacto donde encaja

Como tablet para estudiar y para consumo, encaja especialmente bien. Es fácil imaginarla como compañera de apuntes, para llevar documentos, leer, navegar con calma o ver una serie en ratos muertos.

No pesa demasiado, no ocupa en exceso y no convierte su uso en un “evento”. La sacas, la usas, la guardas. Sin rituales.

La cámara resume bastante bien esta filosofía: me olvidé de que estaba ahí. Para hacer una foto puntual a un documento, escanear algo rápido o capturar una escena concreta, bien. Nada más. Nada menos.

La funda con teclado: cuero vegano, buen acabado y un soporte que se usa más de lo que crees

Si optas por la versión con teclado, el conjunto gana muchos enteros. La funda–teclado está muy bien acabada, con un cuero vegano que se siente premium y le da a la tablet un aire más elegante, más “pro”, sin perder ligereza.

Además, puedes desacoplar el teclado y quedarte solo con la parte trasera, que incluye su propio soporte. Ese apoyo es simple, pero muy útil: te permite dejar la tablet en la mesa para videollamadas, ver contenido o leer sin tener que sujetarla.

Batería y carga: bien, aunque con un paso atrás que no me encanta

La batería aguanta bien una jornada normal de uso: lectura, series, navegación, algo de multitarea. No he tenido ansiedad por el cargador. Eso sí, no puedo evitar señalar que ha bajado respecto al modelo anterior, y eso no me entusiasma.

La carga es de 40 W. No es especialmente rápida, pero tampoco es un problema: es una carga pensada para dejarla enchufada por la noche o mientras usas otro dispositivo. En una tablet, ese enfoque tranquilo tiene bastante sentido.

Precio: donde todo encaja

Y entonces llegas al precio y todo encaja. La Huawei MatePad 11.5 S se puede encontrar desde 369 €, o por unos 469 € con la funda teclado, como puede verse en la web oficial de Huawei.

En ese rango, ofrece algo que no es tan fácil de encontrar: una experiencia coherente, cómoda y bien pensada. Una tablet para estudiar, para consumir contenido y para moverse contigo sin molestar.

No es la más potente. No es la más ambiciosa.

No impresiona. No presume. Pero se queda.

Una tablet para convivir

La Huawei MatePad 11.5 S no es una tablet que intente impresionarte con números ni promesas grandilocuentes. Su acierto está en otro sitio: en lo cómoda que resulta usarla a diario, en lo poco que molesta y en lo bien que se adapta a ese uso ligero que muchos buscamos.

La pantalla PaperMatte marca la diferencia, el sonido acompaña con contundencia, el rendimiento es más que suficiente y el formato es ideal para moverse con ella sin pensar demasiado.

No es perfecta. La batería ha perdido algo de ventaja respecto al año pasado y no está pensada para ir más allá del ocio, el estudio y el consumo. Pero quizá ahí esté la clave: sabe exactamente qué quiere ser.

Una tablet para leer, estudiar, ver series y vivir tranquila. Y eso, hoy, no es tan habitual.

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