Hay una tendencia bastante absurda en la telefonía actual: parece que, si un móvil no pesa como un ladrillo y no tiene el grosor de un libro de bolsillo, no es “premium”. Motorola ha decidido mandar esa idea a paseo con el Edge 70.
Y lo ha hecho sin complejos. Menos de seis milímetros de grosor, unos 159 gramos de peso y una sensación en mano que, durante los primeros minutos, casi desconcierta.
La primera vez que lo sujetas tienes miedo. No porque se sienta frágil o mal construido, sino porque desafía lo que tu cerebro espera de un objeto de casi 800 euros. Parece un prototipo, algo que no debería ser real. Pero tras unos días llevándolo encima, te das cuenta de algo incómodo para el resto del mercado: seguimos viviendo en la prehistoria de la ergonomía.
El problema es que, para adelgazar tanto, Motorola ha tenido que elegir qué sacrificar por el camino.
La dictadura de la delgadez (cuando sí tiene sentido)

Usar el Motorola Edge 70 es, sencillamente, un placer físico. En un mundo de móviles “Ultra” que rozan o superan los 230 gramos, este Motorola es un descanso para la mano. No cansa, no estorba y no se clava en el bolsillo. Es uno de esos teléfonos que puedes usar durante horas sin acordarte de que lo llevas.
El acabado acompaña perfectamente esta filosofía. La trasera es rugosa, agradable al tacto, con el agarre justo para que no tengas la sensación constante de que se te va a escurrir, algo especialmente importante en un dispositivo tan fino. Los colores firmados por Pantone no son solo una decisión estética: le dan personalidad sin caer en lo estridente.

Es, además, uno de esos móviles que piden ir sin funda. No porque sea lo más sensato del mundo, sino porque esconder ese tacto y ese diseño casi da pena. Y sí, es de esos teléfonos que la gente mira con curiosidad cuando lo sacas.
El módulo de cámaras está sorprendentemente bien integrado. No sobresale de forma exagerada y la joroba es suave, casi elegante. En la mesa puede bailar un poco si lo empujas desde el lado contrario, pero en el uso real no molesta.
Pantalla: plana, brillante y sin drama

La pantalla sigue exactamente la misma idea de “no molestar”. Es plana —gracias— y ofrece una experiencia muy redonda. Son 6,67 pulgadas de panel pOLED con tasa de refresco de 120 Hz, colores agradables y una fluidez constante.
Motorola habla de picos de brillo de hasta 4.500 nits. Más allá de la cifra, lo importante es que en la calle se ve muy bien. Da igual que haya sol, reflejos o cielo blanco: no tienes que forzar la vista ni buscar sombra para leer un mensaje.
Es una pantalla que no busca deslumbrar con trucos raros. Simplemente funciona. Y cuando pasas muchas horas al día mirando el móvil, eso es exactamente lo que quieres.
Rendimiento: cuando el cuerpo promete más que el motor
Bajo este chasis ultradelgado, Motorola ha montado un Snapdragon 7 Gen 4 acompañado de 12 GB de RAM. En el día a día, el rendimiento es bueno: redes sociales, multitarea, navegación, consumo de contenido… todo va fluido. Además, un punto importante: no he notado problemas de calentamiento.
Ahora bien, aquí aparece la primera grieta. En un móvil de este precio, no debería haber dudas al usar la cámara. Y, sin embargo, las hay. Al cambiar entre el sensor principal y el gran angular se nota, en ocasiones, un pequeño lag. Ese segundo de vacilación que te recuerda que no estás ante un procesador de la serie 8.
No es un móvil lento. No va mal. Pero tampoco es tan ágil como su diseño te hace creer. Es un purasangre elegante que, de vez en cuando, tropieza justo cuando no debería.
La cámara: más honesta de lo que parece

La cámara del Edge 70 es más interesante de lo que podría parecer a primera vista. Cuenta con una cámara principal de 50 MP que rinde muy bien en el día a día y un gran angular de 50 MP realmente útil para grupos, interiores y paisajes.
El tercer sensor no está pensado para hacer fotos por sí mismo, sino para ayudar. Motorola ha incorporado un sensor de luz 3-en-1, una solución similar a la vista en otros modelos premium para mejorar la medición de color y la iluminación. En la práctica se nota: las fotos tienen colores más reales, menos exagerados y más naturales.
La ausencia importante llega cuando quieres acercarte a la escena. No hay teleobjetivo, y al depender del zoom digital la calidad cae. Por 799 euros, esta renuncia pesa, sobre todo si te gusta hacer retratos o capturar detalles a distancia.
La cámara frontal, eso sí, es un acierto claro: 50 MP y un gran angular que viene genial para selfies en pareja o grupo sin complicaciones.
En cuanto al video, la experiencia es muy similar a la que tenemos con las fotografías, no son excepcionales pero si son muy buenos videos para poder compartir o guardar cualquier recuerdo o momento sin vergüenza de lo que la gente dirá al ver el resultado pero poco más. Lo mejor es la posibilidad de poder grabar a 4K con todas las cámaras.
Batería: el verdadero golpe sobre la mesa

Si hay un apartado donde Motorola se luce, es en la batería. Meter 4.800 mAh en un cuerpo de menos de seis milímetros es una auténtica proeza.
En un uso normal, el Edge 70 aguanta la jornada completa sin problemas. La mayoría de días he terminado con un 20–30% de batería restante. En una jornada especialmente exigente, con 5G activo prácticamente todo el día, llegué al final con un 4%, un resultado razonable teniendo en cuenta el formato.
La carga rápida de 68 W cumple de verdad y la carga inalámbrica es ese extra que termina de redondear una experiencia muy equilibrada.
Software: limpio y sin ruido

El software sigue siendo uno de los puntos fuertes de Motorola. La experiencia es muy cercana a Android puro, ligera y poco intrusiva. Durante la configuración inicial intentan colarte más cosas de las que me gustaría, pero es fácil saltarlas.
Después, todo fluye con naturalidad. Las funciones de IA están ahí, funcionan bien e incluyen integración con Gemini, pero no buscan protagonismo constante.
La única pega con el software viene de la mano de las actualizaciones. Son 4 los años que Motorola promete actualizar el dispositivo y eso lo hace en unos tiempos en los que sus rivales ofrecen hasta 7…
La innovación tiene un precio

El Motorola Edge 70 es un móvil que te entra por los ojos y te conquista por la mano. Es, sin duda, uno de los teléfonos más cómodos que he usado en mucho tiempo. Pero tiene un problema claro: su precio.
Por 799 euros, la ausencia de un teleobjetivo y esos pequeños tropiezos en la experiencia de cámara lo dejan en una posición delicada frente a rivales más completos. Ahora bien, en cuanto se mueva en la franja de los 600–650 euros, la historia cambia.
Ahí se convierte en el móvil ideal para quien odia los teléfonos pesados y prioriza diseño, ergonomía y batería por encima de tener el zoom más largo del mercado.
Es tan ligero que, literalmente, a veces se te olvida que lo llevas encima.
Y eso, hoy en día, ya es decir bastante.

























































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