Hay móviles que pruebas solo por curiosidad, otros por pura obligación editorial, y luego están los que coges con una duda muy concreta. Este Pixel 10 Pro XL pertenece al tercer grupo. Después de mi experiencia con el Pixel 10 y el Pixel 10 Pro —sobre todo con este último— tenía la sensación de que Google había ajustado demasiadas cosas al límite, y mi miedo era muy claro: que el modelo grande corrigiera todos los fallos del Pro normal y dejara a este último en evidencia. Diez días después de usarlo como móvil principal, tengo la certeza de que eso es exactamente lo que ha pasado.
He trabajado con él, he hecho fotos, he viajado, he vivido con él en el bolsillo. Ha sido una prueba de uso completa, de las que no dejan espacio para teorías. Y la conclusión general es sencilla: este es el Pixel que Google debería haber lanzado como “el Pro” desde el principio.
Un tamaño imponente que funciona sorprendentemente bien
El Pixel 10 Pro XL es un móvil grande en todos los sentidos: 162,8 mm de alto, 76,6 mm de ancho, 8,5 mm de grosor y 232 gramos de peso. No disimula su tamaño ni su masa, y, aun así, se siente mejor en mano de lo que esperaba. Google ha hecho un buen trabajo con el reparto del peso, y el diseño curvado de los laterales ayuda a que no resulte un “ladrillo” incómodo. Eso sí, si usas funda: cuidado. Yo lo convertí en un mastodonte sin querer, y este móvil necesita el mínimo grosor posible para mantener su equilibrio natural.
La construcción combina vidrio Corning Gorilla Glass Victus 2 por delante y por detrás con un marco de aluminio aeroespacial, y aunque sobre el papel suena a gama alta total, hay un matiz que no puedo ignorar: los laterales se sienten algo plásticos al tacto, incluso sabiendo que son de metal. No es un defecto crítico, pero sí una de esas imperfecciones que se repiten generación tras generación en la familia Pixel. Tampoco ayuda que el acabado sea un poco resbaladizo, sobre todo en ambientes fríos. Por suerte, la resistencia IP68 está ahí para aportar tranquilidad.
La sensación general es que Google por fin ha dado el salto definitivo en calidad, pero todavía arrastra decisiones que no terminan de cuadrar en un móvil que quiere competir con los mejores.
Una pantalla que no sorprende… porque lo hace todo bien
La pantalla es el corazón del XL, y aquí Google se ha esmerado. Tenemos un panel Super Actua de 171 mm (6,8″), tecnología OLED LTPO, resolución 1344×2992 píxeles y una densidad de 486 ppp. La fluidez está garantizada con su refresco adaptativo de 1 a 120 Hz, y el cristal Victus 2 protege de forma efectiva.
En brillo real, la pantalla cumple sin esfuerzo: hasta 2200 nits en HDR y hasta 3300 nits de pico máximo. He podido usarlo sin problemas en exteriores, incluso en las horas fotográficas peores. Además, Google mantiene esa calibración tan suya: colores naturales, contraste controlado y un punto extra de nitidez que se agradece sin llegar a saturar.
El panel no ha dado ningún susto de parpadeos extraños ni de cansancio visual, aunque Google no define cifras exactas de PWM. En la práctica, es una pantalla estable y cómoda para sesiones largas.
La clave es que funciona sin hacer ruido: no hay exceso de contraste, no hay artificios, no tienes que ajustar nada. Es una pantalla que desaparece, y eso es exactamente lo que busco en un móvil de este nivel.
Las cámaras: sobresalientes, aunque no perfectas

El sistema fotográfico es un viejo conocido: 50 MP en la principal, 48 MP en la ultra gran angular con enfoque macro, y 48 MP en el teleobjetivo con zoom óptico 5×, todo ello acompañado por el clásico procesado Pixel con IA.
Sabía lo que me iba a encontrar porque ya exprimí este conjunto en el Pixel 10 Pro, así que esta vez no salí a buscar extremos. Aun así, el resultado sigue siendo espectacular. La cámara principal captura escenas complejas con una facilidad insultante, el rango dinámico es firme y el detalle se mantiene incluso en escenas que pondrían en aprietos a otros móviles.
El zoom merece mención aparte. Aquí no hay sorpresas: es muy bueno, de los mejores del año, y no solo en el rango óptico; incluso el Zoom Pro híbrido mantiene muy bien el tipo. Google ha conseguido que los 5× sean realmente útiles, y aunque me sigue faltando un modo macro desde el tele (que sería la guinda), lo que ofrece ya es más que suficiente para plantearse al XL como un móvil muy serio en fotografía de viaje y escenas amplias.
La parte delicada está en el selfie de 42 MP. La cámara frontal es muy capaz, pero aquí sí he tenido momentos de desconcierto: colores apagados, contraste excesivo y decisiones de tono que hacen que la piel no siempre se vea natural. No es un problema constante, pero aparece lo suficiente como para mencionarlo. Y viniendo de Google, sorprende.
Por lo demás, es lo de siempre: un sistema fotográfico extremadamente completo, con una IA que ayuda más que molesta, pero que a veces da la sensación de que está reinventando la realidad en lugar de capturarla. Es un equilibrio complicado y que tarde o temprano Google tendrá que replantear.
Rendimiento: cuando la potencia justa está bien optimizada
El Tensor G5 vuelve a jugar en su propia liga. No busca competir con Qualcomm o Apple en potencia bruta, y se nota. El procesado de fotos, la exportación de vídeo y ciertos juegos exigentes dejan claro que este chip no llega al nivel máximo del mercado, y eso no es ninguna sorpresa.
Pero la historia cambia cuando miras la experiencia global. El Pixel 10 Pro XL mueve todo con una fluidez impecable: animaciones suaves, multitarea estable, apps que se abren rápido y una sensación general de suavidad que encaja con lo que Google quiere transmitir con Android.
¿La clave? Aquí sí tenemos un salto tangible frente al Pixel 10 Pro:
- 16 GB de RAM LPDDR5X
- Almacenamiento UFS zonal más rápido y eficiente
Esto no es una anécdota. Es lo que marca la diferencia entre un móvil que respira con facilidad y uno que se atasca de vez en cuando. Y por eso mismo, me cabrea un poco.
Mientras usaba este XL no podía evitar pensar:
“Google, no puedes sacar un Pixel 10 Pro con peores memorias que la versión XL. No tiene sentido.”
Este es el tipo de decisiones que generan confusión en la gama, y que diluyen el valor del Pro “normal”. Pero al margen de la crítica, el resultado es innegable: la experiencia en el XL es superior.
Calor y autonomía: por fin Google acierta
El control térmico es notablemente mejor que en los modelos más pequeños de esta familia. El XL se calienta, claro, pero mucho menos que el Pixel 10 o el Pixel 10 Pro, y casi nunca de forma preocupante. La combinación de tamaño, mejores memorias y disipación natural le sienta muy bien.
Y la batería… aquí sí que no tengo dudas. Con 5200 mAh, una gestión energética bien ajustada y el nuevo almacenamiento zonal, el Pixel 10 Pro XL ofrece una de las mejores autonomías del año. He llegado a las 10 horas de pantalla, con una media estable de 9 horas reales. No es un dato de laboratorio: es mi uso diario.
La carga es rápida (por fin en un Pixel), con hasta 45 W por cable, llegando aproximadamente al 70 % en media hora, y también dispone de carga inalámbrica PixelSnap (Qi2) a 25 W. Lo único que sigo sin entender es que Google haya eliminado la carga inalámbrica reversible este año. No tiene ningún sentido en un móvil que se supone “Pro”.
El software: la visión completa de Google
Android en su versión más pura, con 7 años de actualizaciones y parches mensuales que suelen traer mejoras reales, convierte al 10 Pro XL en un móvil que transmite estabilidad a largo plazo. La IA está por todas partes, pero es de ese tipo de ayuda que realmente aporta: traducciones en tiempo real, edición inteligente de fotos y vídeos, sugerencias contextuales o mejoras automáticas en voz y audio.
La frase que más se me repite al usarlo es simple: “Esto funciona y no estorba.”
Lo único que echo en falta es lo mismo que llevo pidiendo desde hace tres generaciones:
El modo escritorio está listo. No hace falta retrasarlo más.
La experiencia XL y mi veredicto
La experiencia con el Pixel 10 Pro XL confirma lo que temía desde el primer día: que este es el verdadero Pixel Pro, y que el modelo “pequeño” se queda corto en demasiados aspectos clave. Aquí tenemos todas las piezas donde deben estar: una pantalla excelente, una autonomía sobresaliente, una cámara versátil, un rendimiento más consistente y un diseño que, con sus imperfecciones, sigue transmitiendo seriedad.
También tiene cosas por pulir: el selfie necesita una revisión, el procesador debería dar un salto gráfico importante, y Google debe recuperar funciones como la carga reversible o introducir mejoras solicitadas como un macro desde el tele. Pero lo esencial está tan bien resuelto que no permite empañar el conjunto.
Este es el Pixel más redondo del año.
Grande, poderoso en lo importante y, sobre todo, coherente.
Ficha técnica
- Pantalla: Super Actua OLED LTPO 6,8″, 1344×2992, 1–120 Hz, hasta 3300 nits de brillo máximo, Gorilla Glass Victus 2
- Dimensiones y peso: 162,8 × 76,6 × 8,5 mm · 232 g
- Procesador: Google Tensor G5 + coprocesador de seguridad Titan M2
- Memoria: 16 GB de RAM LPDDR5X
- Almacenamiento: 256 GB / 512 GB / 1 TB con UFS zonal
- Batería: 5200 mAh, carga rápida por cable de hasta 45 W, carga inalámbrica PixelSnap (Qi2) de hasta 25 W
- Cámaras traseras: gran angular de 50 MP (f/1.68) + ultra gran angular de 48 MP con enfoque macro (f/1.7, 123°) + teleobjetivo de 48 MP (f/2.8, zoom óptico 5×), Zoom con Resolución Pro hasta 100×
- Cámara frontal: 42 MP Dual PD, f/2.2, campo de visión de 103°
- Conectividad: USB Type-C 3.2, Wi-Fi 7, Bluetooth 6, NFC, Google Cast, chip de banda ultraancha (UWB), GNSS de doble banda (GPS, GLONASS, Galileo, Beidou, QZSS, NavIC), tecnología de red Thread, 5G Sub-6
- Materiales y protección: vidrio Gorilla Glass Victus 2 frontal y trasero, marco de aluminio aeroespacial, resistencia al agua y polvo IP68, múltiples componentes con materiales reciclados
- Software: Android con 7 años de actualizaciones de sistema y seguridad
Nota de transparencia
Este Pixel 10 Pro XL me lo ha enviado Google para poder analizarlo, sin ningún tipo de revisión ni condicionante. Todo lo que lees aquí procede de mi uso real durante diez días como móvil principal.































































































































































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