MacBook Air M4, nunca fue tan fácil elegir

Lo compré una mañana cualquiera, sin demasiada épica. Café en la mesa, mochila medio vacía y la sensación de que iba a ser otro portátil más que pasaría por mis manos. Mi idea era simple: analizarlo, escribir el artículo… y venderlo. Venía cómodo en Windows, llevaba años moviéndome ahí y no sentía ninguna necesidad real de cambiar.

Meses después, sigo escribiendo desde él. En el sofá, en la mesa del salón o con el portátil apoyado en las piernas al final del día. Y eso, en mi oficio, dice mucho más que cualquier benchmark.

Un portátil que deja de molestar

Hay un momento, muy concreto, en el que sabes si un dispositivo encaja contigo o no. No pasa cuando lo enciendes, ni cuando lees las especificaciones. Pasa cuando lo coges sin pensarlo.

Con el MacBook Air M4 ocurre eso. Lo coges con dos dedos, lo llevas al salón, al sofá o a la cama como si fuera una libreta cara. No pesa, no estorba, no incomoda. Se mueve contigo.

Es fino, es ligero y transmite una solidez tranquila, sin alardes. De hecho, ha conseguido algo que no esperaba: ha hecho que deje de usar mi iPad. Es tan cómodo y tan inmediato que la tablet ha dejado de tener sentido en mi día a día.

Llevo más de diez años probando portátiles de todo tipo. He visto diseños espectaculares, pesos pluma y promesas de laboratorio. Pero son muy pocos los que, desde el primer día, transmiten esta sensación de objeto bien hecho, de herramienta que encaja. Y menos aún por el precio al que se mueve este MacBook Air M4.

No se siente como un compromiso. Se siente como una elección lógica.

Venir de Windows (de verdad) y no echarlo de menos

Conviene aclararlo: no vengo de un portátil Windows viejo o mal optimizado. Vengo de analizar muchos equipos Windows actuales, bien configurados, con buen hardware y precios similares. Por ejemplo, este año he pasado bastante tiempo con propuestas como el HP OmniBook X 14 o el ASUS Zenbook 14 OLED (AMD), y he visto muy de cerca hasta dónde están llegando los ultrabooks modernos.

Y sí, algunos tienen mejor pantalla. El Zenbook 14 o el OmniBook X14 juegan en otra liga en brillo, contraste o tecnología de panel. Aquí Apple no gana, y no pasa nada por decirlo.

Lo interesante es que, en el uso diario, esa ventaja se diluye rápido. Porque el conjunto —rendimiento, autonomía, silencio y estabilidad— funciona con una coherencia que rara vez encuentro en Windows, incluso en modelos muy bien afinados. Esta sensación conecta mucho con lo que conté en la era del hardware invisible: cuando el dispositivo encaja, deja de reclamar tu atención.

macOS no es perfecto, pero es consistente. Y cuando necesitas algo concreto de Windows, soluciones como CrossOver o Parallels están ahí, funcionando sorprendentemente bien.

Rendimiento: potencia que no pide permiso

El M4 es, sencillamente, más que suficiente para casi cualquiera. Edición de vídeo en 4K, escritura intensiva, programación, trabajo con inteligencia artificial, multitarea real… todo fluye.

No es un portátil pensado para cargas gráficas extremas o flujos industriales muy concretos, pero conviene ser preciso: conozco arquitectos, diseñadores gráficos y editores de vídeo que trabajan a diario con este Air M4 —o incluso con un M3 anterior— y no sienten que estén renunciando a nada. Para que este equipo se te quede corto, de verdad, tienes que moverte en escenarios muy específicos y sostenidos de alta exigencia.

Lo mejor no es la potencia bruta, sino cómo se entrega. No hay ventiladores, no hay sonidos de avión despegando, no hay calor constante, no hay nada de eso. El sistema responde con una naturalidad que te hace olvidarte del hardware. Y aquí hay que decirlo claro: gracias a ARM y gracias a Apple Silicon. Qualcomm todavía tiene mucho camino por recorrer, y a Intel y AMD, sinceramente, no les espero aquí a corto plazo.

Jugar en Mac (y sorprenderte)

Aquí no tenía expectativas. Ninguna.

Y, sin embargo, tras probar juegos Windows mediante CrossOver, la sorpresa fue mayúscula. El MacBook Air M4 rinde mejor que algunos ultrabooks Windows de precio similar ejecutando juegos de forma nativa.

Es casi irónico, pero es así. Incluso virtualizando, el rendimiento es más estable que en equipos como el Zenbook 14 o el Gram 16 con gráficos integrados, pensados teóricamente para ese entorno.

Que los gamers no me maten, pero es justo decirlo: en Mac sí se puede jugar. No es tan sencillo ni directo como en Windows, requiere más contexto y algo más de paciencia, pero incluso yo mismo me he sorprendido. No es un portátil gaming ni pretende serlo, pero demuestra algo importante: el margen de potencia que tiene este chip es enorme.

Autonomía: la tranquilidad de no mirar el porcentaje

La autonomía del MacBook Air M4 es una de esas cosas que no impresiona en una tabla, pero cambia hábitos. Días completos de trabajo intenso sin pensar en el cargador. Dos jornadas de uso moderado sin buscar un enchufe. La libertad de salir de casa con la mochila ligera y la cabeza tranquila.

No es solo durar mucho. Es olvidarte de la batería… y también del cargador. Durante estos meses lo he cargado con cargadores muy potentes y con otros mucho más modestos, incluso algunos que no llegan a los 30 W (el cargador original es de 35w). Más lento, sí, y no para estar trabajando mientras tanto, pero ha cargado sin problemas. Parece una tontería, pero no lo es: en muchos portátiles Windows esto simplemente no pasa. Y cuando sabes que casi cualquier cargador USB-C puede sacarte del apuro, la autonomía deja de ser solo duración y se convierte en tranquilidad real.

Silencio y temperatura: cuando el portátil desaparece

Aquí el MacBook Air M4 juega una de sus cartas más diferenciales. No hay ventiladores, no hay ruido de fondo, no hay sonidos de avión despegando ni picos térmicos constantes. No hay nada de eso. Puedes escribir, editar, navegar o trabajar durante horas y el portátil simplemente está ahí, acompañando, sin hacerse notar.

Solo cuando lo llevas de verdad al límite —descargas pesadas, IA en local, estrés sostenido— notas algo de calor, pero incluso entonces es un calor contenido, muy lejos de lo que he visto durante años en portátiles Windows con Intel o AMD de su gama. Y este punto es clave: no se trata solo de temperatura, sino de ausencia de fricción mental. No piensas en ventiladores, no ajustas perfiles de energía, no te preguntas si va a empezar a hacer ruido.

Este silencio no es un detalle técnico ni una curiosidad para la ficha de producto. Es una experiencia de uso que cambia la relación con el ordenador. Y si te interesa esta idea, la desarrollé mucho más a fondo en mi reflexión sobre la obsesión tecnológica y el silencio.

Teclado, pantalla y las concesiones de Apple

El teclado es probablemente el punto más flojo del conjunto. Es algo blando, menos firme de lo que me gustaría, aunque tiene buen recorrido y funciona muy bien para escribir durante horas.

La pantalla, sin ser la mejor del mercado, se ve muy bien. El problema no es la calidad, sino las decisiones: marcos algo más grandes de lo deseable y la ausencia de opciones como el nanotexturizado, que aquí habría sido la guinda.

No son fallos graves, pero sí recordatorios de que Apple sigue eligiendo dónde recorta.

El portátil fácil de recomendar

Hay portátiles que se eligen con la cabeza y otros que se quedan por cómo te hacen sentir al usarlos. El MacBook Air M4 pertenece claramente al segundo grupo.

No es perfecto. No tiene la mejor pantalla del mercado ni pretende ser una estación de trabajo extrema. Pero es cómodo, ligero, silencioso, potente y tiene una autonomía que te acompaña sin pedir nada a cambio. Y cuando todo eso lo encuentras rondando los 1.000 euros, el argumento se vuelve sencillamente imbatible.

Después de tantos años probando ordenadores —desde ultrabooks premium hasta máquinas “AI” recientes como el Acer Aspire 16 AI— eso es justo lo que busco: un portátil que no me quite energía, que no me haga pensar en él y que encaje en mi vida sin esfuerzo.

Por eso, esta vez, elegir ha sido sorprendentemente fácil.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *