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Samsung Galaxy Z Fold 7: el plegable que por fin se siente… normal

He estado usando el Samsung Galaxy Z Fold 7 durante dos semanas como móvil principal y no recordaba una generación en la que el cambio más importante no estuviera en el software ni en la pantalla interna… sino en la propia sensación de llevarlo encima. El mayor salto respecto al Fold 6 no es la experiencia —que es prácticamente igual— sino la construcción: por fin es un plegable que se siente cómodo, delgado y usable sin tener que justificar el formato cada cinco minutos. Es el primer Fold que no parece un experimento premium y empieza a comportarse como un móvil normal que, casualmente, puede abrirse.

Del ladrillo al equilibrio

El Fold 7 cerrado se queda en 8,9 mm, y eso lo cambia todo. De golpe desaparece esa sensación de móvil grueso y aparatoso. Además, baja de peso hasta unos 245 gramos, que siguen siendo muchos, pero al combinarlo con ese grosor tan reducido dejan de sentirse excesivos. La mejora no es solo estética: se traduce en que lo usas más, lo guardas mejor y no estás renegociando mentalmente cada vez que lo metes en el bolsillo.

La bisagra también ha evolucionado. Es más estable, más firme y con un recorrido más homogéneo. Da mucha más confianza al abrirlo y cerrarlo, aunque cuesta un poco abrirlo con una sola mano; sigues teniendo esa sensación de que necesitas hacer pinza, porque el móvil es tan fino que parece que puede resbalar si lo fuerzas.

En resistencia, Samsung ha dado otro paso. Tenemos IP48, que significa protección parcial contra el polvo (“4”) y resistencia al agua hasta 1,5 metros durante 30 minutos (“8”). No es IP68, pero en un plegable sigue siendo de lo mejor que hay. El marco es de Armor Aluminum y la parte externa está protegida con Gorilla Glass Victus 2, lo que lo vuelve más apto para el uso diario que cualquier plegable de hace tres generaciones.

El único punto negativo del diseño es el módulo de cámaras, que sobresale demasiado. En un plegable que apoyas constantemente sobre superficies, es un recordatorio innecesario de que Samsung aún no termina de equilibrar del todo este formato.

Dos pantallas, dos mundos

La pantalla externa es la gran culpable de que haya abierto poco el Fold 7. Estamos hablando de 6,5 pulgadas, AMOLED, 120 Hz y un formato lo suficientemente convencional como para que no te recuerde que estás usando un plegable. Es brillante, cómoda y se ve perfectamente en exteriores. Y esto provoca algo que no esperaba: la usas todo el rato, porque no echas en falta nada.

La pantalla interna sube hasta las 8,0 pulgadas, también AMOLED y 120 Hz. La calidad es muy buena, pero el cambio más comentado es inevitable: Samsung ha eliminado la cámara bajo pantalla y ahora tenemos un agujero visible con una cámara frontal de 10 MP, la misma resolución que la frontal externa. Funciona mejor, sí, pero también rompe la magia. Antes, abrir el Fold era entrar en una pantalla sin interrupciones, una experiencia casi “futurista”. Ahora tienes un lunar permanente que, aunque te acostumbres, te recuerda que se ha priorizado la utilidad sobre la estética.

El brillo también es un factor. Mientras que la pantalla externa aguanta muy bien el sol directo, la interna sufre más en exteriores. Se ve, pero no con la misma contundencia.

El pliegue, como era de esperar, sigue ahí. Menos pronunciado que en generaciones pasadas, pero visible y palpable. A estas alturas, solo queda esperar que Samsung dé el salto definitivo en uno o dos años.

Samsung entiende este formato mejor que nadie

Si en algo Samsung sigue sin rival es en el software adaptado a plegables. One UI es, con diferencia, la capa mejor pensada para este formato, no solo por el Flex Mode o las ventanas flotantes, sino por cómo todo encaja a nivel de ergonomía, animaciones, continuidad entre pantallas y multitarea.

La barra de tareas es comodísima para trabajar con varias apps, la multitarea real funciona de forma intuitiva y las aplicaciones, incluso las que no están optimizadas, se comportan mejor aquí que en la mayoría de plegables chinos. Es una cuestión de madurez y de años de iteración.

Y este año se le suma la IA de Samsung, una de las mejor integradas en Android: traducciones en tiempo real, edición inteligente de fotos y vídeos, resúmenes, transcripciones, ajustes automáticos… No son funciones de “demo”; realmente se usan, y en un formato que mezcla pantallas y modos, se sienten especialmente naturales.

Lo único que sigue sin cuadrarme es que no sea compatible con S Pen. Un móvil que se convierte en tablet pide a gritos un lápiz. Y si alguien sabía hacer esto bien, era Samsung.

Cámaras: Buen rendimiento, sin postureo

Samsung ha puesto en el Fold 7 una cámara principal de 50 MP con f/1.8 y estabilización óptica. Es una cámara fiable, muy equilibrada y que da resultados excelentes en prácticamente todas las situaciones. El estilo Samsung sigue ahí: buen rango dinámico, colores vivos y un punto de contraste que favorece al usuario general.

La ultra gran angular se queda en 12 MP, y el teleobjetivo en . Son similares a las del Fold 6, y cumplen bien sin aspirar a encabezar comparativas. En conjunto, es un sistema que funciona y que no decepciona, pero tampoco es la razón principal para comprar este móvil.

Las selfies dependen de la pantalla que uses: la frontal externa tiene 10 MP con f/2.2, y la frontal interna también tiene 10 MP, aunque con un ángulo algo mayor. Son cámaras correctas, pensadas para videollamadas, historias y poco más. Funcionan bien, pero no destacan.

En vídeo, las cámaras traseras permiten grabar en 8K a 30 fps y en 4K a 60 fps, además de modos en 1080p a 60/120/240 fps. También soporta HDR10+ y vídeo 10-bit. Es un apartado sólido, muy Samsung, pero nuevamente no es el motivo por el que te compras un plegable.

Fino por fuera, bruto por dentro

Aquí no hay discusión: el Fold 7 se mueve con todo. El Snapdragon 8 Elite for Galaxy se nota en tareas pesadas, en multitarea y en cualquier función de IA. La RAM de 12 GB mantiene todo en memoria sin despeinarse y la estabilidad térmica es muy buena. Incluso en uso sostenido —trabajo, edición ligera, navegación intensiva— el móvil no se calienta en exceso. Y eso, en un plegable tan fino, tiene mérito.

La autonomía cumple; la carga no

La batería sigue siendo de 4.400 mAh, que en 2025 ya se siente algo justa. La competencia china está en los 5.000 mAh como mínimo, y se nota. Con un uso mixto, llego al final del día sin problema, pero si abusas de la pantalla interna, la autonomía baja rápido.

El mayor problema es la carga: 25 W en un móvil de más de 2.000 euros ya es una limitación clara. Aquí Samsung va un paso por detrás, y no hay excusa.

El plegable que más he usado… sin abrirlo

En estas dos semanas he usado el Fold 7 para viajar, hacer fotos, trabajar, ver contenido y, en general, para todo lo que hago normalmente con un móvil. Y la sensación ha sido muy buena: es fiable, elegante, cómodo y más “normal” que nunca.

Pero también me he dado cuenta de que lo he abierto poco. Me he encontrado usando casi siempre la pantalla externa porque es perfecta para el 90 % de lo que hago. Y cuando la pantalla externa funciona tan bien, abrir el móvil deja de ser instintivo y pasa a ser algo que haces cuando te acuerdas.

Por eso, si yo tuviera que comprarme un plegable, me iría al Flip: encaja mejor con cómo uso el móvil. Pero si realmente necesitas la pantalla interna —si trabajas con varias apps, si te gusta ver contenido en grande o si eres de los que exprime el modo mini-tablet— entonces este Fold 7 es posiblemente el mejor plegable que puedes comprar ahora mismo.

Samsung llevaba unos años acomodada, pero la presión de los plegables chinos les ha obligado a innovar. Este año lo han hecho. Y se nota. El Fold 7 es maduro, coherente y finalmente cómodo.

Pero sigue siendo un producto de nicho. No por calidad, sino por formato, por precio y por una realidad que no cambia: tienes que querer abrirlo.
Si lo haces, te va a encantar.
Si no, te quedarás siempre en la pantalla externa.

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