Sony ya no quiere fabricar televisores

Técnico de TCL ensamblando un televisor bajo las directrices de calidad y calibración de imagen de Sony

Hay decisiones empresariales que no se anuncian con una fanfarria, sino con un suspiro. Esta es una de ellas. Cuando leí en Nikkei que Sony iba a sacar su negocio de televisores a una joint venture controlada mayoritariamente por TCL, mi primera reacción no fue sorpresa. Fue algo mucho más incómodo: alivio.

Alivio porque, por fin, alguien en Sony ha aceptado algo que llevamos años viendo desde fuera.

El día que fabricar dejó de ser lo importante

Durante décadas, fabricar era poder. Controlar la fábrica era controlar el producto, el margen y el futuro.

Pero eso se acabó.

Hoy fabricar televisores es una carrera de fondo con zapatillas prestadas: márgenes ridículos, escala brutal, optimización constante y diferencias cada vez más pequeñas. Y en ese terreno, la nostalgia no compite.

Sony seguía haciendo buenas teles. Muy buenas, de hecho. Pero el mundo ya no premia al que hace “la mejor”, sino al que hace la suficientemente buena al menor coste posible. Y eso no es una opinión. Es el mercado hablando.

Sony no abandona las teles. Abandona una idea.

Lo fácil es titular esto como “Sony se rinde”. Lo honesto es decir que Sony abandona una idea romántica de sí misma.

La idea de que: “Somos Sony, y por tanto debemos hacerlo todo nosotros”.

Eso ya no funciona en 2026.

Sony no pierde identidad por dejar de controlar la fabricación. La perdería si insistiera en hacerlo cuando ya no tiene sentido. Esta decisión no va de televisores. Va de elegir bien dónde poner la energía.

El hardware ya no es el centro del mundo (aunque nos duela)

Aquí viene la parte incómoda para los que amamos el cacharro.

El valor de Sony hoy no está en el plástico, ni en el panel, ni siquiera en el procesador de imagen. Está en el criterio audiovisual, el ecosistema creativo, la experiencia, el contenido y la narrativa.

Fabricar es un medio. No un fin.

Y Sony, que vive del cine, la música, los videojuegos y los sensores, llevaba años forzándose a competir en un negocio que ya no define el futuro.

TCL no es el villano de esta historia

TCL no viene a “estropear” Sony. Viene a hacer lo que mejor sabe hacer: fabricar bien, barato y a escala.

La pregunta no es si TCL está capacitada. La pregunta es si Sony sabrá mantener su criterio dentro de la alianza. Porque el verdadero riesgo no es chino ni japonés. Es diluir la identidad en nombre de la eficiencia.

Si Sony se limita a poner el logo y callar, perderá algo más valioso que una fábrica: perderá voz.

Esta noticia habla más de nosotros que de Sony

Nos cuesta aceptar que las marcas que crecimos admirando ya no pueden —ni deben— hacerlo todo.

Pero el mundo ha cambiado. Hoy sobrevivir no va de orgullo industrial. Va de foco. Y esta decisión, aunque duela al fan de la Bravia clásica, es una de las más adultas que le he visto tomar a Sony en años.

No es una retirada. Es una redefinición.

El verdadero quid de todo esto

Si tengo que quedarme con una idea, es esta:

Las empresas que sobreviven no son las que más saben hacer cosas, sino las que saben qué dejar de hacer.

Sony ha decidido dejar de pelear una batalla que ya no define quién es. Y eso, en un mundo obsesionado con crecer sin parar, es casi un acto de rebeldía.

No sé si esta jugada saldrá perfecta. Pero sí sé una cosa: seguir como antes era el camino seguro a la irrelevancia silenciosa.

Y eso, para una marca como Sony, habría sido mucho peor.

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