Durante años hemos asumido que la tecnología seguía una lógica sencilla: compras un dispositivo, lo usas hasta que deja de servirte y, entonces, lo cambias. Con matices, claro, pero la base era esa. Lo que está empezando a probar LG con sus televisores rompe justo esa idea: ya no compras una tele, alquilas su uso. Y, por mucho que se vista de modernidad, no sale a cuenta.
El movimiento no es teórico. En Reino Unido, la compañía ya comercializa LG Flex, un programa de suscripción que permite acceder a televisores OLED, monitores o barras de sonido premium mediante una cuota mensual. La iniciativa ha empezado a llamar la atención porque, como explicaba recientemente Xataka, supone un paso más en la transformación de la electrónica de consumo en un servicio continuo.
El argumento que suena lógico… hasta que haces números
La promesa es tentadora: en lugar de pagar 2.000 o 3.000 euros por una OLED, pagas una cuota mensual que incluye la pantalla y una supuesta tranquilidad en forma de garantía, soporte y mantenimiento. Acceso en vez de propiedad. Como el software. Como el coche. Como casi todo.
El problema es que una tele no se comporta como el software ni como un coche. Una OLED no tiene batería que muera a los dos años, no se vuelve lenta con el paso del tiempo y, con un uso doméstico normal, no debería darte sustos graves cada pocos meses. Precisamente por eso, convertirla en una cuota fija es un cambio de modelo que beneficia mucho más a la marca que al usuario.
Esto no es renting de verdad: es alquiler caro
El renting funciona cuando hay un elemento clave: renovación clara. En coches, móviles de empresa o portátiles profesionales tiene sentido porque existe una obsolescencia real y un ciclo corto. Aquí, de momento, lo que hay es otra cosa: alquilar un televisor con condiciones de devolución y posibles upgrades sujetos a letra pequeña.
De hecho, medios especializados en imagen y sonido como HDTVTest ya han advertido de que estos planes no garantizan una renovación automática a un modelo nuevo y pueden implicar costes adicionales en recogidas o cambios. Y cuando se analizan los precios con calma, el panorama es aún más claro.
Un análisis publicado por Ars Technica mostraba que, dependiendo del modelo y del plazo, hay escenarios en los que en menos de tres años ya has pagado más alquilando que comprando una OLED equivalente.
El “seguro” ya existe (y suele ser más barato)
Otro de los grandes argumentos de la suscripción es la tranquilidad: reparaciones, sustituciones y cero preocupaciones. Suena bien. El problema es que, en un hogar medio, esa capa de seguridad ya existe.
Muchas pólizas de seguro del hogar cubren el televisor como parte del contenido frente a daños eléctricos, incendios o robos. Y si se quiere ir un paso más allá, una ampliación de garantía del fabricante suele ser un pago único razonable, no una cuota mensual indefinida. Pagar durante años “por si acaso” en un dispositivo que estadísticamente falla poco empieza a parecer más una estrategia de ingresos recurrentes que un servicio pensado para el usuario.
El problema de fondo no es la tele: es el precedente
Lo importante aquí no es si LG consigue colocar unos cuantos OLED por suscripción. Lo relevante es el precedente. Hoy es la tele. Mañana puede ser la lavadora, el frigorífico o cualquier electrodoméstico “inteligente” con funciones condicionadas a un plan.
No porque sea mejor para el consumidor, sino porque es mejor para las marcas: ingresos predecibles, control del hardware y una relación de dependencia constante. En el entorno empresarial esto tiene sentido, porque se compra previsibilidad y renovación. En casa, muchas veces solo se está comprando comodidad… a precio de oro.
Veredicto Hefestec
Se mire como se mire, las cuentas no salen.
- Pagas más a medio y largo plazo.
- No eres propietario del dispositivo.
- Aceptas dependencia contractual y letra pequeña.
- Sumas otra cuota a un hogar ya saturado de suscripciones.
Hasta que este modelo no incluya una renovación realmente ventajosa y un precio que compita de verdad con comprar una buena OLED y usarla durante años, el televisor por suscripción no es una evolución natural. Es un cambio de modelo de negocio. Y, ahora mismo, no está pensado para que ganes tú.

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