Volver al origen

David sentado en su escritorio habitual, tomando un selfie casual en su espacio de trabajo, rodeado de sus herramientas y equipo tecnológico.

Hay un momento en el que, si vas demasiado rápido, dejas de escuchar el sonido de tus propios pasos. Y eso es un problema, porque cuando no escuchas tus pasos, tampoco sabes hacia dónde estás yendo. Yo llevaba meses así. Publicando cuando podía, grabando cuando debía, intentando no quedarme atrás en un sector que parece un tren bala sin frenos. Y en ese ruido, en esa sensación de estar “cumpliendo” más que disfrutando, me di cuenta de algo que no quería aceptar: me estaba alejando del origen de Hefestec. Y, sin querer, me estaba alejando también de mí.

No pasó en un día. Fue gradual. Una especie de desgaste silencioso. Un “bueno, ya lo haré mañana” que se acumulaba. Una mezcla entre cansancio mental, saturación tecnológica y esa presión rara –que nadie te pide pero tú te impones– de querer estar al nivel de los medios, de los creadores grandes, de todo ese ecosistema que parece imposible de alcanzar.

Pero es que Hefestec nunca nació para competir con nadie. Nunca fue un medio. Nunca quiso serlo. Yo tampoco.

Hefestec nació porque me gustaba la tecnología de verdad. Porque disfrutaba probando cosas. Porque me hacía ilusión contar lo que descubría, lo que fallaba, lo que me sorprendía. Nació de una emoción muy simple: la curiosidad. Esa curiosidad que te hace desmontar un aparato solo para ver cómo huele el interior, o que te hace pensar en por qué un móvil genera una sombra extraña cuando enfocas a una luz cálida. Esa curiosidad que no se fabrica ni se fuerza; sale sola.

Y lo que me pasó estos meses es que esa curiosidad se me estaba apagando… no porque ya no me gustara la tecnología, sino porque había dejado de sentir que podía vivirla a mi manera.

Intentando “ser un medio”, empecé a funcionar como un medio: corriendo detrás de lanzamientos, intentando sacar análisis rápido, pensando en SEO antes que en sensaciones, comparando mis contenidos con los de otros y midiéndome por métricas que nunca formaron parte del espíritu original del proyecto. Y claro, cuando haces eso, pierdes la parte más importante: el disfrute.

La desconexión empezó en lo pequeño

Lo noté en detalles mínimos: abrir un móvil nuevo sin esa emoción de siempre; grabar un clip y sentir que lo hacía por obligación; corregir un texto y pensar que sonaba demasiado parecido a todos los demás. Y lo peor: sentir que había días en los que no tenía nada que decir. No porque no hubiera temas… sino porque lo que tenía que decir no sonaba a mí.

Ese fue el punto de inflexión. Cuando notas que tu propio proyecto ya no habla con tu voz, algo hay que cambiar.

Pero ese cambio no es un golpe encima de la mesa. No es un “a partir de hoy, todo será distinto”. No funciona así. Los proyectos son como las personas: necesitan tiempo, necesitan silencio, necesitan distancia para entenderse. Y por eso este texto existe. Es mi forma de parar y recalcular la ruta.

Volver al origen no es retroceder

A veces pensamos que volver al origen es dar un paso atrás. Pero para mí es todo lo contrario. Volver al origen es recordar qué parte de ti no estaba contaminada por la comparación, por la prisa, por la expectativa. Volver al origen es encontrar la base que te sostiene, esa que no cambia aunque todo lo demás lo haga.

Y esa base, en mi caso, es filosófica antes que técnica.

Hefestec nunca fue “un blog de tecnología”. Hefestec siempre ha sido un espacio donde la tecnología se cruza con la vida. Donde un análisis puede mezclar una reflexión personal, una metáfora, una queja honesta, una duda existencial sobre por qué demonios un móvil de 1.300 euros sigue teniendo problemas básicos… y está bien. Porque eso es lo que lo hace humano.

Nunca quise sonar a nota de prensa. Nunca quise parecer un laboratorio. Nunca quise sentir que tenía que estar demostrando algo. Lo que siempre quise fue contar cómo vivo yo la tecnología, con mis aciertos, mis rarezas y mis contradicciones.

El taller vuelve a abrir

Y aquí está lo bonito: cuando aceptas que estabas forzando una versión de ti que no te representa, de repente todo encaja. No desde la euforia, sino desde la calma.

Vuelves a mirar tus cámaras, tus móviles, tus cacharros… y en vez de pensar en “contenido”, piensas en experiencias. Piensas en historias. Piensas en lo que te gustaría compartir con la gente que te lee porque sabes que a ellos también les gusta sentir que la tecnología se puede vivir de manera distinta.

Vuelves a tu escritorio, lo limpias un poco, mueves los cables, ordenas lo justo… y te das cuenta de que lo que necesitabas no era más estructura ni más presión: necesitabas menos ruido.

Por eso este renacer es tranquilo. No hay un “ya veréis lo que viene ahora”. No. No quiero construir desde la épica. Quiero construir desde la sinceridad. Desde el saber que puedo fallar, que puedo cambiar de idea, que puedo tardar más en un análisis porque lo quiero vivir de verdad.

Y si eso significa publicar menos pero mejor, así será.

Si significa mezclar tecnología con reflexiones más personales, así será.

Si significa cuestionar lo que hace la industria aunque no sea tendencia, así será.

Si significa volver a la esencia de escribir como si esto fuera un diario, así será.

La chispa vuelve cuando vuelves a ser tú

No es que haya recuperado de golpe toda la energía del principio. Sería mentira decirlo. Pero sí he recuperado algo más importante: la intención. Esa sensación de “vale, ahora sí voy a contarlo de verdad”. Esa claridad que aparece cuando dejas de intentar ser lo que no eres.

Y al final, de eso va este Planeta Hefestec: de asumir con honestidad que me perdí un poco, que me forcé más de la cuenta, que me comparé demasiado… pero también de aceptar que perderse forma parte del proceso.

De hecho, creo que esta etapa me va a hacer mejor creador. Y no porque vaya a tener más audiencia o mejores números, sino porque estoy volviendo a construir desde el lugar correcto: desde esa curiosidad infantil mezclada con una mirada adulta que ya ha visto lo suficiente como para saber cuándo algo merece la pena y cuándo no.

Hefestec renace, pero sin ruido

No voy a decir que empieza una nueva era. No necesito esos titulares. Simplemente voy a decir que Hefestec vuelve al origen, a ese sitio donde la tecnología no era una obligación, sino un territorio para explorar. A ese taller donde las cosas se hacen con calma, con cabeza, con honestidad.

Y yo vuelvo con él.

Más tranquilo.

Más consciente.

Más mío.

Porque la tecnología no es solo lo que uso. Es también una forma de mirar el mundo. Y quiero recuperar la capacidad de disfrutarla sin tener que demostrar nada a nadie.

Esto es volver al origen.

Y ojalá, desde aquí, construir algo más auténtico que todo lo que vino antes.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *