Vivo X300: el compacto que supera a muchos “Pro”

Hay algo que me pasa cada vez más cuando pruebo móviles: dejo de fijarme en las promesas y empiezo a fijarme en cómo encajan en mi día a día. Y el Vivo X300, este modelo rosita tan mono que me ha acompañado las últimas tres semanas, ha sido de esos dispositivos que se adaptan sin pedir permiso. Lo saqué de la caja, lo configuré, me fui con él a trabajar, a viajar, a ver la NFL… y nunca tuve esa sensación de estar “probando un móvil”. Simplemente funcionaba, se integraba en mi rutina y no pedía atención. Y eso, a estas alturas, vale más que cualquier apellido Pro.

El regreso del tamaño perfecto

Lo que me atrapó desde el primer día fue el formato. 6,3 pulgadas, 189 g de peso, un cuerpo muy bien equilibrado y unas dimensiones que parecen de otra época: 147,5 mm de alto, 71,8 mm de ancho y unos 8,5 mm de grosor que lo hacen cómodo sin ser frágil. A eso le sumas un chasis de aluminio, una trasera de cristal mate agradable al tacto y un módulo de cámara que apenas sobresale… y te queda un móvil que puedes usar con una mano sin contorsiones ni trucos.

Es justo ese tamaño en el que te olvidas de que llevas un móvil encima. Cabe en cualquier bolsillo, no pesa, no molesta y no exige nada. Y cuando un móvil de gama alta consigue eso, ya te ha ganado la mitad del análisis.

Pantalla sobresaliente… y un sonido que acompaña

La pantalla potencia aún más esa sensación de acierto. Es un OLED LTPO de 6,3 pulgadas con un brillo máximo que llega a 4.500 nits en pico y alrededor de 1.600 nits en brillo alto estándar. En exteriores responde perfecto incluso en días duros de sol, y en interiores el contraste y la nitidez están a la altura de cualquier móvil de gama alta.

También me ha resultado cómoda a nivel visual. El PWM se mantiene en frecuencias altas —dependiendo del modo ronda los 480 Hz—, lo que reduce ese cansancio que provocan algunos paneles más agresivos. La calibración es buena, puedes elegir perfiles más cálidos o fríos, y la experiencia general es muy estable. El único “pero” es la ausencia del acabado antirreflejos tipo S25 Ultra, que aquí habría sido la guinda.

Y ya que estamos, el sonido: estéreo, limpio, correcto. No es especialmente voluminoso ni profundo, pero acompaña bien al panel para vídeos, música ocasional o un podcast en el tren. Cumple sin alardes, que es justo lo que esperaba.

Cámara y vídeo: consistencia ante todo

Vivo siempre ha tenido buena mano con las cámaras, y aquí se nota. Tenemos un sistema triple formado por una principal de 200 MP (sensor Samsung con estabilización óptica), un gran angular de 50 MP también firmado por Samsung y un teleobjetivo de 50 MP firmado por Sony con zoom óptico 3x y un modo telemacro que sorprende cuando te acercas a los detalles.

Y en la parte frontal, una cámara de 50 MP que, sinceramente, me ha gustado más de lo que esperaba: selfies naturales, buenos colores y un modo retrato menos agresivo que la media. Es una de esas frontales que no te obliga a repetir la foto.

En la práctica, lo que me he encontrado es una cámara fiable y consistente, que no intenta deslumbrarte con procesados exagerados ni trucos raros. Las fotos del partido de la NFL —que hice desde un extremo del Bernabéu— quedaron muy bien: color equilibrado, buen detalle, zoom útil sin artificios y un retrato que no cae en el efecto “cartón”. El gran angular rinde firme, y el telemacro me ha dado más alegrías de las que pensaba cuando quise enseñar detalles muy pequeños sin tener que alejarme.

Por la noche mantiene el tipo sin iluminar la escena como si fuera Pixar, y en vídeo se comporta como un gama alta moderno: 4K 60 fps con todas las cámaras traseras, buena estabilización y posibilidad de cambiar entre objetivos sin tirones. La única limitación real es que la frontal no puede grabar en 4K, pero no me ha condicionado en nada.

Rendimiento que no da motivos para quejarse

Lleva el nuevo MediaTek 9500, 16 GB de RAM y almacenamiento rápido. Traducido: cero dramas. No he tenido cuelgues, no he tenido lags, no he sufrido calentones raros. El único día exigente fue el de la NFL, grabando 4K a saco durante horas, pero cualquier móvil suda ahí. Para todo lo demás —apps de trabajo, redes, fotografía, conectarlo a las Rayan o al dron de DJI—, ha ido perfecto.

Es de esos teléfonos que transmiten solidez, que es lo que busco cada vez más en vez de benchmarks.

Batería notable… con un “ojalá”

La versión global llega con 5.300 mAh, carga rápida de 90 W, carga inalámbrica y carga inalámbrica reversible. El resultado es tan simple como sólido: llego al final del día con un 20–30 % prácticamente siempre. No me he preocupado ni una sola vez, salvo el día de uso extremo.

Ahora, lo digo tal cual: una pena que Vivo no haya traído la batería del modelo chino, que allí sube hasta los 6.000 mAh. Hubiera redondeado un móvil que ya es espectacular en autonomía. Aun así, la experiencia es muy buena y, sobre todo, muy predecible.

Un equilibrio que muchos “Pro” ya quisieran

Creo que ahí es donde el X300 se distingue. No impresiona por una cifra concreta: impresiona porque no molesta. Porque es cómodo, equilibrado, fácil de usar, y no necesita el apellido Pro para ofrecer una experiencia de gama alta en pantalla, cámara, rendimiento y batería.

Y sí, lo digo de pasada porque toca decirlo: he usado Pixel, Xiaomi o iPhone recientes, y muchos “Pro” no tienen este equilibrio tan simple y tan difícil a la vez. Este sí.

Encima se encuentra por unos 900 euros, lejos de los 1.099 € oficiales, y en ese precio me parece una recomendación muy seria si buscas un móvil pequeño, potente y fiable. Uno de los más redondos del año.

Nota de transparencia

Vivo me ha prestado este dispositivo durante tres semanas para su análisis. No ha habido pago ni condiciones editoriales, y lo que lees refleja únicamente mi experiencia personal.

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