He pasado quince días con el OnePlus Nord 5 como móvil principal, y lo curioso es que mi opinión sobre él no nació el primer día ni el tercero. Fue apareciendo poco a poco, casi a escondidas, sin ese efecto “wow” que te dan algunos móviles nada más encenderlos. Más bien lo contrario: es de esos dispositivos que se te meten en la rutina sin avisar. Y un día, caminando por San Sebastián con el móvil en la mano, abriendo mapas, haciendo fotos al mar, contestando mensajes, cambiando aplicaciones sin pensar, me di cuenta de que llevaba horas sin acordarme del móvil. Nada me había molestado. Nada había bloqueado mi flujo. Nada había fallado.