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¿Por qué cada vez más gente lleva un iPhone?

Varios iPhone de distintas generaciones junto al titular ¿Por qué cada vez más gente lleva un iPhone?

Hay una sensación que cada vez tengo más clara: miro alrededor y veo más iPhone. En el metro, en una terraza, entre amigos, en eventos o simplemente cuando alguien saca el móvil para hacer una foto. Y lo curioso es que no hablo únicamente del último modelo ni de gente que se gasta más de 1.000 euros cada septiembre, sino también de iPhone 15, 14, 13 e incluso modelos bastante anteriores que siguen utilizándose con total normalidad.

Algunos se compraron nuevos, otros reacondicionados, otros de segunda mano y unos cuantos probablemente terminaron en manos de un familiar cuando su primer propietario decidió renovarlos. Por eso llevaba tiempo haciéndome una pregunta: ¿realmente cada vez hay más gente utilizando un iPhone o simplemente me lo parece?

Los datos dicen que la sensación tiene bastante fundamento. Apple está ganando terreno en el mercado de smartphones nuevos, pero eso explica solamente una parte del fenómeno. La otra está en la segunda mano, en la longevidad de sus teléfonos y, sobre todo, en algo bastante más difícil de representar en una gráfica: para muchísima gente, comprar un iPhone se ha convertido en una decisión sencilla y segura.

Sí, realmente hay más iPhone

Según Counterpoint Research, Apple terminó 2025 como líder mundial de smartphones con aproximadamente un 20% de los envíos, creciendo alrededor de un 10% respecto al año anterior mientras el conjunto del mercado apenas avanzó un 2%. En Europa la tendencia también resulta bastante clara: Omdia calcula que Apple distribuyó 36,9 millones de iPhone durante 2025, un 6% más, y alcanzó una cuota récord del 27%.

Eso ya nos indica que Apple está vendiendo más, pero creo que existe un dato todavía más interesante para entender lo que vemos en la calle. Según Counterpoint, casi uno de cada cuatro smartphones activos en el mundo es un iPhone, y aquí cambia bastante la película porque una cosa es el teléfono que alguien compra este año y otra muy distinta todos los que siguen funcionando después de tres, cuatro, cinco o seis años.

El iPhone que Apple ya no vende también le ayuda a crecer

Cuando alguien cambia de iPhone, el anterior rara vez desaparece. Puede acabar en un cajón, evidentemente, pero también puede pasar a manos de una pareja, un hijo o un hermano, venderse en Wallapop, entregarse como parte del pago del siguiente teléfono o terminar en alguna de las grandes plataformas de reacondicionados. Un mismo iPhone puede pasar por varias personas durante su vida útil, y eso tiene un impacto enorme en el número real de usuarios.

Apple tiene una posición extraordinariamente fuerte en ese mercado. CCS Insight estima que alrededor del 60% del mercado organizado mundial de smartphones de segunda mano corresponde al iPhone, una cuota muchísimo mayor que la que Apple tiene vendiendo dispositivos nuevos. Hay incluso un dato bastante ilustrativo: el iPhone 11, presentado en 2019, llegó a ser el smartphone usado más vendido dentro de ese mercado varios años después de su lanzamiento.

No hace falta buscar una explicación demasiado complicada. Simplemente sigue siendo útil, y ahí hay bastante mérito de Apple.

Un iPhone viejo continúa funcionando como esperas que funcione un iPhone

Este mercado de segunda mano no tendría sentido si comprar un iPhone con tres o cuatro años significara llevarte un teléfono prácticamente obsoleto. No suele ser así, porque Apple mantiene sus dispositivos actualizados durante bastantes años y un modelo antiguo continúa ejecutando las aplicaciones que utilizamos diariamente, mantiene buena parte de la experiencia de iOS y resulta completamente válido para WhatsApp, Instagram, navegación, banca, música, fotografía o vídeo.

Eso no significa que un iPhone antiguo sea igual que uno nuevo. Las baterías envejecen, las pantallas mejoran, aparecen procesadores más rápidos y determinadas funciones se reservan para modelos recientes, pero la experiencia básica envejece bastante bien y eso es fundamental para que alguien siga queriendo comprar ese teléfono años después de su lanzamiento.

Con las cámaras pasa algo parecido. No voy a decir que el iPhone tenga siempre la mejor cámara del mercado porque no sería cierto: hay Android que ofrecen más zoom, mejores resultados nocturnos o sistemas fotográficos técnicamente mucho más ambiciosos. Lo que sí tiene el iPhone desde hace años es algo que para el usuario normal puede resultar incluso más importante: consistencia.

Sacas el móvil, haces la foto y normalmente sabes qué tipo de resultado vas a obtener. Un modelo reciente tendrá menos ruido, mejor HDR, más detalle, más posibilidades de zoom o nuevos modos, pero si queremos fotografiar a nuestros amigos, grabar un vídeo de vacaciones o subir una historia a Instagram, el resultado que ofrece un iPhone de varias generaciones atrás sigue siendo perfectamente válido y, sobre todo, familiar.

Comprar un iPhone también es muy fácil

Creo que aquí existe una de las grandes fortalezas de Apple y quizá una de las que menos comentamos quienes vivimos continuamente rodeados de especificaciones. Comprar Android puede ser maravilloso si sabes exactamente lo que quieres, porque tenemos Samsung, Xiaomi, Oppo, Honor, Motorola, Google, Nothing y muchas otras marcas, cada una con distintas gamas, tamaños, cámaras, procesadores, velocidades de carga y políticas de actualizaciones.

Para quienes disfrutamos de la tecnología, comparar todo eso incluso tiene su gracia. El problema es que la mayoría de la gente no quiere hacer un máster antes de comprar un teléfono y simplemente busca algo que funcione, que entre en su presupuesto y que no le dé demasiadas sorpresas.

Apple reduce muchísimo esa decisión. Si quieres un iPhone, tienes que decidir principalmente cuánto quieres pagar, qué tamaño buscas, cuánto almacenamiento necesitas y si lo quieres nuevo, de una generación anterior o reacondicionado. Incluso comprando de segunda mano la conversación suele ser relativamente sencilla: “Tengo 400 euros, ¿qué iPhone puedo comprar?”.

No necesitas saber qué versión de memoria incorpora, cuántos megapíxeles tiene el sensor secundario o qué procesador corresponde a ese año. Y quiero dejar una cosa clara: la enorme variedad de Android es una de sus mayores virtudes, porque puedes encontrar prácticamente un teléfono para cualquier necesidad y presupuesto. Pero esa misma variedad también puede generar dudas a alguien que simplemente quiere comprarse un móvil. Apple vende menos opciones y, con ellas, una decisión mucho más sencilla.

La segunda mano ha cambiado quién puede comprarse un iPhone

Aquí aparece probablemente una de las piezas más importantes de toda esta historia. Tener un iPhone ya no significa necesariamente haber comprado un teléfono de 1.000 euros, porque con 350, 400 o 500 euros podemos entrar en una tienda de reacondicionados y encontrarnos con varias generaciones de iPhone perfectamente utilizables.

También tenemos Wallapop, las ofertas de operadores, programas de recompra y multitud de tiendas que han profesionalizado un mercado de segunda mano que hace años era mucho más informal. En España este negocio está creciendo especialmente rápido: Back Market aseguró haber aumentado alrededor de un 30% su actividad en España durante 2025, alcanzando unos 450 millones de euros en transacciones y convirtiendo nuestro país en su tercer mercado mundial.

Eso crea una situación curiosa. Alguien con 400 euros puede elegir entre un Android nuevo de gama media y un iPhone de hace dos o tres generaciones reacondicionado. No hay una respuesta correcta para todos, pero cada vez más personas están considerando seriamente la segunda opción porque conocen el producto, saben cómo funciona, probablemente tienen alguien cerca que utiliza uno y confían en que dentro de unos años todavía podrán venderlo por algo.

El valor de reventa también hace que comprar uno nuevo duela un poco menos

El mercado usado no beneficia únicamente a quien busca un iPhone barato, sino también a quien compra uno nuevo. Si pagas una cantidad elevada por un teléfono pero sabes que dentro de tres años podrás recuperar una parte razonable de ese dinero, el coste real de haberlo tenido empieza a verse de otra manera.

El propietario vende su antiguo iPhone o lo entrega como parte del pago del nuevo, utiliza ese dinero para reducir el coste de renovar y el teléfono anterior vuelve al mercado a un precio más accesible para otra persona. Ahí aparece un círculo muy interesante: la venta de iPhone nuevos genera la oferta de iPhone baratos de los próximos años, y ese enorme mercado de dispositivos usados permite a más gente entrar en Apple.

El teléfono de 1.200 euros que alguien compra hoy puede convertirse dentro de unos años en el primer iPhone de una persona que jamás habría pagado 1.200 euros por uno. Esa capacidad de mantener varias vidas útiles es probablemente una de las razones más importantes por las que el parque de iPhone sigue creciendo.

Cuando tus amigos tienen iPhone, tener un iPhone también es más cómodo

Después está todo lo que no aparece en las especificaciones. AirDrop es un ejemplo perfecto: estás de viaje con amigos, alguien hace treinta fotos y en cuestión de segundos las tienes en tu iPhone manteniendo la calidad original, sin tener que subirlas a Drive, mandarlas por WhatsApp ni pensar demasiado en cómo hacerlo.

Parece una función pequeña, y técnicamente lo es, pero empieza a adquirir importancia cuando todo tu grupo la utiliza. Lo mismo ocurre con FaceTime, Apple Watch, AirPods, compartir determinadas cosas entre dispositivos o simplemente la familiaridad de poder coger el teléfono de otra persona y saber inmediatamente cómo funciona.

Cuantos más usuarios tiene un ecosistema, más útil puede resultar formar parte de él, y en Estados Unidos este efecto es muchísimo más evidente. Las encuestas de Piper Sandler llevan años encontrando una penetración del iPhone cercana al 90% entre los adolescentes estadounidenses. Cuando prácticamente todo tu grupo lleva el mismo teléfono, utilizar otro sistema deja de ser únicamente una elección de especificaciones.

España está muy lejos de esa situación, pero el mecanismo existe igualmente. Y no creo que debamos reducirlo a “la gente compra iPhone para encajar”, porque sería demasiado simple. El teléfono es probablemente el dispositivo tecnológico más social que tenemos y resulta lógico que lo que utilizan las personas de nuestro entorno influya en nuestra decisión.

También compramos tranquilidad

Hay algo todavía más sencillo que probablemente explica muchas ventas y que no aparece en ninguna ficha técnica: la gente quiere comprar algo que sabe que va a funcionar.

Cuando una persona ha tenido un iPhone durante cuatro o cinco años y le ha funcionado bien, llega el momento de renovar y Apple empieza la carrera con mucha ventaja. Ya conoce iOS, tiene todas sus aplicaciones, sabe utilizar la cámara, quizá tiene un Apple Watch o unos AirPods y sabe aproximadamente qué puede esperar del nuevo dispositivo.

Cambiar a otro iPhone es fácil porque no obliga a volver a tomar una decisión que ya estaba resuelta. Eso no significa que otro teléfono no pueda ser mejor, sino que Apple ha conseguido convertir el iPhone para muchos usuarios en una compra con pocas posibilidades de equivocarse.

Android también le ha echado una mano a Apple

Durante muchos años había una forma muy sencilla de distinguir ambos mundos: Android era donde encontrabas buenos teléfonos baratos y Apple era donde estaban los teléfonos caros. Eso hace tiempo que dejó de ser completamente cierto.

Por supuesto, Android continúa teniendo una oferta enorme por debajo de los 500 euros, algo donde Apple prácticamente no compite con dispositivos nuevos. Pero si subimos a la gama alta, las diferencias de precio ya no son tan grandes. Samsung, Xiaomi, Google, Honor, Oppo y otros fabricantes venden smartphones que alcanzan o superan ampliamente los 1.000 euros.

Omdia señalaba que los dispositivos de más de 800 euros llegaron a representar un récord del 32% de los envíos europeos durante el primer trimestre de 2025. Cuando alguien entra en una tienda y comprueba que el Galaxy, Pixel, Xiaomi o iPhone que le gustan rondan precios parecidos, “Apple es demasiado cara” deja de funcionar tan bien como argumento diferenciador.

Y sí, la manzana también vende

Tampoco vamos a fingir que la marca no importa. Apple ha dedicado décadas a asociar sus productos con diseño, facilidad de uso, calidad y cierto componente aspiracional, y el iPhone sigue siendo uno de los productos tecnológicos más reconocibles del planeta.

Para muchas personas, tener uno también tiene una dimensión de marca y estatus, pero explicar todo el éxito del iPhone diciendo que la gente lo compra por el logo sería bastante injusto. El marketing puede convencerte para comprar algo una vez; es mucho más complicado conseguir que vuelvas cinco, diez o quince años seguidos.

Si los usuarios siguen comprando iPhone también es porque generalmente han tenido una buena experiencia con ellos. Funcionan bien, duran, reciben actualizaciones y renovar uno por otro requiere muy poco esfuerzo. La marca puede abrir la puerta, pero el producto tiene que conseguir que quieras quedarte.

Apple ha conseguido crear un círculo difícil de romper

Si juntamos todo lo anterior, creo que empezamos a entender por qué vemos cada vez más iPhone. Apple vende un teléfono nuevo por bastante dinero, ese teléfono continúa siendo útil durante años y mantiene suficiente valor como para venderse cuando su propietario quiere renovarlo. Después llega a otra persona por mucho menos dinero, que entra en el ecosistema sin haber pagado el precio original.

El primer propietario utiliza el dinero para comprar otro iPhone. El segundo empieza a utilizar AirDrop, quizá compra unos AirPods o un Apple Watch y, cuando dentro de unos años tenga que renovar, Apple ya no será una opción entre veinte marcas: será simplemente el teléfono que lleva utilizando todo ese tiempo.

Mientras tanto, todos los iPhone que Apple continúa vendiendo alimentarán el mercado de segunda mano de los próximos años. Primera y segunda mano terminan funcionando juntas y creando un ciclo que hace que cada vez haya más personas dentro del ecosistema.

Por eso cada vez vemos más iPhone

Los datos respaldan la sensación: Apple está creciendo en el mercado mundial, ha alcanzado cifras récord en Europa y el iPhone tiene una presencia extraordinariamente fuerte en el mercado reacondicionado. Pero después de mirar todo esto, creo que las cifras son casi la parte menos interesante de la historia.

La gente compra iPhone porque son fáciles de elegir y de utilizar, funcionan bien durante muchos años, tienen cámaras consistentes, mantienen un buen valor de reventa y existe una enorme oferta de segunda mano que permite entrar sin pagar el precio del último modelo. También influyen la marca, el marketing, el ecosistema y algo tan humano como querer utilizar lo mismo que buena parte de las personas que tienes alrededor.

Apple ha conseguido sumar todas esas pequeñas ventajas hasta convertir el iPhone en una de las decisiones más fáciles del mercado de smartphones. Y ahí está la paradoja que me parece realmente interesante: el iPhone continúa naciendo como un producto premium, pero cada vez se comporta más como un producto de masas cuando observamos lo que realmente lleva la gente en el bolsillo.

Y ahora quiero comprobarlo yo

Si me dejáis terminar hablando un poco desde lo personal, después de escribir todo esto me ha entrado todavía más curiosidad por comprobar esa experiencia desde el otro lado. Estamos aproximadamente a un mes de la próxima gran cita de Apple y, aunque la compañía todavía no ha anunciado oficialmente la fecha de presentación de la siguiente generación de iPhone, las informaciones que circulan actualmente apuntan al 9 de septiembre.

Hasta entonces voy a hacer una prueba bastante sencilla: voy a cambiar mi teléfono habitual por un iPhone 16 y utilizarlo como mi móvil personal durante estas semanas. No quiero hacerlo pensando en benchmarks ni buscando constantemente qué teléfono tiene más zoom, más batería o una carga más rápida, sino comprobar precisamente todo lo que hemos hablado en este artículo: si realmente es tan fácil convivir con un iPhone, cuánto acabo utilizando AirDrop, cómo pesa el ecosistema en el día a día y si existe de verdad esa sensación de que todo funciona sin tener que pensar demasiado en ello.

Podemos mirar cuotas de mercado, ventas y estadísticas de reacondicionados, pero hay una parte de esta pregunta que solo se puede responder llevando un iPhone en el bolsillo y utilizándolo como lo haría cualquier otra persona. Dentro de unas semanas volveremos sobre este artículo y os contaré qué tal ha ido la experiencia.

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