La carrera por construir centros de datos de inteligencia artificial no solo está disparando el precio de las GPU profesionales. También está alterando el mercado de memoria y almacenamiento que utilizan nuestros móviles, ordenadores, tablets, consolas y televisores. La industria ha empezado a utilizar una palabra para resumir el fenómeno: chipflation.
La idea es sencilla. Los centros de datos necesitan enormes cantidades de memoria de alto ancho de banda, DRAM y almacenamiento, y los fabricantes están destinando cada vez más capacidad a esos productos porque dejan márgenes mucho mayores. El resultado es menos oferta relativa para la electrónica de consumo y unos precios que terminan llegando, de una forma u otra, al comprador.
La IA está cambiando las prioridades de la industria de la memoria
Un servidor de inteligencia artificial consume muchísima más memoria que un portátil o un teléfono. Los aceleradores necesitan HBM para alimentar continuamente sus cálculos y los centros de datos añaden grandes cantidades de DDR5, SSD empresariales y almacenamiento de alta capacidad.
IDC describe el problema como algo más profundo que una escasez temporal. Samsung, SK Hynix y Micron están priorizando inversiones y capacidad para productos destinados a centros de datos, mientras el crecimiento de la oferta de DRAM y NAND convencional se mantiene por debajo de lo habitual.
Eso no significa que una oblea destinada a HBM pueda convertirse directamente en memoria para un móvil. Las cadenas de producción son más complejas. Lo importante es que fábricas, equipos, capital y empaquetado avanzado son recursos limitados, y las compañías prefieren destinarlos a los clientes dispuestos a pagar más.
El móvil barato es uno de los primeros en notarlo
En un smartphone económico, unos pocos dólares adicionales en RAM o almacenamiento pueden comerse una parte importante del margen. El fabricante tiene entonces varias opciones: subir el precio, reducir capacidad, reutilizar componentes más antiguos o directamente retirar la configuración menos rentable.
La presión ya aparece en los datos. IDC calcula que el mercado mundial de smartphones podría caer un 13,9 % en 2026, la mayor contracción anual registrada por la consultora. La escasez y el encarecimiento de memoria son uno de los principales factores que están limitando tanto la producción como la demanda.
En la gama alta hay más margen para absorber el incremento, pero también se utilizan mayores cantidades de RAM y almacenamiento rápido. Por eso el efecto puede aparecer de otra forma: configuraciones base menos atractivas, saltos de precio mayores entre capacidades o más presión para empujar al comprador hacia modelos premium.
Ordenadores y tablets tampoco escapan
En PC el problema es especialmente visible porque la memoria y el almacenamiento forman una parte importante de la configuración. Al mismo tiempo, la llegada de los llamados PC con IA está elevando el mínimo razonable de RAM, justo cuando ese componente se encarece.
IDC prevé una caída del 11,3 % en los envíos mundiales de PC durante 2026 y estima que el precio medio de venta subirá un 18,3 %. La firma no espera un alivio significativo de la escasez antes de finales de 2027.
Las tablets ya muestran el mismo patrón. Durante el segundo trimestre de 2026 sus envíos mundiales cayeron un 12,3 % interanual, y IDC señala directamente a la presión de DRAM y NAND provocada por la expansión de infraestructura de IA como la principal causa del deterioro.
La subida de precio no siempre aparece en la etiqueta
La chipflation no implica necesariamente que un portátil de 799 euros pase a costar 899. Un fabricante puede mantener el precio y reducir almacenamiento, utilizar memoria soldada que impida ampliaciones posteriores o reservar la configuración realmente interesante para el siguiente escalón de precio.
En móviles ocurre algo parecido cuando desaparece la versión más barata o cuando el salto entre 128 y 256 GB se vuelve más caro. Para el consumidor, pagar lo mismo por menos también es inflación, aunque el precio de salida no cambie.
Las marcas pequeñas son especialmente vulnerables porque tienen menos capacidad para cerrar contratos de suministro a largo plazo. Cuando la memoria sube con rapidez, una empresa que vende hardware con márgenes mínimos puede descubrir que fabricar el producto deja directamente de ser rentable.
Consolas y televisores tienen menos margen de maniobra
Las consolas se diseñan para permanecer varios años en el mercado con una arquitectura prácticamente fija. Si suben el precio de la GDDR o del almacenamiento, Sony, Microsoft o Nintendo no pueden sustituir fácilmente esos componentes sin rediseñar el producto. La alternativa es asumir el coste, subir el precio o retrasar las rebajas que tradicionalmente llegan con la madurez de una generación.
En televisores la memoria representa una parte menor del coste total, pero las marcas trabajan con márgenes muy ajustados. Omdia explica que muchos fabricantes están intentando compensar el incremento desplazando ventas hacia tamaños mayores y gamas premium, donde es más sencillo diluir unos dólares adicionales de componentes.
No todo lo que sube de precio es culpa de la IA
Conviene no convertir la chipflation en una explicación universal. La electrónica también está soportando costes más altos en fabricación avanzada, empaquetado, energía, logística y desarrollo. DRAM, NAND, HBM y discos duros tampoco comparten exactamente la misma cadena de suministro ni se comportan de la misma manera.
La diferencia es que la inteligencia artificial está añadiendo una demanda nueva, enorme y muy poco sensible al precio. Una empresa que construye un centro de datos puede firmar contratos de miles de millones y asegurar suministro durante años. El comprador de un portátil de 600 euros no puede competir con ese poder de compra.
Estamos pagando parte de la infraestructura aunque no usemos su IA
Esta es quizá la consecuencia más curiosa del fenómeno. Puedes comprar un televisor sin funciones generativas, una consola o un móvil básico y terminar pagando indirectamente una parte de la expansión de los centros de datos. Todos compiten dentro de una misma industria por memoria, almacenamiento, capacidad industrial y capital.
En Hefestec ya explicamos por qué China está intentando desarrollar su propio gigante de la memoria. La situación actual ayuda a entender esa urgencia: controlar la producción de estos componentes se ha convertido en una cuestión estratégica, no solo comercial.
Para quien compra tecnología en 2026, la consecuencia práctica es bastante sencilla. Ya no conviene asumir que esperar unos meses hará automáticamente que un dispositivo sea más barato. Hay que mirar con más atención la RAM y el almacenamiento incluidos, comparar generaciones anteriores y valorar si merece la pena pagar por una configuración superior antes de que esa misma capacidad termine siendo todavía más cara.