Después de escribir sobre MoltBot, mucha gente me ha hecho la misma pregunta, casi siempre con un punto de ansiedad: si los agentes autónomos dan tanto respeto, si delegar tanto poder no es buena idea… ¿qué hacemos mientras tanto?
La respuesta no es futurista ni espectacular, pero sí honesta: usar mejor la IA que ya tenemos.
No porque sea menos ambiciosa, sino porque es más madura. Porque hoy no necesitamos una IA que actúe por nosotros, sino una que nos ayude a pensar mejor sin quitarnos el volante.
Antes de entrar en cómo lo hago yo, conviene entender de dónde viene el vértigo. En el artículo anterior explico qué es MoltBot, qué promete y por qué darle tanto poder a una IA no es una decisión menor: MoltBot y la promesa del Jarvis real.
El malentendido: creer que más autonomía siempre es mejor
La fantasía del Jarvis es profundamente humana. Queremos delegar. Queremos que alguien —o algo— se adelante, piense por nosotros y se encargue de lo pesado.
El problema es que hemos confundido autonomía con utilidad. Que una IA pueda actuar sola no significa que sea lo que más nos conviene ahora mismo.
En el trabajo real —escribir, analizar, decidir, crear— lo importante no es ejecutar rápido, sino equivocarse menos. Y para eso, paradójicamente, viene mejor una IA que se quede a medio paso.
Mi regla personal: la IA piensa conmigo, pero no actúa por mí
Yo no uso la IA como un agente. La uso como un acompañante. Como ese editor invisible que no firma nada, pero te evita muchas meteduras de pata.
No tiene acceso a mi correo, no responde mensajes, no publica en mi nombre y, desde luego, no toca dinero. No porque no pueda, sino porque no quiero que lo haga.
Lo que sí le dejo hacer es pensar. Pensar mucho. Ordenar ideas, desmontar argumentos, señalar incoherencias, proponer caminos que quizá yo no había visto.
No delego poder. Delego desgaste mental.
Una aclaración clave: MoltBot no piensa mejor que las IAs actuales
Esto conviene decirlo alto y claro: MoltBot no es una IA distinta ni más inteligente.
En el fondo, MoltBot utiliza los mismos modelos que ya usamos hoy —los de :contentReference[oaicite:0]{index=0}, :contentReference[oaicite:1]{index=1}, :contentReference[oaicite:2]{index=2} o :contentReference[oaicite:3]{index=3}— para razonar y generar texto.
La diferencia no está en el cerebro, sino en lo que puede hacer con lo que piensa.
Mientras tú usas una IA y decides cada paso, un agente como MoltBot puede encadenar acciones, insistir, corregir y conectar respuestas con sistemas reales. Ahí está el salto. Y ahí está el riesgo.
ChatGPT: la pizarra donde pienso antes de decidir
ChatGPT es, para mí, la herramienta más versátil para pensar. No porque actúe, sino precisamente porque no lo hace.
Lo uso como pizarra mental. Le llevo ideas a medio hacer, textos que no terminan de cuajar, decisiones que no tengo claras. Le pido que busque puntos débiles, que me lleve la contraria, que me diga qué parte no se entiende.
No envía nada. No publica nada. Pero me ahorra algo mucho más valioso: escribir mal, decidir deprisa o repetir ideas que no llevan a ningún sitio.
Pago unos 20 euros al mes por ChatGPT Plus. Es un coste fijo, previsible, y para quien vive de pensar y escribir, bastante razonable.
Claude: cuando lo que necesitas no es un asistente, sino un editor
Claude ocupa un lugar distinto. No es tanto “hazme cosas” como “ayúdame a escribir mejor”. Y esa diferencia se nota.
Es especialmente bueno manteniendo el tono, la coherencia y el ritmo en textos largos. Cuando estás escribiendo una pieza editorial y no quieres que se note dónde empieza la IA y dónde terminas tú, Claude suele aguantar mejor el tipo.
Tiene además un enfoque interesante para trabajar por proyectos, con funciones como Artifacts, que permiten construir cosas dentro del propio flujo de trabajo. No es MoltBot, pero sí una forma elegante de pasar del texto a algo utilizable sin perder control.
Claude Pro cuesta 20 dólares al mes. No es barato, pero si escribir es parte central de tu trabajo, tiene sentido verlo como herramienta de oficio.
Gemini: el asistente que llevas encima
Si hay una IA que se acerca a la idea de “asistente diario”, especialmente en el móvil, esa es Gemini.
No tanto por cómo conversa, sino por dónde vive. Está en Android, se usa con voz y se conecta con Gmail, Drive, Docs, Calendar o Keep. En el día a día, eso marca la diferencia.
Gemini no decide por ti, pero te da contexto. Te resume correos largos, te aclara qué te están pidiendo, te ayuda a no perderte entre documentos. No actúa a escondidas. Te acompaña.
En España, Google ofrece planes como Google AI Plus (7,99 €/mes) o Google AI Pro (21,99 €/mes). En uso cotidiano, es probablemente lo más parecido a un “Jarvis ligero” sin cruzar líneas peligrosas.
Copilot: productividad pura, pero en otro terreno
Copilot juega otra liga. No es un asistente personal, es una herramienta de oficina.
Cuando trabajas con Word, Excel, PowerPoint o Teams, Copilot brilla resumiendo documentos, sacando puntos clave o preparando presentaciones base. No es creativo ni inspirador, pero ahorra tiempo real.
Su enfoque es claramente corporativo. Funciona muy bien si tu vida está en Microsoft 365. Si no, no es tu Jarvis, es simplemente una buena herramienta en el lugar adecuado.
El precio varía según licencias y entorno, pero se mueve en la franja de 20–30 euros al mes por usuario en escenarios profesionales.
¿Por qué este enfoque es más seguro (y más sensato)?
Usar la IA así tiene una ventaja clara frente a los agentes autónomos: el control nunca se pierde.
Los costes son previsibles. Los errores se detectan a tiempo. Y la responsabilidad sigue siendo humana.
Puede parecer menos futurista, pero en el trabajo real suele ser mucho más eficaz.
El futuro llegará, pero no hace falta correr
Los agentes autónomos llegarán. MoltBot es una señal clara de hacia dónde va todo esto.
Pero hoy, la forma más inteligente de trabajar con IA no es darle las llaves de casa, sino aprender a convivir con ella sin perder el control.
Porque la tecnología que de verdad mejora tu vida no es la que actúa por ti, sino la que te ayuda a decidir mejor qué hacer tú.

Deja una respuesta