Durante los últimos años hemos hablado mucho de la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China, de las sanciones contra Huawei, de las restricciones para comprar procesadores avanzados y del intento occidental de impedir que el país asiático acceda a las herramientas necesarias para fabricar sus propios chips. Ahora, una de las barreras más difíciles empieza a moverse.
Según ha informado Xataka a partir de una investigación de The Information, China ya habría comenzado a fabricar en serie sus primeras máquinas nacionales de litografía de ultravioleta profundo de inmersión, conocidas como DUV. Reuters ha confirmado posteriormente el inicio de la producción, aunque también advierte de que estas máquinas todavía tienen que demostrar su rendimiento y fiabilidad en fábricas reales.
No son las máquinas más avanzadas del mundo y China sigue estando por detrás de ASML. Sin embargo, la importancia de la noticia no está únicamente en su nivel técnico, sino en que el país empieza a fabricar por sí mismo una de las herramientas más complejas y estratégicas de toda la economía moderna.
Qué es una máquina de litografía y por qué importa tanto
Los chips se fabrican dibujando patrones extremadamente pequeños sobre obleas de silicio. Las máquinas de litografía proyectan esos diseños sobre la superficie para crear las distintas capas y transistores que forman un procesador, una memoria o cualquier otro circuito integrado.
Son equipos extraordinariamente complejos, formados por sistemas ópticos, láseres, sensores, plataformas de movimiento y software de precisión. Sin ellos no se pueden fabricar semiconductores a gran escala, por muy buenos que sean los diseños de los chips.
La empresa neerlandesa ASML domina este mercado y es el único fabricante capaz de producir las máquinas EUV utilizadas en los procesos más avanzados. También es el gran referente mundial en DUV de inmersión, una tecnología menos sofisticada que EUV, pero todavía esencial para fabricar tanto chips maduros como numerosas capas de los procesadores modernos. La propia ASML explica que sus sistemas DUV se utilizan en la producción de chips lógicos y memorias.
China todavía no ha alcanzado a ASML
Las primeras máquinas chinas estarían preparadas para procesos de alrededor de 28 nanómetros. Mediante técnicas de multipatterning, que repiten varias veces el proceso de litografía sobre una misma capa, podrían utilizarse para fabricar chips más avanzados, aunque con un coste, una complejidad y un riesgo de defectos mayores que empleando EUV.
El objetivo inicial es producir cinco unidades en 2026 para fabricantes como SMIC, Hua Hong Semiconductor y CXMT, y aumentar la producción hasta unas veinte máquinas en 2027. Es una cifra muy pequeña frente a la capacidad de ASML y todavía falta comprobar que puedan trabajar de forma estable, con buen rendimiento por oblea y durante miles de horas.
Por eso sería exagerado hablar de una derrota de ASML o del final de la ventaja occidental. China sigue dependiendo de proveedores extranjeros para algunos componentes críticos y todavía no dispone de una alternativa comercial a la litografía EUV. Lo que sí empieza a cambiar es la idea de que el bloqueo tecnológico occidental puede impedir indefinidamente el desarrollo de su industria.
Esto no afecta solo a los móviles
Cuando hablamos de chips solemos pensar primero en smartphones y ordenadores, pero los semiconductores están presentes en prácticamente todo. Los encontramos en televisores, routers, consolas, electrodomésticos, cámaras, coches, sistemas de gestión energética, robots industriales, equipamiento médico, satélites, redes de telecomunicaciones y centros de datos.
Una gran parte de esos productos ni siquiera necesita los procesos de fabricación más avanzados. Los nodos maduros, que pueden fabricarse con máquinas DUV, siguen siendo fundamentales para controladores, sensores, memorias, chips de conectividad, gestión de energía y electrónica para automoción.
Por eso, desarrollar maquinaria propia no solo puede ayudar a China a fabricar procesadores para Huawei. También puede aumentar su capacidad para producir los miles de componentes menos llamativos de los que depende toda la industria tecnológica.
Qué puede cambiar para el consumidor
A corto plazo probablemente no notaremos ninguna diferencia en las tiendas. Las primeras máquinas son pocas, todavía están en fase de validación y no van a transformar de un día para otro la capacidad de producción china.
A medio y largo plazo, en cambio, una mayor independencia puede mejorar la seguridad de suministro de los fabricantes chinos. Si futuras sanciones limitan todavía más la llegada de maquinaria occidental, empresas de móviles, ordenadores, automóviles o electrodomésticos tendrían una cadena de producción menos expuesta a decisiones políticas extranjeras.
También puede aumentar la competencia. Una China capaz de fabricar más procesadores, memorias y componentes con tecnología propia podría presionar los precios internacionales y ofrecer alternativas a Samsung, SK Hynix, Micron, Intel, TSMC y otros gigantes. Eso no garantiza automáticamente productos más baratos, porque fabricar con procesos menos eficientes también puede elevar los costes, pero sí amplía el número de actores capaces de producir.
El ejemplo de CXMT, el fabricante chino que aspira a competir en el mercado mundial de la memoria, muestra hasta dónde puede llegar esta estrategia. Si a una empresa de memorias propia se suma una industria nacional de maquinaria, materiales y fabricación, China deja de ser únicamente el lugar donde se ensamblan los dispositivos y pasa a controlar cada vez más partes de la cadena.
Los mercados ya han entendido el riesgo
La noticia provocó una reacción inmediata en bolsa. Las acciones de ASML llegaron a caer alrededor de un 6,5 % en Ámsterdam, mientras que fabricantes estadounidenses de equipos para semiconductores como Applied Materials, Lam Research y KLA también registraron descensos importantes.
La caída no significa que los inversores crean que las nuevas máquinas chinas vayan a sustituir mañana a las de ASML. El temor está en el negocio que las compañías occidentales podrían perder durante los próximos años si China consigue abastecerse progresivamente con equipos nacionales.
Este riesgo no es menor para ASML. Según un análisis de Reuters Breakingviews, China representó aproximadamente el 29 % de las ventas netas de ASML en 2025, unos 9.500 millones de euros, principalmente mediante máquinas DUV y servicios, ya que la empresa no puede vender sus equipos EUV más avanzados al país.
Algunos analistas consideran que la reacción del mercado ha sido excesiva. ASML conserva una ventaja técnica enorme, una base instalada de miles de máquinas y décadas de experiencia en producción a gran escala. Sin embargo, la bolsa no solo valora la situación actual, sino también los ingresos que una empresa podría perder dentro de cinco o diez años.
Las sanciones también han acelerado la independencia china
Estados Unidos y sus aliados han utilizado las restricciones a los chips y a la maquinaria como una forma de frenar el avance de China en inteligencia artificial, telecomunicaciones y defensa. Durante un tiempo funcionó: numerosas empresas chinas quedaron sin acceso a los mejores procesadores y a las máquinas necesarias para fabricarlos.
El problema es que esas mismas restricciones también han dado a Pekín un incentivo enorme para invertir en alternativas nacionales. Huawei, SMIC, CXMT, fabricantes de equipamiento y empresas de materiales forman ahora parte de un ecosistema respaldado económica y políticamente para reducir la dependencia del exterior.
China todavía no puede fabricar de forma independiente todos los chips más avanzados del mundo. Tampoco ha demostrado que sus nuevas máquinas DUV puedan igualar la productividad y la precisión de ASML. Pero el bloqueo occidental empieza a dejar de ser una pared infranqueable y se convierte en un obstáculo que el país está aprendiendo a rodear.
El comienzo de una segunda industria de los chips
La verdadera consecuencia puede ser la aparición de dos cadenas tecnológicas cada vez más separadas. Por un lado, el ecosistema formado por Estados Unidos, Europa, Japón, Corea del Sur y Taiwán. Por otro, una industria china que desarrolla sus propios procesadores, memorias, materiales, herramientas de fabricación y estándares.
Para el consumidor, esto puede traer más competencia y una mayor disponibilidad de componentes, pero también una tecnología más fragmentada y condicionada por bloques económicos. Para las empresas occidentales supone la posibilidad de perder uno de sus mayores mercados. Para China significa reducir el poder que otros países tienen sobre su industria.
Las primeras cinco máquinas no van a cambiar por sí solas el equilibrio mundial de los semiconductores. Sin embargo, demuestran que China ya no se limita a buscar formas de sobrevivir a las sanciones: está construyendo una cadena tecnológica capaz de funcionar sin Occidente. Si consigue convertir estas primeras unidades en una producción fiable y escalable, esta noticia puede acabar siendo mucho más importante que el lanzamiento de cualquier nuevo móvil, ordenador o procesador.