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Meta acaba de aceptar límites para que los menores no se enganchen, pero no admite que sus apps sean adictivas

Meta limita el uso de Instagram y Facebook entre menores

Meta pagará hasta 18.000 millones de dólares para cerrar buena parte de los litigios que la acusaban de diseñar Facebook e Instagram para enganchar a los menores. La compañía niega haber hecho nada malo, pero el acuerdo incluye límites de tiempo, bloqueos nocturnos y restricciones sobre algunas de las herramientas utilizadas precisamente para mantenernos mirando la pantalla. Hay una contradicción difícil de pasar por alto.

Meta niega las acusaciones y el acuerdo alcanzado en Estados Unidos no supone una admisión de culpabilidad. Pero, al mismo tiempo, la compañía ha aceptado introducir límites específicos para reducir el uso excesivo de sus redes sociales entre los menores. No hablamos únicamente de añadir otro botón de control parental escondido dentro de los ajustes.

El acuerdo alcanzado con la mayoría de los estados de Estados Unidos contempla un límite diario de dos horas para los menores de 18 años, restricciones de uso entre medianoche y las seis de la mañana, menos notificaciones durante determinadas horas, nuevas medidas de comprobación de edad y otros cambios destinados a reducir la capacidad de Facebook e Instagram para mantener a los adolescentes conectados.

Meta pagará además hasta 18.000 millones de dólares durante los próximos diez años para resolver las acusaciones de los estados, que sostenían que la compañía había diseñado sus plataformas para fomentar un uso compulsivo entre los jóvenes y había minimizado públicamente algunos de sus riesgos. Meta sigue negando haber cometido irregularidades, y quizá el dinero sea lo menos interesante de todo esto.

Si no existe el problema, ¿por qué hay que limitar el producto?

Durante años hemos hablado del tiempo que pasamos delante del móvil como si fuera exclusivamente una cuestión de fuerza de voluntad. Y no se trata solo de cuánto consumimos: la atención fragmentada también está cambiando cuánto recordamos de todo ese contenido.

Abres Instagram cinco minutos y media hora después sigues deslizando vídeos. Termina uno y empieza otro. Actualizas y aparece contenido nuevo. Una notificación te devuelve a la aplicación. Un vídeo te lleva al siguiente. No es casualidad: las redes sociales viven en buena medida de nuestra atención.

Cuanto más tiempo permanecemos en ellas, más contenido consumimos, más información proporcionamos sobre nuestros intereses y más oportunidades existen para mostrarnos publicidad. Eso no significa que exista una persona en Meta pensando cómo arruinarnos la tarde. Significa algo mucho más sencillo: el producto está optimizado para conseguir que sigamos utilizándolo.

Scroll infinito, reproducción automática, recomendaciones personalizadas, notificaciones o sistemas de recompensa forman parte de ese diseño. Y aquí es donde el acuerdo estadounidense se vuelve especialmente interesante: Meta no reconoce jurídicamente que Instagram o Facebook sean adictivos, pero acepta reducir algunas de las dinámicas que pueden provocar un uso excesivo cuando quien está al otro lado de la pantalla es un menor. No es una confesión, pero tampoco es un detalle menor.

Europa ya utiliza directamente la palabra “adictivo”

Lo ocurrido en Estados Unidos no aparece aislado. El pasado 10 de julio, la Comisión Europea comunicó sus conclusiones preliminares de una investigación abierta contra Meta bajo la Ley de Servicios Digitales y fue bastante menos cuidadosa con el vocabulario: considera preliminarmente que el diseño adictivo de Instagram y Facebook incumple la DSA.

La Comisión señala específicamente el scroll infinito, la reproducción automática, las notificaciones push y los sistemas de recomendación altamente personalizados. Según su investigación, estas herramientas pueden alimentar el impulso de continuar consumiendo contenido y favorecer hábitos compulsivos, y las medidas implementadas hasta ahora por Meta no habrían sido suficientes para reducir esos riesgos.

Y no es únicamente Meta. En febrero, la Comisión llegó a unas conclusiones preliminares parecidas sobre TikTok y afirmó que herramientas como el scroll infinito, el autoplay o determinadas recomendaciones pueden hacer que los usuarios continúen consumiendo contenido prácticamente en “piloto automático”. Es decir, llevamos años llamando “engagement” a algo que los reguladores empiezan a analizar desde otro punto de vista.

El problema con los menores es que no son adultos

Aquí aparece la diferencia fundamental. Un adulto puede decidir pasar seis horas viendo Reels. Puede ser una decisión poco saludable, puede arrepentirse después e incluso sentir que ha desperdiciado completamente la tarde, pero sigue siendo un adulto utilizando voluntariamente un producto legal.

Con un menor el razonamiento cambia. Los estados tienen una responsabilidad mucho mayor sobre su protección y las plataformas también deben aplicar garantías adicionales relacionadas con privacidad, consentimiento, contenidos o diseño del servicio. Por eso buena parte de la batalla regulatoria está empezando precisamente aquí.

La Unión Europea ya recomienda que las plataformas desactiven por defecto para menores algunas características que favorecen el uso excesivo, como el autoplay o determinadas notificaciones, además de modificar los sistemas de recomendación y limitar los llamados rabbit holes de contenido. Estados Unidos está llegando ahora a un resultado parecido por otra vía: los tribunales.

Pero entonces aparece una pregunta bastante incómoda

Si determinadas mecánicas necesitan ser limitadas para proteger a un adolescente, ¿qué significa eso sobre el producto que seguimos ofreciendo sin esos límites a los adultos? Un scroll infinito no cambia técnicamente cuando cumples 18 años, las notificaciones tampoco y el algoritmo no deja de intentar averiguar qué contenido consigue que permanezcas más tiempo delante de la pantalla porque hayas alcanzado la mayoría de edad.

Lo que cambia es nuestra capacidad legal para decidir qué hacemos con nuestro tiempo y la responsabilidad que puede exigirse a la empresa. Y aquí está, para mí, la parte realmente interesante de todo este debate: durante años hemos tratado la adicción o el uso excesivo de las redes sociales principalmente como un problema del usuario. Quizá tengamos que empezar a hablar también de cómo está construido el producto.

Podemos recomendar apagar las notificaciones, establecer límites de tiempo o dejar el móvil fuera del dormitorio. Pero si al mismo tiempo existen equipos enteros trabajando para reducir cada fricción que pueda conseguir que cerremos la aplicación, estamos librando una batalla bastante desigual.

El juicio contra Meta puede terminar cambiando muchas más redes

El acuerdo tiene además una peculiaridad extraordinaria. Meta garantiza alrededor de 12.700 millones de dólares, mientras que otros 5.000 millones están vinculados a que competidores como TikTok, YouTube o Snapchat adopten protecciones similares para los menores, según los términos recogidos por Reuters.

Eso convierte un litigio contra Meta en algo potencialmente mucho mayor. Ya no estamos hablando solamente de cómo utilizarán Instagram los adolescentes estadounidenses, sino de establecer un posible nuevo estándar para toda la industria.

La presión, además, ya ha empezado a saltar las fronteras de Estados Unidos. Corea del Sur ha pedido que Meta aplique globalmente las nuevas protecciones, argumentando que las herramientas que sirven para proteger a un adolescente estadounidense también podrían proteger a uno de cualquier otro país.

En Europa ni siquiera sería necesario empezar desde cero: la DSA ya proporciona las herramientas regulatorias y la Comisión tiene investigaciones abiertas precisamente sobre el diseño de estas plataformas. Por eso me cuesta imaginar que todo esto termine quedándose exclusivamente en Estados Unidos.

Tal vez estemos empezando a cambiar nuestra relación con las redes sociales

No creo que Instagram vaya a eliminar mañana el scroll infinito para todo el mundo. Tampoco creo que vayamos hacia un futuro en el que un adulto tenga prohibido utilizar TikTok más de dos horas, y probablemente tampoco sería deseable que un gobierno decidiera cuánto tiempo puede pasar una persona adulta utilizando una aplicación.

Pero sí creo que algo está cambiando. Durante la primera etapa de las redes sociales la obsesión era crecer; después fue aumentar el engagement. Cada minuto adicional de uso era presentado como un éxito del producto. Ahora empezamos a preguntarnos si maximizar indefinidamente ese tiempo debería seguir siendo el objetivo.

Meta no ha reconocido que Instagram y Facebook sean adictivos, y legalmente es importante decirlo. Pero acaba de aceptar pagar miles de millones de dólares y modificar sus productos para evitar que los menores pasen demasiado tiempo utilizándolos. Europa, mientras tanto, ya llama directamente “diseño adictivo” a varias de las herramientas que Meta utiliza para conseguir que no cerremos la aplicación.

Puede que la verdadera noticia no sea cuánto dinero va a pagar Meta, sino que, por primera vez, estamos empezando a poner límites al modelo sobre el que construimos las redes sociales modernas.

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