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Spotify quiere pagar a los podcasters españoles. También decide las reglas

Micrófono de pódcast ante los logotipos de Spotify y YouTube, con la llegada del Spotify Partner Program a España
Spotify abrirá su programa de monetización de pódcasts en España el 20 de octubre de 2026.

El 20 de octubre, los creadores españoles podrán solicitar el acceso al Spotify Partner Program. La oferta reúne ingresos por anuncios, pagos por los videopódcasts que ven los suscriptores Premium y herramientas para gestionar patrocinios. Para quien lleva años publicando episodios, cualquier vía nueva para cobrar por su trabajo merece atención. La pregunta es cuánto control conserva cuando empieza a depender de ella.

Spotify ha confirmado que España forma parte de una expansión a más de 35 mercados. El anuncio llega acompañado de cifras que dibujan un futuro frente a la cámara: según los datos facilitados por la propia compañía para España, el consumo de videopódcasts en Spotify ha crecido más de un 80 % interanual y cerca del 60 % de sus 100 pódcasts más populares ya publica episodios en vídeo. Spotify no aporta en la nota de prensa la base de comparación ni la metodología necesaria para comprobar esas cifras de forma independiente. Además, lo que hacen los programas más populares no nos dice cuánto ganará uno que está empezando.

La puerta está abierta, pero tiene torno

Para solicitar la entrada, un programa debe contar con al menos tres episodios publicados, 2.000 horas de consumo y 1.000 oyentes en Spotify durante los últimos 30 días. También debe cumplir las políticas de monetización y superar la revisión de la plataforma. Son requisitos bastante más bajos que los anteriores, pero siguen dejando fuera a muchos proyectos pequeños. Llegar al mínimo permite presentar una solicitud; no garantiza la admisión ni una cantidad concreta de dinero.

Hay dos mecanismos principales. Cuando Spotify monetiza un anuncio insertado en un episodio, el creador recibe el 50 % de los ingresos reconocidos por ese anuncio, tanto si se escucha en Spotify como si llega a otras aplicaciones de pódcasts. Eso no equivale necesariamente al 50 % de lo que pagó el anunciante por toda su campaña.

El vídeo visto por usuarios Premium funciona de otra manera. Esos episodios se reproducen sin anuncios dinámicos y el creador puede cobrar según el consumo, mediante una fórmula propia que Spotify dice que puede modificar. Hay un detalle llamativo en las condiciones publicadas: para generar ingresos por vídeo Premium, el episodio debe incluir al menos una pausa publicitaria, aunque el espectador Premium no llegue a verla como anuncio dinámico. Spotify explica los factores que considera, pero no publica una tarifa fija que permita calcular de antemano cuánto vale una visualización.

El vídeo abre otra puerta y trae otra factura

Grabar un pódcast puede hacerse con un micrófono y una buena idea. Grabarlo en vídeo añade iluminación, cámaras, montaje y una exigencia menos visible: empezar a pensar también en lo que ocurre en pantalla. Habrá programas a los que les siente estupendamente. Otros quizá descubran que están dedicando más tiempo a producir una imagen que a preparar una conversación.

Spotify afirma que los videopódcasts participantes han registrado un crecimiento medio superior al 45 % en horas de consumo desde el lanzamiento del programa. Es un dato de Spotify sobre programas participantes, no una estimación de ingresos ni una prueba de que añadir cámaras provoque por sí solo ese crecimiento. Lo mismo ocurre con el aumento de más de un tercio en los pagos mensuales totales del programa: indica que Spotify paga más en conjunto, pero no cuánto recibe el creador mediano. Ambas cifras aparecen en su anuncio internacional.

¿Y si ya publico en YouTube?

Quien tenga un pódcast probablemente se plantee las dos plataformas. En YouTube, el acceso al reparto de anuncios de vídeos largos exige 1.000 suscriptores y 4.000 horas de visualización en los últimos 12 meses, o alcanzar el umbral correspondiente de Shorts. Spotify pide 1.000 oyentes y 2.000 horas de consumo, pero concentrados en 30 días. Son métricas y periodos distintos, así que comparar solo los números puede llevar a engaño.

También cambia el reparto: YouTube paga el 55 % de los ingresos netos por anuncios en vídeos largos; Spotify, el 50 % de los ingresos reconocidos por los anuncios que monetiza en el pódcast. Esos porcentajes no bastan para saber dónde se cobrará más. Dependerá de la audiencia y de los anuncios que se vendan. YouTube también reparte ingresos de suscripciones Premium cuando sus miembros ven el contenido de un creador.

Ninguna de las dos obliga a ponerse ante una cámara para publicar. YouTube permite enviar el audio mediante RSS y lo convierte en un vídeo con imagen estática. En Spotify, el audio puede generar ingresos publicitarios, mientras que el pago por consumo de usuarios Premium está ligado a los episodios en vídeo. Para un creador, la decisión puede ser publicar en ambos y comprobar qué obtiene de cada uno, sin convertir todo el programa en vídeo antes de saber si le compensa. También contamos otras novedades recientes de YouTube para creadores.

Monetizar sin entregar el volante

Spotify permite gestionar patrocinios propios y afirma que el creador conserva el 100 % de los ingresos de esos acuerdos. Esa vía puede dar más margen para negociar directamente con una marca. Aun así, la promesa de diversificar ingresos dentro de Spotify convive con una realidad menos cómoda: las condiciones de acceso, la medición del consumo y la fórmula de pago del vídeo Premium las establece Spotify.

No hay motivo para rechazar un ingreso nuevo por principio. Tampoco para confundir una oportunidad con un sueldo. El 20 de octubre, muchos podcasters españoles podrán probar si el programa les compensa. La cuestión que merece seguirse después no será cuántos se apuntan, sino cuánto cobran realmente y qué han tenido que cambiar en sus programas para conseguirlo.

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