Hoy he estado en la presentación del nuevo ASUS Zenbook 14 y hubo un momento que me hizo pensar en algo bastante más grande que el propio portátil.
ASUS comparó directamente su nuevo equipo con el MacBook Neo. Peso, pantalla, batería, puertos, rendimiento. Tabla contra tabla. Sin demasiados rodeos: uno de los principales fabricantes de Windows dejó claro cuál era el rival contra el que quería medir su producto.
Y ahí me di cuenta de una cosa.
Nos pasamos el día diciendo que Apple ya no innova. Que llega tarde. Que Android llevaba años haciendo eso que acaba de presentar como novedad. Que Samsung lo hizo antes. Que Huawei ya tenía algo parecido. Que Garmin llevaba media vida fabricando relojes para deportes extremos antes de que existiera el Apple Watch Ultra.
Y muchas veces tenemos razón.
Pero, al mismo tiempo, medio mercado sigue esperando a ver qué hace Apple para decidir por dónde caminar, cómo llamar a sus productos, contra qué compararlos o incluso qué formatos merece la pena tomarse en serio.
No es una defensa de Apple. De hecho, la gracia está precisamente en la contradicción.
Apple copia. Llega tarde. Reinterpreta ideas que otros desarrollaron antes. Y, aun así, sigue condicionando una parte enorme de la industria.
No hace falta inventarlo para convertirlo en referencia
Creo que confundimos demasiado dos conceptos: innovación e influencia.
No son lo mismo.
Puedes inventar una tecnología y que el mercado pase olímpicamente de ti. Puedes lanzar un producto adelantado a su tiempo y comprobar cómo desaparece sin que nadie siga el camino.
Y también puedes llegar varios años después, escoger una idea que ya funciona, adaptarla a tu ecosistema y provocar que de repente todo el sector empiece a hablar de ella.
Apple lleva años siendo especialmente buena en esto último.
No siempre abre la carretera. Pero muchas veces acaba poniendo las señales.
Xiaomi ni siquiera disimuló
Hay ejemplos donde podemos discutir durante horas sobre si existe influencia real. Con Xiaomi no hace falta.
La compañía decidió pasar directamente de la familia Xiaomi 15 a la Xiaomi 17 para hacer coincidir su generación con la del iPhone 17. Y no lo escondió.
Lei Jun reconoció públicamente que la nueva generación estaba planteada para enfrentarse directamente al iPhone. La familia terminó organizada además como Xiaomi 17, Xiaomi 17 Pro y Xiaomi 17 Pro Max.


No hablamos simplemente de utilizar las palabras “Pro” o “Max”, que evidentemente Apple no inventó. Hablamos de que uno de los mayores fabricantes de smartphones del mundo decidió saltarse una numeración completa y reorganizar los nombres de sus teléfonos para jugar en el mismo tablero que Apple.
Puedes tener más batería, cargar más rápido, montar un sensor más grande o presumir de mejores cifras sobre el papel. Pero cuando llega el momento de colocar el producto frente al consumidor, el rival contra el que quieres compararte sigue siendo el iPhone.
Eso dice bastante más sobre Apple que cualquier keynote.
Pro, Pro Max, Ultra: todos hablamos ya un idioma parecido
Xiaomi es el caso más evidente, pero no el único.
Las gamas de los fabricantes Android se parecen cada vez más en su estructura comercial a las que Apple ha convertido en familiares para millones de personas: modelo base, Pro, Pro Max, Ultra.
OPPO y vivo ya utilizan denominaciones Pro Max. Samsung lleva años explotando Ultra.

Y luego están las presentaciones. Nueva cámara: comparación con el iPhone. Nueva batería: comparación con el iPhone. Nuevo procesador: comparación con el iPhone. Nueva pantalla: comparación con el iPhone. Nuevo portátil: comparación con el MacBook.
Debe de ser agotador no innovar y que aun así todo el mundo esté tan pendiente de ti.
El plegable demuestra todavía mejor la paradoja
Apple ha llegado tardísimo a los plegables. Aquí no hay demasiada discusión.
Samsung lleva años desarrollándolos. Huawei también. OPPO, Honor, Xiaomi y otros fabricantes han probado distintos tamaños, bisagras, cámaras y formatos.
Huawei incluso se atrevió antes con una idea bastante diferente: un plegable mucho más ancho que el formato alto y estrecho que se había convertido prácticamente en estándar.
Ahí estaba el Pura X. Era curioso, diferente y, fuera de determinados círculos tecnológicos, pasó bastante desapercibido.
Entonces empezaron a consolidarse los rumores sobre el futuro plegable de Apple: pantalla interior más ancha, proporciones distintas, un diseño más cercano a una especie de pasaporte que al formato alargado tradicional.
Y, de repente, aquel tipo de plegable empezó a recibir mucha más atención.


Apple no inventó esa idea. Huawei ya la había utilizado. Lo llamativo es que una cosa es que Huawei pruebe un formato y otra que toda la industria crea que Apple está a punto de convertirlo en su próximo gran producto.
Entonces llegan las filtraciones, los movimientos de los competidores, las comparaciones y las preguntas sobre si ese será el nuevo estándar.
El mérito tecnológico sigue siendo de quien llegó antes. La capacidad de amplificar la idea es otra cuestión.
Incluso el pionero acaba respondiendo al recién llegado
Samsung resume perfectamente esa contradicción.
Ha sido una de las empresas que ha convertido el plegable en un producto comercial real. Tiene generaciones enteras de ventaja y ha tenido que resolver problemas de bisagras, pantallas, software, cámaras, peso y resistencia que Apple no tuvo que afrontar durante todos esos años porque, sencillamente, no estaba allí.
Y aun así Apple entra y, de repente, una de las preguntas principales pasa a ser cómo queda el Galaxy Fold frente al iPhone plegable.
La empresa veterana termina respondiendo al recién llegado.

Eso no convierte a Apple en pionera. Pero sí demuestra algo distinto: puedes llegar el último y seguir siendo la referencia contra la que el resto siente que tiene que medirse.
Los relojes resistentes tampoco empezaron con Apple
El Apple Watch Ultra es otro ejemplo bastante claro.
Garmin, Suunto, Polar y otras marcas llevaban muchísimo tiempo desarrollando relojes para montaña, aventura, resistencia y deportes extremos. Titanio, GPS avanzado, botones físicos, mapas, resistencia al agua y autonomías enormes no aparecieron mágicamente en Cupertino.
Apple no inventó nada de eso.
Pero presentó el Watch Ultra, lo envolvió en una caja grande de titanio, cristal de zafiro, un botón específico y una estética mucho más agresiva que la del Apple Watch tradicional.
Y consiguió que su interpretación fuese inmediatamente entendible para un público generalista: Ultra significaba grande, resistente, caro y preparado para todo.
Dos años después apareció el Galaxy Watch Ultra, con un posicionamiento y una estética que hacían inevitable la comparación.


Podemos volver a discutir quién copió a quién, pero sería perdernos otra vez en el detalle. Lo interesante es cómo Apple consigue coger una categoría que ya existía y convertir su propia interpretación en una referencia que sus principales rivales consideran necesario contestar.
Vision Pro tampoco inventó la realidad mixta
Con Vision Pro ocurre algo parecido.
Meta llevaba años vendiendo visores. Microsoft había trabajado en HoloLens. Samsung había pasado por Gear VR. Google, Qualcomm y Samsung ya estaban trabajando en realidad extendida incluso antes de que Apple enseñase Vision Pro.
Decir que Android XR existe porque Apple presentó un visor sería sencillamente falso.
Pero también sería raro negar lo que ocurrió después.
Apple presentó Vision Pro y decidió no hablar simplemente de realidad virtual. Lo llamó computación espacial: ventanas alrededor del usuario, vídeo inmersivo, productividad y aplicaciones flotando en una habitación.


Una categoría que llevaba años bastante estancada volvió al centro de la conversación tecnológica. Después llegarían Android XR, Galaxy XR y nuevas apuestas de otros fabricantes.
Apple tampoco abrió esa carretera. Pero consiguió que mucha gente volviera a circular por ella.
Hoy ASUS me hizo verlo todavía más claro
Y volvemos al Zenbook 14.
ASUS no necesita que Apple le descubra el ultraportátil de 1.000 euros. La gama Zenbook lleva años siendo una de las referencias más sólidas en ese segmento: ligera, bien construida, con buenas pantallas y una propuesta muy clara frente al MacBook Air.
Lo interesante no es que ASUS haya empezado ahora a fabricar este tipo de portátil. Lo interesante es que, con la llegada del MacBook Neo, decide presentarlo directamente contra él y utilizarlo como nueva vara de medir.
El Zenbook ya estaba ahí. Lo que cambia es el rival que ASUS coloca delante.


Y eso se vio de forma bastante explícita durante la presentación: pantalla contra pantalla, peso contra peso, autonomía contra autonomía, puertos contra puertos, rendimiento contra rendimiento.
ASUS tiene argumentos de sobra para explicar el Zenbook por sí solo. Pero cuando quiere situarlo en el mercado coloca un MacBook al lado.
No porque Apple haya inventado el ultraportátil. Ni porque el MacBook sea necesariamente mejor. Sino porque sigue siendo la referencia que permite explicar rápidamente al consumidor dónde está tu producto.
Acer también está empujando con máquinas como el nuevo Swift Air. En su caso, por precio y posicionamiento probablemente esté más cerca de competir con el MacBook Air que con el Neo.
Pero el patrón se repite: los fabricantes Windows siguen explicando sus portátiles en relación con el Mac. Mejor pantalla, más puertos, mayor batería, más memoria o mejor precio: la comparación aparece una y otra vez.
Eso es influencia industrial, aunque el procesador, el OLED o el diseño del portátil no hayan nacido en Cupertino.
Y con las interfaces ya empieza a ser cómico
Apple también copia software. Muchísimo.
Los widgets estaban antes en Android. La pantalla siempre encendida estaba antes. La personalización estaba antes. Muchas funciones de inteligencia artificial llegaron antes.
La lista es enorme.
Pero luego observas algunas interfaces Android, especialmente determinadas capas de fabricantes chinos, y cuesta mantener una conversación seria sobre quién está siguiendo visualmente a quién.
Centros de control, transparencias, iconos, pantallas de bloqueo, animaciones, widgets, elementos dinámicos alrededor de la cámara, distribución de menús…


Hay casos donde hablar de “inspiración” requiere bastante generosidad.
Y aquí aparece una de las partes más divertidas de todo esto: Android introduce una función, Apple la adopta y la reinterpreta y, después, algún fabricante Android termina acercándose a la versión de Apple de una idea que había nacido originalmente en Android.
Es casi un bucle perfecto.
Aquí copia absolutamente todo el mundo
Por eso este artículo no pretende colocar a Apple en ningún pedestal.
Sería absurdo.
Apple copia. Samsung copia. Xiaomi copia. Google copia. OPPO copia. Microsoft copia. Todos observan lo que hace el resto, detectan las ideas que funcionan y las incorporan.
Así funciona esta industria.
Además, llegar primero tampoco garantiza haber hecho el mejor producto. Hay compañías que han inventado tecnologías excelentes y no han sabido venderlas. Otras han llegado después y las han convertido en negocios multimillonarios.
La discusión sobre “quién lo hizo primero” muchas veces nos impide ver algo más interesante: quién consigue que el resto cambie después de hacerlo.
Y Apple sigue siendo sorprendentemente buena en eso.
Esa es la ironía
Podemos seguir riéndonos cada vez que Apple presenta algo que Android tenía hace cinco años. Seguramente tendremos razón.
Podemos decir que la compañía ha perdido parte de aquella capacidad de sorprender que tuvo en otras etapas. También.
Pero después miras el mercado.
Xiaomi se salta una generación completa para coincidir con el iPhone y reorganiza sus teléfonos como 17, 17 Pro y 17 Pro Max.
Los relojes se llaman Ultra.
Los fabricantes comparan constantemente sus cámaras con el iPhone.
Las interfaces se acercan visualmente a iOS.
ASUS presenta su nuevo portátil enfrentándolo directamente al MacBook Neo.
Huawei prueba un formato plegable diferente y apenas mueve la conversación; empiezan a consolidarse los rumores de que Apple quiere algo parecido y ese formato empieza a ocupar mucho más espacio en la conversación.
Apple entra tarde en categorías que otros han desarrollado durante años y, aun así, consigue que vuelvan al centro de la conversación.
No sé si eso es innovación. Probablemente muchas veces no.
Pero sí es influencia.
Y esa es la ironía que no consigo dejar de ver: nos pasamos el día diciendo que Apple ya no marca el camino mientras media industria continúa mirando hacia Cupertino para comprobar por dónde va a ir. Quizá ya no sea siempre quien abre la ruta. Pero sigue siendo quien consigue que muchos miren el mapa.