No voy a fingir que me sorprende que Sony quiera dejar atrás el formato físico en PlayStation. Tampoco voy a hacer como si el disco siguiera siendo el centro del videojuego moderno. No lo es.
El formato físico llevaba años herido. Primero llegaron las compras digitales. Luego las ofertas de las tiendas online. Después los juegos que venían en disco, pero necesitaban parches enormes el primer día. Más tarde, las consolas directamente sin lector. Xbox Series S fue un aviso clarísimo. La PS5 Digital Edition también. Y en PC, sinceramente, esta batalla se perdió hace muchísimo tiempo.
Así que no, el problema no es que Sony mate el disco. El problema es que lo mate sin ofrecer alternativas reales a todo lo que el disco todavía permitía hacer.
Porque el salto al digital puede ser cómodo, rápido y lógico. Pero si por el camino perdemos la posibilidad de vender un juego, prestarlo, regalarlo, compartirlo o conservarlo con cierta independencia, entonces no estamos simplemente cambiando de formato. Estamos aceptando una experiencia peor para el usuario. Eso sí que es grave.
El disco ya estaba casi fuera de la partida
Sony ha anunciado que dejará de producir discos físicos para nuevos juegos de PlayStation a partir de enero de 2028. Los juegos anteriores o ya previstos en disco no entrarían en ese cambio, pero la dirección está clara: el futuro de PlayStation será digital.
Y los datos explican bastante bien por qué.
Según Reuters, alrededor del 80% de las ventas completas de juegos de Sony en su último año fiscal ya fueron digitales. Es decir, el disco no desaparece porque Sony haya decidido cargarse una realidad dominante. Desaparece porque, en la práctica, una mayoría de jugadores ya había cambiado de hábito.
En Europa, el sector va por el mismo camino. Video Games Europe sitúa el reparto de ingresos de 2024 en un 90% digital frente a solo un 10% físico. Y en PC, directamente, el formato físico es casi una reliquia: ya en 2013 se estimaba que el 92% de las ventas de juegos de PC eran digitales.
Por eso me cuesta comprar el discurso puramente nostálgico. Sí, las cajas tenían su encanto. Sí, las estanterías llenas de juegos molaban. Sí, había algo especial en abrir un juego nuevo, mirar la portada y tener esa sensación de “esto es mío”.
Pero también hay que ser honestos: la mayoría ya no compra así.
Compramos desde la tienda de la consola. Compramos en rebajas. Compramos códigos. Compramos pases. Compramos expansiones. Compramos contenido adicional. Compramos juegos que pesan más de 100 GB y que, aunque tengas el disco, muchas veces necesitan descargar medio mundo antes de arrancar.
El físico estaba vivo, pero de manera totalmente anecdótica y solo para unos pocos coleccionistas y puristas.
Lo digital no es el enemigo
Aquí conviene no equivocarse de pelea. Lo digital no es malo por ser digital.
De hecho, tiene ventajas evidentes. Es cómodo. Es inmediato. No ocupa espacio en casa. No tienes que cambiar discos. No dependes de que una tienda tenga stock. Puedes comprar un juego a medianoche y estar jugándolo un rato después. En portátil, en sobremesa o incluso en la nube, según el ecosistema.
En PC esto se normalizó hace años con Steam, GOG, Epic Games Store y compañía. En consola ha tardado algo más, pero el camino era inevitable. Y, siendo sinceros, muchos usuarios prefieren esa comodidad.
El problema aparece cuando una compañía aprovecha esa comodidad para quedarse con todo lo bueno del formato digital y no devolver al usuario nada de lo que pierde con el formato físico.
Porque con un disco tú podías hacer cosas muy simples: prestarlo, venderlo, comprarlo de segunda mano, cambiarlo con alguien o guardarlo durante años sin depender tanto de una cuenta concreta. No era perfecto, porque los parches, los servidores y las actualizaciones ya habían complicado mucho esa idea de propiedad. Pero seguía habiendo una diferencia importante.
El disco te daba margen. El digital, tal y como está planteado en consola, te encierra bastante más.
Pagar como propietario, vivir como inquilino
Esta es la frase clave para mí: el problema es que el videojuego digital nos pide pagar como propietarios, pero comportarnos como inquilinos.
Pagas 70 u 80 euros por un juego. Pero no puedes revenderlo. No puedes prestarlo de forma sencilla. No puedes transferirlo a otra persona. No puedes sacarlo de tu cuenta. Y si algún día la tienda cambia, cierra, retira contenido o modifica condiciones, dependes completamente de lo que decida la plataforma. Ahí es donde el debate deja de ser romántico y pasa a ser práctico.
No se trata de defender el disco como si fuera sagrado. Se trata de preguntarle a Sony, Microsoft, Nintendo y al resto de la industria qué derechos va a tener el usuario en un mercado 100% digital.
Porque si el futuro es digital, perfecto. Pero entonces hagámoslo bien.
Hace falta una segunda mano digital
La alternativa más evidente sería crear una segunda mano digital oficial. Algo parecido a un TicketSwap de videojuegos. Tú compras un juego digital, lo juegas y, si no lo quieres conservar, puedes revender esa licencia dentro de la propia plataforma. El comprador lo consigue más barato. El vendedor recupera parte del dinero. Sony cobra una comisión. La editora incluso podría llevarse otra pequeña parte.
¿Sería tan libre como vender un disco en Wallapop? No. Seguramente no. Pero sería muchísimo mejor que el modelo actual, donde compras un juego digital y queda atrapado en tu biblioteca para siempre, aunque no lo vuelvas a tocar.
Además, a la industria le podría interesar más de lo que parece. La segunda mano física siempre fue vista como un mercado que escapaba al control de las editoras. Una segunda mano digital, en cambio, podría convertirse en un mercado regulado, seguro y monetizable para todas las partes. No sería solo una concesión al usuario. También sería una nueva vía de ingresos.
Y, sobre todo, daría una sensación mucho más justa: si el juego ya no está en un disco, al menos que la licencia no sea una cárcel.
Prestar juegos debería seguir existiendo
La otra pata es el préstamo. Prestar un juego ha sido parte de la cultura del videojuego durante décadas. Te lo dejaba un amigo, tu primo, un compañero de clase. Lo probabas, te enganchabas o descubrías algo que quizá nunca habrías comprado de primeras. Esa circulación informal también construyó afición.
En digital, eso casi ha desaparecido y no tiene por qué ser así. Nintendo ya ha enseñado una posible vía con sus Virtual Game Cards. No es un sistema perfecto, porque está limitado al grupo familiar y tiene condiciones concretas, pero permite prestar juegos digitales durante 14 días. Mientras el juego está prestado, el propietario no puede jugarlo. Cuando termina el plazo, vuelve automáticamente.
Eso es exactamente lo que debería hacer la industria: trasladar la lógica del formato físico al mundo digital.
Si yo presto un juego, no juego mientras lo tiene otra persona. Perfecto. Tiene sentido. Pero déjame prestarlo.
Sony podría crear un sistema parecido. Microsoft también. Y no hace falta abrir la puerta al caos ni a la piratería. Bastaría con un préstamo temporal, limitado, controlado desde la cuenta y con reglas claras.
Incluso Xbox parece estar mirando alternativas
Aquí hay otro detalle interesante. Según The Verge, Microsoft estaría probando una función para convertir discos físicos de Xbox One y Xbox Series en derechos digitales asociados a la cuenta y al disco.
Está por ver en qué acaba, porque de momento hablamos de pruebas internas y no de una función final anunciada para todos. Pero la idea es importante: si el futuro puede ser digital, las plataformas también pueden pensar en cómo acompañar esa transición sin dejar tirado al usuario que ya había comprado juegos físicos.
Ese es el punto. No basta con decir: “todo será digital porque así compra la gente”.
Vale, puede ser. Pero entonces ofrece herramientas para que la experiencia digital no sea simplemente más cerrada, más cara y más dependiente de la tienda oficial.
El futuro digital tiene que ser mejor, no más pobre
Yo no necesito que Sony salve el disco para siempre. No creo que eso vaya a pasar. Y tampoco estoy seguro de que tenga sentido comercial en 2028.
Lo que sí necesito es que Sony no use la muerte del disco como excusa para reducir derechos.
Porque una cosa es aceptar que el mercado cambia y otra muy distinta es asumir que cada cambio tecnológico tiene que dejar al usuario con menos control.
Si compro un juego digital, debería poder revenderlo de alguna forma. Debería poder prestarlo. Debería poder transferirlo bajo ciertas condiciones. Debería tener más garantías de conservación. Debería sentir que estoy comprando algo, no simplemente alquilando una licencia indefinida hasta que la plataforma decida otra cosa.
Ese es el debate real, no si las cajas son bonitas. No si el disco nos da nostalgia. No si antes era mejor ir a una tienda a comprar un juego.
El debate es si el videojuego digital va a madurar de verdad o si va a quedarse en este punto intermedio tan cómodo para las compañías y tan limitado para los jugadores.
Sony puede matar el disco. Probablemente el mercado ya lo había matado antes.
Pero si nos va a llevar a un futuro completamente digital, lo mínimo es que ese futuro no sea peor para quien paga.
