Apple ha conseguido algo poco habitual en 2026: mantener relativamente estables los precios del iPhone mientras buena parte de la competencia los elevaba por el encarecimiento de memoria, almacenamiento y fabricación. Esa estrategia le ha funcionado. Mientras el mercado mundial de smartphones caía, los envíos de iPhone crecieron y su cuota aumentó.
El problema es que absorber costes tiene un límite. La próxima generación llegará en un momento en el que la memoria sigue cara, los chips más avanzados cuestan más de fabricar y el mercado ya está aceptando precios superiores en la gama alta. Por eso una subida del próximo iPhone parece hoy bastante más probable que hace un año, aunque Apple todavía no ha comunicado ninguna cifra oficial.
Apple ha ganado cuota precisamente porque no subió el iPhone
El contraste con el resto del mercado es llamativo. Counterpoint Research calcula que el precio medio mundial de un smartphone aumentó un 17 % interanual en el segundo trimestre de 2026, hasta alcanzar un récord de 400 dólares.
La mayoría de fabricantes trasladó parte del aumento de costes al comprador, especialmente en gamas media y alta. Apple fue una excepción. Sus ingresos por smartphones crecieron un 22 % interanual y alcanzaron su mejor segundo trimestre histórico sin recurrir a una subida generalizada de precios.
Reuters señala que mantener el precio del iPhone ayudó a Apple a ganar cuota en un mercado donde sus rivales estaban encareciendo los dispositivos. Es una ventaja comercial poderosa, pero también significa que la compañía está absorbiendo una parte mayor del incremento de costes.
La memoria está presionando justo donde más duele
La escasez de DRAM y NAND está afectando a toda la industria. Los centros de datos de inteligencia artificial compiten por memoria y almacenamiento, y los fabricantes están destinando más capacidad a productos empresariales porque dejan mejores márgenes.
Eso afecta especialmente a los móviles de gama alta, que utilizan cada vez más RAM y almacenamiento rápido. Un iPhone Pro de 256 o 512 GB necesita bastante más memoria que un modelo básico de hace unos años, precisamente en un momento en el que estos componentes se han encarecido.
En Hefestec ya hemos explicado cómo la llamada chipflation está trasladando la demanda de los centros de datos al precio de la electrónica de consumo. Apple tiene más capacidad que muchas marcas para negociar suministros y cerrar contratos a largo plazo, pero no fabrica su propia DRAM ni NAND.
El salto a 2 nanómetros añade otra presión
La gama Pro del próximo iPhone se espera con el nuevo A20 Pro, fabricado por TSMC mediante un proceso de 2 nanómetros. Ese salto debería mejorar rendimiento y eficiencia, pero utilizar un nodo de fabricación nuevo y avanzado también encarece cada oblea y aumenta la presión sobre la lista de materiales.
Apple diseña sus propios procesadores, pero sigue dependiendo de TSMC para fabricarlos. Controlar la arquitectura ofrece una ventaja enorme en integración entre hardware y software, aunque no elimina el coste industrial de utilizar la tecnología de fabricación más avanzada disponible.
Lo mismo ocurre con cámaras, pantallas, módems y otros componentes. Cada generación añade pequeñas mejoras que, sumadas, elevan el coste incluso cuando ninguna de ellas parece suficiente por sí sola para justificar una subida de cien o doscientos euros.
El mercado ya ha demostrado que acepta precios más altos
Apple tampoco toma esta decisión en el vacío. El precio medio del smartphone está subiendo y la gama premium sigue mostrando una resistencia mucho mayor que los modelos baratos. Counterpoint señala que el crecimiento de ingresos del mercado en 2026 se está apoyando precisamente en vender menos unidades pero más caras.
Eso reduce el riesgo comercial de una posible subida. Si Samsung, Google y otros fabricantes aumentan precios o empujan configuraciones más caras, la diferencia relativa con el iPhone se estrecha. Un teléfono de Apple puede seguir siendo caro, pero deja de parecer excepcionalmente caro frente a sus rivales directos.
El éxito del iPhone durante el segundo trimestre demuestra además que la demanda de la marca sigue siendo resistente. Apple alcanzó una cuota del 20 % de los envíos mundiales, su mayor participación para un segundo trimestre, mientras el mercado global caía un 11 %.
Subir el precio no significa necesariamente cambiar la cifra de entrada
Apple tiene varias formas de trasladar el incremento de costes sin aplicar una subida idéntica a toda la gama. Puede mantener el modelo base, elevar los Pro, aumentar la diferencia entre capacidades, retirar alguna configuración o incrementar el almacenamiento inicial y justificar así un precio superior.
Por eso conviene desconfiar de las filtraciones que asignan ya una cifra exacta al próximo iPhone. Los rumores sitúan al iPhone 18 Pro en torno a los 1.199 dólares en Estados Unidos, pero Apple no ha confirmado todavía ningún precio y la estrategia puede variar entre modelos y regiones.
La conversión a euros tampoco es automática. Los precios estadounidenses no incluyen impuestos y Apple ajusta sus tarifas regionales según tipo de cambio, IVA y estrategia comercial. Una subida de 100 dólares no implica necesariamente cien euros más en España.
Apple puede resistir mejor que otros, pero no es inmune
La gran ventaja de Apple está en sus márgenes, su volumen de compra y los ingresos que obtiene después de vender el dispositivo mediante servicios y accesorios. Eso le permite sacrificar una parte del margen de hardware durante más tiempo que un fabricante que compite en móviles de 200 o 300 euros.
También cuenta con una base enorme de usuarios que sigue dentro del ecosistema aunque no compre el último modelo. En Hefestec ya analizamos por qué el iPhone sigue ganando presencia gracias también al mercado de segunda mano y reacondicionados. Una subida del modelo nuevo puede enfriar las ventas de lanzamiento sin expulsar necesariamente al usuario de la plataforma.
La cuestión, por tanto, ya no es si Apple está sufriendo la misma presión de costes que el resto. La está sufriendo. Lo interesante será descubrir cuánto está dispuesta a seguir absorbiendo antes de trasladarlo al comprador. Hasta ahora ha ganado cuota resistiendo. Con el próximo iPhone, esa estrategia será bastante más difícil de mantener.