La inteligencia artificial se ha metido tan rápido en nuestras vidas que apenas hemos tenido tiempo de acostumbrarnos a ella antes de empezar a cansarnos de algunas de sus consecuencias. Durante los últimos años hemos hablado de modelos cada vez mejores, generación de imágenes, vídeos imposibles, agentes capaces de trabajar por nosotros y herramientas que prometen ahorrar horas de trabajo. Ahora empieza a aparecer el movimiento contrario: usuarios que no quieren más contenido generado automáticamente, plataformas intentando reducirlo y creadores que reciben críticas simplemente por incorporar IA a su trabajo.
El problema es que estamos empezando a mezclar cosas que no son exactamente lo mismo. Una cosa es inundar internet con contenido generado automáticamente sin aportar prácticamente nada y otra bastante diferente es utilizar inteligencia artificial como una herramienta creativa dentro de un proceso en el que sigue existiendo una persona tomando decisiones. Si no hacemos esa distinción, podemos acabar convirtiendo cualquier uso de IA en algo sospechoso.
LinkedIn ya tiene un problema de AI slop
Quizá el ejemplo más evidente lo encontramos ahora mismo en LinkedIn. La red profesional añadió el pasado 30 de julio una opción denominada “Seems like AI slop” para que sus usuarios puedan señalar publicaciones que parecen contenido generado en masa mediante inteligencia artificial. Según los datos recogidos por The Verge sobre esta nueva herramienta de LinkedIn, más de un millón de personas ya la han utilizado.
La plataforma también asegura que sus sistemas han conseguido reducir alrededor de un 40% la visibilidad del contenido que considera sospechoso de ser este tipo de AI slop. El problema tampoco parece pequeño: un análisis de Pangram citado por el mismo medio estimaba que aproximadamente el 41% de las publicaciones largas de LinkedIn podían estar generadas completamente mediante IA.
No hace falta pasar demasiado tiempo en algunas redes sociales para entender de qué estamos hablando. Textos aparentemente perfectos pero completamente intercambiables, historias personales con la misma estructura, publicaciones que repiten una noticia sin aportar información nueva y comentarios que parecen escritos por alguien que nunca ha leído aquello que está comentando. Ese es probablemente el verdadero significado del AI slop: el problema no es simplemente que exista inteligencia artificial detrás, sino que no parece existir prácticamente nada detrás de ella.
Los creadores también están recibiendo el golpe
Esta resistencia empieza a extenderse al mundo audiovisual. Los conocidos filmmakers Matti Haapoja y Sam Kolder han recibido críticas después de publicar contenidos promocionando Higgsfield y sus herramientas de generación de vídeo mediante IA. La polémica creció además porque las colaboraciones con Higgsfield eran pagadas y no se identificaron claramente desde el principio.
En el caso de Haapoja, parte del enfado apareció también después de comparar la llegada de estas herramientas con revoluciones anteriores dentro del mundo audiovisual, como la Canon EOS 5D Mark II. Entiendo perfectamente que exista una discusión sobre la transparencia de una colaboración publicitaria o sobre cómo han sido entrenados los modelos utilizados para generar imágenes y vídeo. Ahí existen preguntas legítimas. Lo que me cuesta bastante más entender es la idea de que un filmmaker deje de serlo por utilizar inteligencia artificial.
Un filmmaker lleva décadas usando herramientas para trabajar menos
El cine y la creación audiovisual nunca han consistido en hacerlo absolutamente todo desde cero. Se utilizan vídeos de stock, bancos de sonido, LUTs, presets, Photoshop, After Effects, plugins, estabilización automática, seguimiento de objetos, eliminación digital de elementos, chroma, CGI y cientos de herramientas diseñadas precisamente para conseguir resultados que de otra manera exigirían mucho más tiempo, dinero o personas.
Un creador que utiliza After Effects para construir una escena que no podría grabar físicamente no deja de ser creador. Tampoco dejamos de considerar fotógrafo a alguien porque utilice Photoshop para eliminar un objeto del fondo. La IA generativa lleva esta lógica mucho más lejos porque permite hacer en minutos cosas que hasta hace muy poco podían necesitar días de trabajo, y precisamente por eso resulta tan disruptiva.
Pero que sea más sencillo no significa que sea magia. Cualquiera que haya intentado generar imágenes o vídeos de cierta calidad sabe que conseguir algo aceptable puede ser fácil, mientras que conseguir exactamente lo que tienes en la cabeza es bastante diferente. Hay que saber qué quieres, elegir tomas, mantener estilos, corregir errores, controlar movimientos, montar las secuencias y decidir qué merece quedarse y qué no. La herramienta puede hacer una parte enorme del trabajo técnico, pero la intención sigue teniendo que venir de algún sitio.
No es lo mismo ahorrar trabajo que eliminar al creador
Aquí estamos confundiendo dos fenómenos. Puedes pedir a una inteligencia artificial que genere cientos de publicaciones, programarlas automáticamente y llenar una web o una red social sin que nadie haya pensado demasiado en ellas. Técnicamente habrá contenido nuevo, pero difícilmente habrá algo interesante que contar.
También puedes tener una idea para un vídeo, diseñar cómo quieres que sea, utilizar IA para generar elementos que antes habrías comprado en un banco de imágenes o encargado a un especialista en CGI, mezclarlos con material grabado por ti y editar todo hasta conseguir el resultado que buscabas. En ambos casos se ha utilizado IA, pero el proceso creativo no tiene nada que ver.
Por eso me parece peligroso convertir la etiqueta “hecho con IA” en sinónimo automático de contenido malo. Podemos terminar castigando precisamente algunos de los usos más interesantes de la tecnología mientras seguimos sin resolver el verdadero problema: la producción industrial de contenido diseñado únicamente para ocupar espacio y conseguir clics.
Es una discusión que encaja además con algo que estamos viendo en otros terrenos. En Hefestec hemos hablado de cómo los agentes de IA empiezan a tomar decisiones cada vez más complejas y de cómo la batalla por la inteligencia artificial va mucho más allá de la aplicación que utilizamos. Cuanto más se integra la IA en todo el proceso digital, menos útil resulta dividir el mundo simplemente entre “hecho por humanos” y “hecho por máquinas”.
La desconfianza existe, pero no es exactamente un rechazo a todo
Eso no significa que el cansancio que estamos viendo sea inventado. Los primeros datos del Bentley-Gallup Business in Society Report 2026 muestran que el 73% de los estadounidenses confía poco o nada en que las empresas utilicen la inteligencia artificial de forma responsable. Entre las personas de 18 a 29 años, la cifra sube hasta el 79%.
El mismo estudio ofrece un matiz especialmente interesante para esta discusión: los usuarios son más receptivos cuando la IA sirve para apoyar la creatividad que cuando parece sustituir directamente a las personas. También muestra que el 49% tiene una opinión negativa sobre el uso de IA para crear publicidad, frente a solo un 19% que lo valora positivamente.
Quizá precisamente por eso empezamos a distinguir mejor cuándo la IA aporta algo y cuándo simplemente se utiliza para producir más, más rápido y más barato. La resistencia que estamos viendo podría no ser realmente una resistencia contra la inteligencia artificial, sino contra la pérdida de autenticidad que estamos asociando a determinados usos de ella.
El problema no es que una máquina haya ayudado
Dentro de unos años probablemente resulte bastante difícil encontrar contenido digital en el que no haya participado alguna forma de inteligencia artificial. Una cámara corregirá automáticamente una imagen, el programa de edición reconstruirá una parte del escenario, un modelo eliminará ruido del audio, otro generará algunos fotogramas y una herramienta ayudará a preparar subtítulos, traducciones o efectos.
Preguntar simplemente si algo ha utilizado IA puede terminar siendo tan poco útil como preguntar hoy si una fotografía ha pasado por Photoshop. La cuestión importante será otra: qué aportó la persona que estaba detrás.
Si existe una idea, una intención, criterio y decisiones creativas, me importa bastante menos qué herramientas se utilizaron para llegar hasta el resultado final. Si detrás solamente existe un sistema diseñado para fabricar mil publicaciones al día, tampoco me importa demasiado que una persona haya pulsado el botón.
Quizá esa sea la frontera que tendremos que aprender a distinguir ahora que la primera fascinación por la inteligencia artificial empieza a desaparecer: no entre contenido humano y contenido generado mediante IA, sino entre contenido que tiene algo que aportar y contenido que simplemente existe porque ahora producirlo cuesta casi nada.