Hay un momento en el que, si vas demasiado rápido, dejas de escuchar el sonido de tus propios pasos. Y eso es un problema, porque cuando no escuchas tus pasos, tampoco sabes hacia dónde estás yendo. Yo llevaba meses así. Publicando cuando podía, grabando cuando debía, intentando no quedarme atrás en un sector que parece un tren bala sin frenos. Y en ese ruido, en esa sensación de estar “cumpliendo” más que disfrutando, me di cuenta de algo que no quería aceptar: me estaba alejando del origen de Hefestec. Y, sin querer, me estaba alejando también de mí.