El deportivo anunciado en 2017 vuelve con propulsores, acrobacias y una previsión de producción para 2028. La demostración impresiona; el calendario sigue sin estar a la altura de las promesas.
Tesla ha conseguido que la conversación sobre el Roadster vuelva a girar alrededor de lo que puede hacer un coche. En su presentación del 15 de octubre en Texas, ya madrugada del 16 en España, el deportivo subió por una estructura curva, circuló boca abajo y realizó maniobras en el aire. La colaboración con SpaceX ha dado lugar a una demostración difícil de ignorar, incluso para quienes llevan años desconfiando de los anuncios de Elon Musk.
El problema aparece cuando apartamos la vista de la rampa y miramos el calendario. La previsión de producción apunta ahora a 2028, frente a las primeras entregas prometidas para 2020. El calendario se ha desplazado ocho años y todavía no hay una fecha concreta para recibir el coche. El coche ha aprendido a hacer piruetas antes de llegar a los garajes de quienes lo reservaron.


Los propulsores funcionan mejor que las fechas
La demostración del Roadster combina dos ideas que conviene separar: aumentar el agarre del coche contra la superficie y generar empuje sin depender exclusivamente de los neumáticos. Hay ingeniería detrás de las acrobacias, aunque una exhibición en un recinto preparado no permite evaluar todavía el comportamiento del producto final.
La tecnología combina sistemas que cumplen tareas distintas. Los ventiladores extraen aire de los bajos para aumentar la fuerza que mantiene el vehículo pegado a la superficie, incluso cuando no avanza. A diferencia de un alerón convencional, el sistema no necesita ganar velocidad para empezar a generar esa carga. Los propulsores de gas frío expulsan gas a presión para generar empuje: pueden ayudar a acelerar y, en la configuración más extrema, a elevar y orientar el coche.
Es una propuesta mucho más compleja que la de un deportivo eléctrico convencional. También abre preguntas sobre duración de las maniobras, mantenimiento, condiciones de utilización y disponibilidad que una pirueta, por vistosa que resulte, no contesta.


Tres configuraciones para un coche que sigue pendiente
La web oficial de Tesla distingue una configuración Performance y dos mejoras opcionales denominadas Thrust y Rocket. La distinción importa porque las capacidades aéreas están reservadas a la configuración más extrema.
| Configuración | Plazas | Propuesta |
|---|---|---|
| Performance | 2 | Orientada a carretera y circuito, con aerodinámica activa y sistema de succión. |
| Thrust | 2 | Añade propulsores traseros; Tesla anuncia menos de un segundo en el 0–60 mph. Disponibilidad limitada. |
| Rocket | 1 | Incorpora propulsores alrededor del vehículo para generar movimientos aéreos. Solo por invitación. |
Los 60 mph equivalen a unos 97 km/h: Tesla está anunciando esa aceleración, no un tiempo de 0 a 100 km/h. También hay que separar el modelo de carretera de la variante con capacidad aérea: Tesla advierte expresamente de que Rocket no está aprobada para circular por vías públicas y de que no estará disponible en todas las regiones.


Quien reserve un Performance no está comprando automáticamente las capacidades aéreas mostradas en la presentación. Compartir nombre y diseño no convierte las tres configuraciones en productos equivalentes.


Algunos adelantaron el precio completo en 2017
La espera tiene otra dimensión cuando recordamos cuánto dinero se pidió a los compradores. El Roadster original se anunció con un precio base de 200.000 dólares y una reserva de 50.000 dólares. Para la Founders Series, limitada a 1.000 unidades, se pedían 250.000 dólares por adelantado: todo el precio anunciado.
No sabemos cuántos compradores mantienen una reserva desde 2017, y ha habido cancelaciones. Pero las condiciones originales muestran el compromiso que Tesla pidió a sus clientes: algunos podían adelantar el importe completo de un vehículo que debía llegar en 2020.
Ahora vuelve a aceptar anticipos. Según la información actualizada de Reuters, las reservas son de 50.000 dólares para Performance y 250.000 para Thrust; Rocket queda por invitación. Esas cantidades son depósitos, no precios finales confirmados. Tampoco sirven para atribuir un precio en euros al mercado español.
Hay una diferencia sustancial entre pagar por una máquina extraordinaria y adelantar dinero sin conocer todavía el coste definitivo ni una fecha concreta de entrega. Después de lo ocurrido con el calendario anterior, ese detalle merece tanta atención como los propulsores.
Hacerlo más ambicioso no borra lo prometido
El desarrollo del Roadster ha quedado relegado mientras Tesla daba prioridad a otros vehículos. A la vez, el proyecto ha cambiado de alcance hasta incorporar tecnología de SpaceX y capacidades que van mucho más allá del deportivo mostrado en 2017. Son factores que ayudan a entender la transformación, pero no explican por sí solos cada plazo incumplido.
Esa evolución puede justificar trabajo adicional, pero no resuelve por sí sola los compromisos anteriores. Si una empresa decide ampliar lo que está desarrollando, también le corresponde explicar cómo afecta a quienes reservaron el producto original. El espectáculo permite ver hasta dónde quiere llegar Tesla; no sustituye esa explicación.
El aplazamiento de la presentación de este año es una cuestión distinta del retraso comercial. Lo relevante para quien reservó no es que la exhibición se haya movido unas semanas, sino que el plazo de entrega de 2020 haya dado paso a un objetivo de producción para 2028. Empezar a fabricar tampoco equivale a entregar todos los pedidos.


El Roadster puede acabar siendo una máquina excepcional, y reconocer el mérito técnico de lo mostrado es compatible con exigir respuestas sobre su comercialización. Tesla ya ha demostrado que puede levantar el coche del suelo; ahora le queda concretar cuánto costará, en qué condiciones podrá utilizarse y cuándo lo recibirán sus clientes. Para quienes llevan años esperando, esa sería la maniobra que de verdad justificaría el aplauso.