Después de probar el Xiaomi 17, el Xiaomi 17T Pro me ha parecido casi la respuesta a todo lo que menos me convenció de aquel modelo. Aquí hay mucha más batería, el calor está bastante mejor controlado y, sobre todo, la sensación general es la de estar ante un teléfono mucho más redondo.
No es el típico móvil que intenta ganarte con una única característica espectacular. De hecho, su principal virtud es justo la contraria: cuesta encontrar un apartado importante en el que realmente falle. La pantalla está a muy buen nivel, el rendimiento no plantea problemas, la autonomía es excelente y las cámaras son buenas, aunque aquí sí tengo bastante que decir sobre el tratamiento de imagen de Xiaomi y Leica.
También me ha recordado mucho al Oppo Find X9 Pro por planteamiento, tamaño y filosofía. Son teléfonos grandes, ambiciosos y pensados para ofrecer prácticamente todo sin entrar todavía en el territorio más extremo de los modelos Ultra. Y, después de convivir con este Xiaomi, tengo bastante claro que es el modelo de la gama alta de la marca que yo miraría antes de dar el salto al Ultra.

Un móvil grande que, al menos, aprovecha su tamaño
El Xiaomi 17T Pro no intenta esconder lo que es. Con una pantalla AMOLED de 6,83 pulgadas, 219 gramos de peso y 8,25 mm de grosor, estamos ante un teléfono grande y con bastante presencia en la mano. Si buscas algo compacto o especialmente ligero, este no va a ser tu sitio.
Ahora bien, hay una diferencia importante entre cargar con un móvil grande porque sí y hacerlo porque ese volumen se aprovecha. Aquí Xiaomi utiliza ese espacio para meter una batería enorme, un sistema de refrigeración más serio y un conjunto de cámaras bastante completo. Eso no hace desaparecer los 219 gramos, pero sí consigue que tengan más sentido.

En construcción también transmite lo que espero de un gama alta. Se siente sólido, bien rematado y sin esa impresión de estar pagando mucho dinero por un teléfono que luego resulta demasiado ligero o endeble. Personalmente preferiría que pesara algo menos, pero durante estas semanas el tamaño me ha molestado menos de lo que esperaba porque el resto de la experiencia compensa bastante bien.
La pantalla ayuda. Xiaomi monta un panel AMOLED de 6,83 pulgadas con resolución 1.5K de 2772 × 1280 píxeles y una frecuencia de actualización de hasta 144 Hz. Sobre el papel hay cifras de sobra, pero lo importante es que en el día a día la pantalla simplemente funciona como debe hacerlo una pantalla de gama alta: se ve muy bien, responde rápido y no me ha dado motivos para pensar en ella mientras utilizaba el teléfono. Y eso, en este nivel de precios, casi es el mejor cumplido posible.

La diferencia con el Xiaomi 17 está en cómo se comporta
El MediaTek Dimensity 9500, acompañado de memoria LPDDR5X y almacenamiento UFS 4.1, deja poco espacio para las sorpresas en rendimiento. Todo lo que le he pedido lo ha hecho con normalidad: aplicaciones, multitarea, cámara, edición, juegos y el uso cotidiano del sistema. No he sufrido ralentizaciones ni he tenido esa sensación de que el teléfono estuviera peleándose consigo mismo cuando le exigía algo más.
Sin embargo, lo que más me importa no es que sea rápido. A estas alturas, casi cualquier gama alta debería serlo. Lo que realmente he notado es que gestiona mucho mejor el calor que el Xiaomi 17, y eso cambia bastante la percepción del producto.
Con el 17 hubo momentos en los que la temperatura me hizo más consciente del hardware de lo que me habría gustado. Con el 17T Pro eso ocurre bastante menos. Xiaomi utiliza su sistema de refrigeración 3D IceLoop y, más allá del nombre comercial, mi experiencia ha sido la de un móvil capaz de mantener un rendimiento alto sin convertirse continuamente en una pequeña estufa.
Ese detalle, sumado a una autonomía mucho mejor, es precisamente lo que hace que este modelo me parezca más maduro. No necesito que un teléfono me recuerde constantemente lo potente que es; prefiero que esa potencia esté ahí y que yo pueda olvidarme de ella.

Los 7.000 mAh cambian la forma de usarlo
La batería es probablemente el argumento que más ha pesado durante la prueba. Xiaomi ha metido una batería de silicio-carbono de 7.000 mAh y aquí la cifra sí tiene una traducción muy clara en el uso real: he dejado de mirar el porcentaje de batería con la frecuencia con la que lo hago en otros móviles.
En jornadas tranquilas, con mensajería, redes sociales, navegación, algunas fotos y bastante tiempo en espera, puede convertirse perfectamente en un teléfono de dos días. Pero donde de verdad he agradecido esa reserva no es sentado en casa, sino en días largos fuera: viajes, mapas, cámara, datos móviles, Bluetooth, llamadas y horas de pantalla sin saber exactamente cuándo voy a volver a encontrar un enchufe.
Ahí es donde una batería grande deja de ser una cifra para convertirse en tranquilidad. Y, después de venir del Xiaomi 17, la diferencia se nota todavía más. El 17T Pro aguanta mejor y, sobre todo, me obliga mucho menos a pensar en cómo estoy utilizando el teléfono para llegar al final del día.
Cuando toca cargarlo, Xiaomi tampoco se queda corto: admite carga de 100 W por cable y 50 W inalámbrica. También puede entregar hasta 22,5 W mediante carga inversa por cable, un extra que puede parecer secundario hasta que necesitas darle batería a unos auriculares, otro móvil o cualquier accesorio lejos de un enchufe.
¿Preferiría tener esta autonomía en un teléfono de 190 gramos? Por supuesto. Pero si tengo que escoger, prefiero asumir algo más de peso y olvidarme bastante más del cargador.
La cámara es buena; el problema es que ya no me convence tanto su estilo
Sobre el papel, el sistema fotográfico está muy bien planteado. Tenemos una cámara principal de 50 megapíxeles con sensor Light Fusion 950 y estabilización óptica, un teleobjetivo periscópico de 50 megapíxeles equivalente a 115 mm y un ultra gran angular de 12 megapíxeles. Es, además, un sistema firmado por Leica, una colaboración que Xiaomi lleva tiempo utilizando como una parte importante de su identidad fotográfica.

Y aquí conviene separar dos cosas. Las cámaras son buenas. Hay detalle, no he encontrado problemas preocupantes de ruido ni aberraciones que me hagan desconfiar del conjunto y, técnicamente, el resultado está perfectamente a la altura de un teléfono de este nivel.
Mi problema es más personal: cada vez me convence menos el aspecto que Xiaomi y Leica están dando a algunas fotografías. Ese contraste tan marcado, las sombras profundas y la búsqueda de una imagen con una personalidad muy reconocible pueden resultar atractivos al principio, pero después de utilizar varios Xiaomi me empiezan a cansar.

No creo que esto convierta al 17T Pro en un mal móvil para hacer fotos. Sería una conclusión injusta. Lo que ocurre es que a veces siento que el teléfono tiene demasiado interés en enseñarme cómo quiere Leica que vea la escena y demasiado poco en enseñármela como yo la estaba viendo.
Hay quien va a adorar precisamente eso. Las imágenes tienen carácter y una estética reconocible, y entiendo perfectamente que para algunos usuarios sea incluso un argumento de compra. En mi caso, cada vez valoro más un procesamiento algo más neutro, especialmente cuando quiero que una foto se parezca a lo que tenía delante.

El zoom mejora, pero todavía no es una referencia
El teleobjetivo de 115 mm es una de las mejoras que más agradezco frente al Xiaomi 17. Xiaomi permite llegar digitalmente hasta 120 aumentos con AI Ultra Zoom, pero esa cifra me parece mucho menos interesante que lo que sucede en los aumentos que realmente vas a utilizar.
Y ahí el resultado es bueno. El zoom del 17T Pro me parece claramente mejor que el del Xiaomi 17, permite jugar bastante más con el encuadre y hace que el sistema de cámaras sea más versátil. No es el mejor teleobjetivo que he probado y todavía hay margen para que Xiaomi dé otro paso adelante, pero ya no tengo la sensación de estar ante un apartado que desentona con el resto del teléfono.
HyperOS funciona bien, aunque siga sin ser mi capa favorita
Con HyperOS me ocurre algo parecido a lo que me pasa con el procesado de Leica: el problema no es que funcione mal, sino que no termina de encajar del todo con mis preferencias.
La capa ofrece una cantidad enorme de opciones, personalización, herramientas propias de Xiaomi y cada vez más funciones relacionadas con inteligencia artificial. Durante la prueba no he sufrido cierres extraños, fallos graves ni problemas que me hagan poner en duda la estabilidad del sistema. También he recibido actualizaciones mientras utilizaba el teléfono.

Así que mi crítica no va por ahí. Simplemente sigo prefiriendo capas algo más limpias y coherentes visualmente. HyperOS me da muchas posibilidades, pero también me recuerda con frecuencia que hay muchas posibilidades, y yo cada vez valoro más que el software se aparte cuando no lo necesito.

La otra cuestión es el largo plazo. Este hardware tiene potencia y batería para durar bastante tiempo, así que más que preocuparme por cómo funciona hoy, me interesa comprobar cómo mantiene Xiaomi el ritmo de actualizaciones y soporte durante los próximos años.
El precio hace que todo encaje mejor
El Xiaomi 17T Pro llegó a España con precios oficiales de 899,99 euros para la versión de 256 GB, 999,99 euros para la de 512 GB y 1.099,99 euros para la de 1 TB. No son cifras bajas, pero tampoco resultan extrañas en una gama alta que lleva años empujando la barrera de los 1.000 euros.
La parte interesante es que Xiaomi ya ha aplicado promociones importantes sobre esas tarifas. La propia marca ha llegado a rebajar oficialmente algunas configuraciones, de modo que la lectura del 17T Pro cambia bastante cuando se mueve claramente por debajo de su PVP.
Y es entonces cuando este teléfono empieza a resultar especialmente difícil de ignorar. No porque sea mejor en todo que los modelos más caros, sino porque la distancia en experiencia real puede ser bastante menor que la distancia en precio. Tiene una pantalla excelente, rendimiento de sobra, una autonomía que sí marca diferencias, carga rápida e inalámbrica, un sistema de cámaras muy competente y un comportamiento térmico que me ha convencido mucho más que el del Xiaomi 17.
Ese es probablemente el mejor argumento del 17T Pro: no necesita ganar cada comparativa para que el conjunto tenga muchísimo sentido.
Este es el Xiaomi que yo miraría antes de irme al Ultra
Después de utilizarlo, no me quedo con una función concreta del Xiaomi 17T Pro. Me quedo con la sensación de que Xiaomi ha hecho un teléfono en el que casi todo está donde debería estar. Es grande y pesado, HyperOS sigue sin ser mi capa favorita, el procesado de Leica me resulta cada vez menos natural y el teleobjetivo todavía puede mejorar. Pero ninguno de esos puntos ha terminado condicionando negativamente mi experiencia.
Todavía tengo pendiente probar el Xiaomi 17 Ultra, así que no tendría sentido fingir una comparación que aún no puedo hacer. Lo que sí puedo comparar es el Xiaomi 17 con este 17T Pro, y ahí mi preferencia es bastante clara.
Me quedo con el Xiaomi 17T Pro. No porque tenga una característica destinada a protagonizar anuncios, sino porque tiene más batería, se calienta menos, mejora el zoom y, en general, hace que me preocupe bastante menos por el teléfono mientras lo estoy utilizando. Para mí, eso vale más que otra cifra espectacular en una ficha técnica.

































































































































