Durante años, hablar de tecnología china en Europa casi siempre llevaba a la misma conversación: productos parecidos a los occidentales, fabricados más rápido y vendidos más baratos. Esa descripción sirvió durante un tiempo, pero ya no alcanza para explicar lo que estamos viendo en 2026. IFA lo está dejando especialmente claro, porque China no ha llegado a Berlín solo con volumen, sino con una ambición tecnológica mucho más amplia.
En los pabellones aparecen móviles con chips propios, robots humanoides, vehículos eléctricos, sistemas completos para el hogar y aceleradores de inteligencia artificial. Lo relevante no es únicamente la cantidad de marcas chinas presentes, sino que muchas de ellas están intentando controlar cada vez más partes del producto y competir en categorías que hace pocos años seguían dominadas por empresas estadounidenses, europeas, japonesas o coreanas.
IFA ya no es solo un escaparate europeo
La propia escala de la presencia china sirve para entender el cambio. IFA 2026 reúne más de 1.900 expositores y una parte muy importante procede de China, pero el dato interesante está en el tipo de productos que enseñan. XPeng, por ejemplo, no ha venido solamente a mostrar coches: ha llevado su robot humanoide IRON y un concepto de vehículo volador modular, dos áreas que mezclan movilidad, robótica e inteligencia artificial.
En Hefestec ya contamos que XPeng quiere empezar a producir en serie su humanoide IRON. Dreame, por su parte, intenta dejar de ser percibida como una simple marca de robots aspiradores y amplía su catálogo hacia jardín, cuidado personal, mascotas y otros ámbitos del hogar. Tuya hace algo parecido desde el software y la domótica, mientras NAVEE prueba suerte con exoesqueletos además de movilidad urbana.
El patrón empieza a repetirse: muchas compañías chinas no parecen interesadas en dominar un único producto, sino en ocupar ecosistemas enteros antes de que esas categorías terminen de definirse.
El smartphone resume mejor que nadie esta transición
El móvil sigue siendo uno de los mejores lugares para observar el cambio. Huawei y Xiaomi han aprovechado estas semanas para enseñar nuevos plegables en China, pero el detalle verdaderamente importante no está en la bisagra. Está en el silicio.
Huawei ha presentado el Mate XT2 y Xiaomi el Xiaomi 18 Fold, este último con el XRING O3, un chip diseñado por la propia compañía. Xiaomi asegura que su nuevo procesador puede superar al A19 Pro de Apple en determinadas cargas; esa afirmación tendrá que comprobarse de forma independiente, pero estratégicamente el movimiento ya dice mucho. La compañía quiere reducir su dependencia de Qualcomm y controlar más partes del producto, desde el diseño industrial y las cámaras hasta el sistema operativo, la IA y, cada vez más, el procesador.
Huawei lleva años recorriendo ese camino por necesidad después de las restricciones estadounidenses. Xiaomi parece estar intentando hacerlo por elección, antes de encontrarse en una situación parecida. En ambos casos, la dirección es la misma: cuanto más controlas la cadena tecnológica, menos dependes de decisiones ajenas.
La siguiente batalla está en los chips de IA
Durante buena parte de la explosión de la inteligencia artificial parecía existir una regla casi inmutable: si querías entrenar o ejecutar modelos avanzados, necesitabas Nvidia. En China esa regla empieza a romperse lentamente. Reuters sitúa la cuota de Nvidia en el mercado chino de aceleradores de IA en torno al 55%, muy lejos de la posición casi monopolística que llegó a tener.
Huawei es la alternativa más visible, pero no la única. Enflame, Moore Threads, MetaX y Biren forman parte de una nueva generación de fabricantes que intentan construir tanto el hardware como el software necesario para reducir la dependencia de Nvidia. El gran problema no es fabricar una GPU, sino competir con CUDA, porque el verdadero foso de Nvidia está en las herramientas, bibliotecas y desarrolladores que ha acumulado durante años.
Por eso iniciativas destinadas a facilitar la migración de código CUDA hacia otras arquitecturas son tan importantes. China no necesita crear una copia exacta de Nvidia; necesita construir una alternativa suficientemente buena para su propio mercado y suficientemente cómoda para que los desarrolladores la adopten.
Los robots muestran dónde se está construyendo capacidad industrial
La robótica humanoide suele llamar la atención por los vídeos de máquinas bailando, corriendo o haciendo acrobacias, pero detrás de esa capa de espectáculo hay una industria que está empezando a ganar escala. Según datos recogidos por Reuters, China concentró alrededor del 95% de los envíos globales de robots humanoides en 2025, aunque conviene recordar que el mercado sigue siendo pequeño frente a otras categorías de electrónica.
Lo importante es que esa producción obliga a desarrollar motores, articulaciones, sensores, baterías, controladores y experiencia industrial. Esa infraestructura termina abaratando no solo los humanoides, sino también exoesqueletos, robots domésticos y otras máquinas autónomas. Es la misma lógica que vimos antes con los coches eléctricos: primero se construye la cadena de suministro y después llegan el volumen, la iteración rápida y la bajada de precios.
El precedente del coche eléctrico importa
Durante años las marcas chinas fueron tratadas en Europa como fabricantes secundarios. Hoy BYD compite de tú a tú con gigantes históricos y sus ventas internacionales siguen creciendo con enorme rapidez. No ocurrió de un día para otro: China pasó años construyendo capacidad en baterías, motores eléctricos, electrónica de potencia y producción a gran escala.
Ahora muchas de esas mismas ventajas empiezan a trasladarse a robots, inteligencia artificial, semiconductores y hogar inteligente. No significa que China vaya a dominar todas esas categorías, pero sí que dispone de una combinación muy potente de capital, industria, proveedores y mercado interno para iterar más rápido que muchos rivales.
Decir que China “está por encima de todos” sería demasiado simple
El cambio es real, pero conviene no sustituir un tópico por otro. Estados Unidos conserva una enorme ventaja en modelos de IA, software, diseño de chips y plataformas digitales. Taiwán sigue siendo fundamental en la fabricación de semiconductores avanzados; Corea del Sur mantiene posiciones críticas en memoria; y Europa conserva fortalezas industriales y científicas muy concretas.
China, además, sigue teniendo dependencias importantes en determinadas fases de fabricación avanzada, junto a problemas de consumo interno, exceso de capacidad y tensiones comerciales. La cuestión no es que haya “superado” al resto del mundo en bloque, sino que ha dejado de ser únicamente la fábrica de la tecnología mundial para intentar convertirse también en uno de sus principales laboratorios.
Shenzhen empieza a compartir protagonismo con Silicon Valley
Quizá la imagen más reveladora ni siquiera está dentro de IFA. Reuters ha contado cómo empresarios, inversores y ejecutivos extranjeros están pagando viajes organizados a China para visitar fábricas de robots, vehículos eléctricos e inteligencia artificial. Durante décadas, el peregrinaje tecnológico casi obligatorio era Silicon Valley; ahora Shenzhen también se ha convertido en una parada clave.
Eso no significa que el centro de la innovación mundial se haya trasladado de California a China. Significa que ya no existe un único centro y que la siguiente generación tecnológica se está construyendo simultáneamente en varios polos. IFA 2026 funciona como una buena fotografía de ese cambio: China ya no quiere limitarse a fabricar productos para otros, quiere decidir qué productos vienen después.
Fuentes: Reuters sobre Huawei y Xiaomi, Reuters sobre chips chinos de IA, Reuters sobre robótica humanoide y Reuters sobre el nuevo turismo tecnológico hacia China.