Publicado en

Vi las nuevas teles de LG viendo el partido de España y entendí mejor lo que quiere vender la marca

Hay eventos de tecnología en los que sales con una lista de especificaciones, nombres comerciales y promesas más o menos previsibles. Y luego hay otros en los que la marca intenta que entiendas el producto de una forma más sencilla: no como una tabla de datos, sino como una experiencia. El LG Innovation Day fue más de lo segundo.

LG celebró sus 30 años en España enseñando algunas de sus apuestas para los próximos meses: televisores OLED, pantallas QNED, soluciones profesionales, sonido, monitores para gaming y productividad, y una nueva generación de LG gram que la marca quiere colocar en un lugar bastante claro: el del portátil ligero, premium y preparado para una forma de trabajar mucho más móvil.

Sobre el papel, el evento podía haberse contado como una presentación más de producto. Tres décadas de innovación, nuevas teles, nuevos monitores, nuevos portátiles y esa frase inevitable de que la tecnología está para hacernos la vida más fácil. Pero lo interesante, al menos para mí, estuvo en cómo LG intentó unirlo todo. La marca no habló solo de televisores. Tampoco solo de portátiles. Habló de casa, de trabajo, de ocio, de deporte, de imagen, de sonido y de esa tecnología que no siempre se luce como protagonista, pero que acaba metida en casi todos los momentos del día.

Y quizá por eso tuvo sentido que, después de la presentación, viéramos el partido de España en sus televisores. Porque una tele no se entiende del todo en una demo perfecta, con un vídeo elegido para enseñar negros profundos, colores imposibles y escenas espectaculares. Una tele se entiende cuando hay fútbol, movimiento, comentarios alrededor, sonido llenando una sala y gente mirando la pantalla como la miraría en casa.

LG sigue queriendo que la tele sea el centro del salón

La televisión lleva años viviendo una contradicción curiosa. Técnicamente es mejor que nunca, pero emocionalmente compite contra demasiadas pantallas. El móvil se ha quedado con los ratos muertos. La tablet se ha quedado con parte del consumo cómodo. El portátil se ha convertido en tele improvisada para mucha gente. Y aun así, cuando quieres ver algo de verdad, cuando hay una final, una película, una serie importante o un partido que reúne a varias personas, la tele sigue teniendo algo que ninguna otra pantalla consigue del todo.

LG lo sabe. Y por eso sigue apoyándose en el OLED como una de sus grandes banderas. La marca presume de llevar trece años liderando esta tecnología y de haberla llevado desde aquellos primeros paneles de negros puros hasta generaciones más avanzadas con menos reflejos, diseños más limpios, modelos inalámbricos e incluso pantallas transparentes.

El discurso puede sonar muy de marca, sí, pero hay una parte que se entiende muy bien cuando ves una buena tele en contexto: la calidad de imagen ya no va solo de que algo se vea “bonito”, sino de que la pantalla moleste menos.

Reflejos, brillo, contraste, sonido, fluidez, integración con el contenido, facilidad para moverse entre apps. Todo suma. En casa no miramos una televisión con una sonda de calibración al lado. La miramos con luz entrando por la ventana, con gente pasando por delante, con una consola conectada, con Netflix abierto, con YouTube de fondo o con un partido en el que el balón no puede convertirse en una mancha borrosa cada vez que hay una contra.

Ahí es donde LG intenta mantener su posición: no solo vendiendo paneles mejores, sino defendiendo que la experiencia del salón sigue teniendo valor. Y eso, en una época en la que todo parece empujarnos hacia pantallas individuales, tiene más sentido del que parece. De hecho, conecta bastante con esa idea de que estamos entrando en una era de hardware más invisible, donde la tecnología no siempre quiere llamar la atención, sino integrarse mejor en lo que hacemos.

Imagen, sonido y esa tecnología que aparece también fuera de casa

Otro punto interesante del evento fue que LG no se quedó en la tele doméstica. La compañía habló también de pantallas LED profesionales, tecnologías como QNED y MRGB, soluciones para hoteles, espacios comerciales y estadios. De hecho, la marca recordó su presencia en algunos de los grandes recintos del país, como el Metropolitano, el Roig Arena o Plaza Mahou dentro del Bernabéu.

Esto puede sonar menos atractivo que una OLED nueva para el salón, pero dice bastante sobre hacia dónde se mueve la pantalla. La pantalla ya no es solo un aparato que compras para casa. Es una infraestructura visual. Está en el estadio, en el hotel, en una tienda, en una oficina, en un aeropuerto, en un evento, en un restaurante o en cualquier lugar donde una marca quiere ordenar la atención de la gente.

Y aquí LG tiene una lectura bastante clara: la imagen no vive solo en el entretenimiento. Vive también en la experiencia. En cómo se ve un partido desde un estadio, en cómo se orienta una persona dentro de un espacio, en cómo una tienda presenta un producto o en cómo una empresa convierte una sala de reuniones en algo más que una mesa con cables.

El sonido también tuvo su parte. LG habló de Dolby Atmos y de sistemas como Sound Suite, que buscan reforzar esa sensación de experiencia completa. Porque una de las cosas que muchas veces se nos olvida al hablar de teles es que no compramos solo imagen. Compramos ambiente. Y si el sonido no acompaña, la mitad de la experiencia se cae.

No es casualidad que LG presente todo esto dentro de un discurso más amplio de hogar, ocio y entorno profesional. La casa conectada lleva años prometiendo inteligencia, pero muchas veces se ha quedado en aparatos conectados que no terminan de entenderse entre ellos. Algo parecido contaba en Tu casa inteligente no era inteligente: solo estaba conectada. En el caso de LG, la idea pasa por que la pantalla, el sonido, el portátil y el resto del ecosistema no parezcan piezas sueltas, sino partes de una misma experiencia.

Los monitores son la otra parte de la historia

También hubo espacio para los monitores LG UltraGear, UltraWide y UltraFine. Y aquí la división es bastante clara: gaming, productividad y creación. LG habló del monitor OLED más rápido del mercado, de experiencias más inmersivas con el primer monitor gaming OLED 5K2K, de formatos ultrapanorámicos para trabajar con más espacio y de propuestas 6K para perfiles que necesitan precisión de imagen.

Me interesa especialmente esta parte porque los monitores viven una segunda juventud. Durante años parecían un accesorio casi aburrido: una pantalla más grande para conectar al ordenador. Ahora se han convertido en una pieza central del setup. Para jugar, para editar vídeo, para trabajar con varias ventanas, para teletrabajar, para escribir, para montar contenido, para tener una vida digital menos encajonada en 14 pulgadas.

En mi caso, cada vez tengo más claro que una buena pantalla cambia la forma de trabajar. Igual que un portátil ligero te invita a moverte más, un monitor amplio y cómodo te invita a ordenar mejor el caos. Y en una época en la que todos hablamos de IA, productividad y creación de contenido, a veces la mejora más real no está en una función futurista, sino en ver mejor lo que tienes delante.

También hay algo de madurez en todo esto. Durante años la tecnología parecía tener que demostrar potencia todo el tiempo. Más brillo, más ruido, más ventiladores, más números. Ahora muchas veces lo que más se agradece es justo lo contrario: que sea cómoda, estable y silenciosa. Es una idea que ya desarrollé en La nueva obsesión no es la potencia. Es el silencio, y que encaja muy bien con esta parte menos espectacular, pero más cotidiana, del evento.

Los LG gram también quieren tener más protagonismo

Más allá de las teles y los monitores, hubo otra familia de producto que LG quiso colocar en primer plano: los LG gram 2026. Y tiene sentido, porque la marca parece decidida a reforzar una idea muy concreta de portátil: equipos ligeros, resistentes, con buena autonomía y pensados para gente que ya no trabaja siempre desde el mismo sitio.

La nueva gama llega a España dividida en LG gram Pro, LG gram y LG gram Book. El modelo más ambicioso es el LG gram Pro 2026, que estrena Aerominum, una aleación de magnesio desarrollada por LG para reducir peso y mejorar la resistencia del chasis.

El dato que más llama la atención es el del gram Pro de 16 pulgadas: 1.199 gramos y hasta 27 horas de autonomía, según la compañía. En un portátil de 16 pulgadas, esa combinación sigue siendo bastante llamativa. Normalmente una pantalla grande implica aceptar más peso, más volumen y más pereza a la hora de meterlo en la mochila. Aquí LG intenta vender justo lo contrario: un equipo grande para trabajar cómodo, pero lo bastante ligero como para no pensártelo cada vez que sales de casa.

La marca también quiere meter estos equipos en la conversación de la inteligencia artificial. Los nuevos gram Pro pueden configurarse con 32 GB de RAM y procesadores Intel Core Ultra X9 y X7, con la idea de ejecutar modelos de IA directamente en el dispositivo y no depender siempre de servicios externos en la nube. Es una promesa que habrá que probar con calma, pero apunta a algo interesante: el portátil premium ya no se define solo por ser rápido, sino también por ser capaz de trabajar con IA de forma más privada y local.

Esto conecta con una pregunta que cada vez me interesa más: qué ordenador necesitamos realmente para la IA que viene. No solo por marketing, ni por tener una tecla nueva en el teclado, sino por memoria, refrigeración, autonomía y capacidad real para ejecutar tareas en local. En Qué ordenador necesitas para usar IA en local ya hablaba de esa diferencia entre promesa y uso real, y los gram Pro parecen querer meterse justo en esa conversación.

Además, los gram Pro incorporan paneles OLED, formato 16:10 y una nueva capa antirreflejos pensada para trabajar en entornos con luz complicada. No es un detalle menor. Hay portátiles con pantallas espectaculares que luego se vuelven un espejo en cuanto sales de una habitación controlada. Si LG consigue mantener calidad de imagen y comodidad visual, ahí puede tener un argumento muy real para profesionales, creadores y usuarios que viven moviéndose de un sitio a otro.

No creo que este artículo sea el sitio para hacer una lectura completa de los nuevos LG gram. Eso merece una pieza aparte. Pero sí me parece importante mencionarlos porque explican bien hacia dónde quiere ir LG: no solo ocupar el salón con sus televisores, sino también estar en la mochila, en el escritorio y en esa forma de trabajar cada vez más híbrida donde el ordenador tiene que pesar poco, aguantar mucho y molestar lo mínimo posible.

Y aquí tengo curiosidad real por probarlos. Después de haber usado portátiles como el ASUS ExpertBook Ultra o el MacBook Air M4, tengo bastante claro que el peso y la comodidad no son detalles secundarios. Son justo esas cosas que no siempre ganan titulares, pero que deciden si un ordenador se queda en la mesa o termina acompañándote de verdad.

LG quiere estar en todos los momentos, y eso tiene sentido

Lo que me llevo del LG Innovation Day no es solo una lista de productos. Es una especie de mapa de cómo LG quiere estar presente en diferentes escenas de la vida diaria: la tele del salón, el sonido del partido, el monitor del escritorio, el portátil de la mochila, la pantalla del estadio y el electrodoméstico que no se ve tanto, pero sostiene la casa.

Es una estrategia bastante coherente. LG no está intentando vender solo dispositivos sueltos, sino una forma de entender la tecnología como algo integrado en casa, en el trabajo y en el ocio. A veces esa idea puede sonar grandilocuente, pero cuando bajas al producto se entiende mejor. Una tele que se ve bien con fútbol. Un monitor que te da espacio para trabajar. Un portátil de 16 pulgadas que pesa 1.199 gramos. Un ecosistema profesional de pantallas para estadios, hoteles y espacios públicos. Todo va en la misma dirección.

Y quizá por eso ver el partido de España allí tuvo más sentido del que parecía. Porque al final la tecnología no se prueba solo mirando especificaciones. Se prueba viviendo con ella, aunque sea durante un rato. Una tele se entiende viendo fútbol. Un portátil se entiende cuando decides si te lo llevarías en la mochila. Un monitor se entiende cuando pasas horas delante. Y una marca se entiende cuando ves si todo lo que presenta forma parte de una idea o solo de un catálogo.

En el caso de LG, al menos en este evento, la idea estaba bastante clara: seguir defendiendo la imagen como territorio propio, reforzar el sonido y el entretenimiento, empujar el trabajo con monitores y portátiles, y convertir los gram en una de sus apuestas más serias para quienes ya no trabajan siempre desde el mismo sitio.

No hice fotos, que ya tiene delito. Pero quizá eso también me hizo estar más pendiente de lo que estaba contando la marca que de salir de allí con veinte imágenes para redes. Y lo que contaba era esto: LG quiere seguir ocupando el salón, sí, pero también quiere meterse con más fuerza en la mochila, en el escritorio y en todos esos espacios donde la tecnología ya no se presume tanto, simplemente se usa.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *