Samsung presenta tres nuevos plegables, relojes con más batería y una integración más profunda de Gemini, mientras AMD invierte miles de millones en Anthropic y un agente de OpenAI protagoniza un incidente de seguridad sin precedentes.
La presentación de Samsung ha dominado prácticamente toda la actualidad tecnológica de las últimas horas. La compañía ha renovado su familia de móviles plegables con los Galaxy Z Fold8, Fold8 Ultra y Flip8, ha presentado nuevos relojes y ha enseñado una integración de Gemini que empieza a parecerse bastante más a la inteligencia artificial que nos llevan prometiendo durante años.
Fuera del evento también han ocurrido movimientos importantes. AMD invertirá hasta 5.000 millones de dólares en Anthropic mientras la creadora de Claude se compromete a comprar una enorme cantidad de sus chips, un acuerdo que vuelve a poner sobre la mesa el extraño circuito financiero que sostiene parte del crecimiento de la inteligencia artificial.
Además, OpenAI ha reconocido que uno de sus agentes autónomos consiguió salir de un entorno de pruebas y acceder a los sistemas de Hugging Face. Por su parte, Estados Unidos ha ampliado sus restricciones tecnológicas para impedir la venta de dispositivos que incorporen componentes de determinadas empresas chinas.
Samsung quiere que los plegables dejen de parecer experimentos
Samsung ha presentado tres nuevos teléfonos plegables: Galaxy Z Fold8, Galaxy Z Fold8 Ultra y Galaxy Z Flip8. La principal novedad no está solamente en las especificaciones, sino en el intento de solucionar algunos de los problemas históricos de este tipo de dispositivos.
El Galaxy Z Fold8 estrena un formato más bajo y ancho que busca acercarse a las proporciones de un móvil convencional cuando está cerrado. El objetivo es evitar esa sensación alargada y estrecha que han tenido algunas generaciones anteriores y ofrecer una pantalla interior más cómoda para leer, jugar o ver vídeos. También se convierte en el Fold más ligero fabricado por Samsung, con un peso oficial de 201 gramos.
Por encima se sitúa el nuevo Galaxy Z Fold8 Ultra, el primer plegable de Samsung que adopta el apellido Ultra. Es el modelo pensado para competir en prestaciones con los mejores móviles tradicionales de la compañía, incluyendo una cámara principal de 200 megapíxeles, una pantalla interior de ocho pulgadas y una batería de 5.000 mAh.
Samsung también ha trabajado en uno de los grandes defectos de los plegables: el pliegue visible en el centro de la pantalla. La nueva estructura Flex Titanium refuerza el panel desde debajo y ayuda a reducir la marca producida por el mecanismo de doblado, aunque habrá que probar el teléfono para comprobar cuánto se nota realmente en el uso cotidiano.
El Galaxy Z Flip8 mantiene una filosofía más continuista. Samsung vuelve a apostar por un móvil pequeño cuando está plegado, pero con una pantalla exterior suficientemente grande como para consultar información, responder mensajes o utilizar algunas aplicaciones sin abrir el dispositivo.
Más batería, pero también precios más difíciles de justificar
Otra de las novedades importantes es la incorporación de baterías con mayor densidad energética. Samsung se suma así a una tendencia que ya estamos viendo en varios fabricantes chinos, capaces de introducir más capacidad sin aumentar demasiado el grosor o el peso de sus teléfonos.
El Fold8 alcanza los 4.800 mAh, mientras que el Fold8 Ultra sube hasta los 5.000 mAh. No son cifras revolucionarias si las comparamos con algunos móviles tradicionales, pero sí representan una mejora importante en una categoría donde el espacio interior está limitado por la bisagra y por las dos mitades del dispositivo.
La mejora tiene una contrapartida evidente: los nuevos plegables vuelven a moverse en una zona de precios reservada para muy pocos usuarios. El Fold8 parte de 1.899 dólares, el Fold8 Ultra alcanza los 2.099 dólares y el Flip8 sube hasta los 1.199 dólares en Estados Unidos. Samsung está consiguiendo que los plegables sean más ligeros, más resistentes y más utilizables, pero todavía no está logrando que resulten realmente accesibles.
La compañía parece asumir que el formato plegable seguirá siendo durante un tiempo una categoría premium. El problema es que, a esos precios, cada nueva generación necesita ofrecer algo más que pequeños retoques de diseño o unas cámaras ligeramente mejores.
Los Galaxy Watch atacan uno de sus mayores problemas
Samsung también ha presentado la nueva generación de sus relojes inteligentes. El cambio más importante se encuentra en el Galaxy Watch Ultra2, cuya batería crece hasta los 800 mAh, frente a los 590 mAh del modelo anterior.
El aumento resulta especialmente relevante porque la autonomía sigue siendo uno de los puntos débiles de los relojes con Wear OS. Mientras algunos dispositivos centrados en deporte pueden funcionar durante varios días o incluso semanas, los smartwatches más completos continúan obligando al usuario a cargar con demasiada frecuencia.
Los Galaxy Watch9 y Watch Ultra2 también profundizan en las funciones relacionadas con el seguimiento de la salud y la prevención. Samsung lleva varias generaciones intentando que sus relojes dejen de ser simples extensiones del teléfono y se conviertan en herramientas capaces de detectar cambios relevantes en nuestros hábitos o nuestro estado físico.
Gemini empieza a hacer cosas en lugar de limitarse a responder
La novedad más interesante del evento quizá no sea ninguno de los dispositivos, sino la evolución de Gemini. Google y Samsung han anunciado nuevas funciones capaces de realizar tareas entre más de 40 aplicaciones compatibles.
Esto permite encadenar acciones sin que el usuario tenga que abrir manualmente cada servicio. Gemini puede recopilar información, organizarla y utilizar distintas aplicaciones para completar una tarea más compleja, acercándose al concepto de agente que tantas compañías están intentando desarrollar.
Los nuevos plegables también incorporan Gemini Notebook, una función destinada a organizar investigaciones, resumir información y generar recursos a partir del contenido recopilado. La gran pantalla interior de los Fold resulta especialmente adecuada para este tipo de trabajo, porque permite mantener varias aplicaciones abiertas al mismo tiempo.
Samsung también ha mejorado Smart Switch para facilitar la llegada de usuarios procedentes del iPhone. Los dispositivos con iOS podrán escanear un código QR y transferir de forma inalámbrica contactos, fotografías, historial de llamadas, contraseñas, claves de acceso, datos de la eSIM y otros ajustes sin instalar una aplicación adicional.
Samsung y Google siguen preparando sus gafas inteligentes
El evento también ha servido para mostrar nuevos avances en las gafas inteligentes desarrolladas alrededor de Gemini. Samsung y Google trabajan con marcas como Gentle Monster y Warby Parker para conseguir diseños que se parezcan a unas gafas convencionales y no a un dispositivo tecnológico colocado sobre la cara.
La idea es que Gemini pueda acompañar al usuario durante todo el día, interpretar lo que tiene delante y ofrecer información mediante voz o pequeñas indicaciones. El éxito de las Ray-Ban Meta ha demostrado que existe interés por este formato, pero también que el diseño y la comodidad importan tanto como las capacidades de inteligencia artificial.
Google ha confirmado que Gemini también llegará a los Galaxy Watch y a próximos dispositivos de realidad extendida y gafas inteligentes. La estrategia parece clara: la inteligencia artificial ya no quiere vivir únicamente dentro del móvil, sino estar disponible en cualquier dispositivo que llevemos encima.
AMD invertirá 5.000 millones en uno de sus mayores clientes
Mientras Samsung enseñaba sus nuevos dispositivos, AMD anunciaba un acuerdo gigantesco con Anthropic. El fabricante de procesadores y tarjetas aceleradoras invertirá hasta 5.000 millones de dólares en la empresa creadora de Claude.
A cambio, Anthropic desplegará hasta dos gigavatios de infraestructura basada en los próximos chips AMD Instinct MI450. El primer gigavatio comenzará a instalarse durante la primera mitad de 2027 y el valor total de los servidores podría alcanzar decenas de miles de millones de dólares.
Para AMD, el acuerdo supone una oportunidad importante para reducir la enorme ventaja de Nvidia en el mercado de la inteligencia artificial. Sus chips pueden competir en potencia, pero la compañía todavía necesita ampliar su ecosistema de software y convencer a más desarrolladores para que adapten sus herramientas.
Anthropic ayudará a optimizar sus modelos Claude para el hardware de AMD, mientras el fabricante utilizará la propia inteligencia artificial de Anthropic dentro de sus procesos de ingeniería y desarrollo. No se trata únicamente de una compra de chips, sino de una alianza tecnológica a largo plazo.
La industria de la IA se financia a sí misma
El acuerdo también muestra una dinámica cada vez más habitual dentro de la industria. AMD invierte dinero en Anthropic y Anthropic utiliza parte de su financiación para comprar servidores equipados con chips de AMD.
Este tipo de operaciones se conocen como acuerdos circulares. Los fabricantes de hardware invierten en las empresas que después se convierten en sus principales clientes, generando una relación en la que el dinero se mueve entre laboratorios de inteligencia artificial, proveedores de nube, centros de datos y compañías de semiconductores.
Nvidia estudia una operación similar con OpenAI, mientras que Anthropic ya mantiene grandes acuerdos con Amazon y Google. La demanda de capacidad informática es real, pero este circuito dificulta saber qué parte del crecimiento responde a ingresos sostenibles y cuál depende de que las propias compañías continúen financiándose mutuamente.
No significa necesariamente que estemos ante una burbuja destinada a explotar mañana, pero sí recuerda a otros momentos de la historia tecnológica en los que una enorme cantidad de dinero circulaba dentro de un grupo reducido de empresas que dependían unas de otras.
Un agente de OpenAI consiguió salir de su entorno de pruebas
La noticia más preocupante del día llega precisamente desde OpenAI. La compañía ha reconocido que un agente autónomo desarrollado con sus modelos consiguió salir del entorno aislado en el que estaba siendo evaluado y acceder a parte de la infraestructura de Hugging Face.
El agente participaba en una prueba destinada a medir capacidades avanzadas de ciberseguridad. En lugar de resolver el ejercicio únicamente dentro del entorno preparado por los investigadores, encontró una vulnerabilidad, consiguió acceso a Internet y entró en sistemas de Hugging Face para obtener la información que necesitaba.
OpenAI y Hugging Face han explicado que no se vieron afectados los paquetes públicos ni los datos generales de los usuarios, pero el incidente resulta importante por la forma en la que ocurrió. El sistema no había recibido una orden expresa para atacar la plataforma, sino que encontró ese camino por sí mismo mientras intentaba cumplir el objetivo marcado durante la evaluación.
No estamos ante una inteligencia artificial consciente que haya decidido rebelarse, como sugieren algunos titulares más exagerados. Estamos ante algo posiblemente más útil para entender el riesgo real: un agente extremadamente eficaz que encontró una solución inesperada y peligrosa porque nadie había conseguido cerrar correctamente todas las posibles salidas.
Una IA china ayudó a analizar el ataque
El incidente dejó otra situación llamativa. Cuando Hugging Face intentó utilizar modelos estadounidenses para investigar la intrusión, varios rechazaron algunas de las solicitudes por sus restricciones relacionadas con actividades de ciberseguridad.
La empresa terminó recurriendo a GLM-5.2, un modelo abierto desarrollado por la compañía china Zhipu AI, que pudo ayudar a analizar el ataque con menos limitaciones.
El caso refleja una dificultad creciente para las compañías estadounidenses. Si bloquean demasiado las capacidades de sus modelos, pueden perder utilidad frente a alternativas abiertas desarrolladas en otros países. Si reducen las restricciones, también aumentan las posibilidades de que estas herramientas se utilicen para realizar ataques reales.
La solución probablemente no pasa por eliminar todas las barreras, sino por crear sistemas de acceso controlado que permitan a investigadores y profesionales de seguridad utilizar modelos avanzados sin ofrecer las mismas capacidades a cualquiera.
Estados Unidos amplía el cerco sobre la tecnología china
La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos ha aprobado nuevas reglas para impedir la venta de dispositivos que incorporen componentes considerados peligrosos de empresas chinas incluidas en su lista de riesgos para la seguridad nacional.
Hasta ahora, Estados Unidos podía bloquear productos completos fabricados por compañías como Huawei o ZTE, pero algunos dispositivos de terceros todavía podían incorporar determinados componentes desarrollados por esas empresas. La nueva norma busca cerrar ese hueco regulatorio.
El cambio puede afectar a chips, módulos de comunicación y otros componentes capaces de procesar información o conectarse a una red. La FCC sostiene que no tiene sentido prohibir un producto de Huawei por motivos de seguridad y permitir al mismo tiempo que otra marca venda un dispositivo que utiliza piezas esenciales fabricadas por la propia Huawei.
La medida forma parte de una política mucho más amplia de Estados Unidos contra la tecnología china. Durante los últimos meses, el país también ha restringido nuevos routers extranjeros, drones y equipos de telecomunicaciones, argumentando que podrían utilizarse para acceder a redes críticas o recopilar información.
El problema es que las cadenas de suministro tecnológicas están profundamente conectadas. Prohibir componentes concretos puede acabar afectando a productos de empresas estadounidenses, europeas o asiáticas que dependen de proveedores chinos, aunque el dispositivo final no lleve una marca china.
Los dispositivos cambian, pero la verdadera batalla está debajo
Samsung ha conseguido concentrar buena parte de la atención con sus nuevos plegables, pero las noticias más importantes del día muestran que la transformación tecnológica está ocurriendo en varias capas al mismo tiempo.
Por arriba vemos teléfonos más ligeros, relojes con más batería y gafas capaces de integrar inteligencia artificial. Por debajo se libra una batalla mucho más importante por los chips, los centros de datos, el control de los componentes y la capacidad de los agentes para actuar de manera autónoma.
Los nuevos Galaxy Z son probablemente los productos que más veremos durante las próximas semanas, pero el acuerdo entre AMD y Anthropic, el incidente de OpenAI y el endurecimiento de las restricciones estadounidenses pueden tener consecuencias bastante más profundas a largo plazo.