La compañía presenta los Galaxy Z Fold 8 Ultra, Fold 8 y Flip 8, renueva sus relojes y apuesta fuerte por Gemini, pero vuelve a dejar claro que sus plegables siguen siendo productos para unos pocos.
Samsung ha celebrado en Londres uno de sus eventos Unpacked más completos de los últimos años, con una presentación que, sobre el papel, resulta difícil de criticar. La compañía ha mostrado tres nuevos plegables —Galaxy Z Fold 8 Ultra, Galaxy Z Fold 8 y Galaxy Z Flip 8—, ha renovado su gama de relojes, ha enseñado sus primeras gafas inteligentes y ha reforzado su apuesta por Gemini como eje de su ecosistema.
Sin embargo, más allá del despliegue tecnológico y del volumen de novedades, el mensaje que deja el evento es bastante claro. Samsung sigue liderando el segmento de los plegables, pero también sigue manteniéndolo lejos del usuario medio, tanto por posicionamiento como por precio.
Hay avances reales y visibles en prácticamente todos los dispositivos presentados. Los nuevos modelos son más ligeros, más cómodos y están mejor pensados para el uso diario. Aun así, también son más caros, y ese factor empieza a pesar más que cualquier mejora técnica que la compañía pueda introducir.
El Galaxy Z Fold 8 por fin tiene sentido como móvil
La gran novedad del evento no es el modelo Ultra, sino el Samsung Galaxy Z Fold 8. Samsung ha cambiado el formato del dispositivo y, por primera vez en varias generaciones, parece haber escuchado una crítica bastante evidente: el Fold era incómodo cuando estaba cerrado.
El nuevo diseño es más bajo y ancho, lo que lo acerca mucho más a las proporciones de un móvil convencional. La pantalla exterior de 5,5 pulgadas deja de sentirse como un parche improvisado y empieza a ser realmente usable en el día a día, mientras que la pantalla interior de 7,6 pulgadas mantiene el atractivo del formato grande sin comprometer tanto la ergonomía.
También es más ligero, con 201 gramos, algo que en 2026 no debería ser especialmente llamativo, pero que dentro de la categoría de los plegables sigue siendo una mejora relevante. En nuestro análisis del Galaxy Z Fold 7 ya vimos cómo la ligereza y la sensación de móvil normal podían cambiar por completo la experiencia.
El Fold 8 no intenta impresionar con cifras extremas ni con especificaciones desproporcionadas. Integra un Snapdragon 8 Elite Gen 5, una cámara de 50 megapíxeles y una batería de 4.800 mAh, lo que lo convierte en un plegable más equilibrado. Es un dispositivo menos obsesionado con ser un escaparate tecnológico y más centrado en ser utilizable en el día a día.
Y precisamente por eso, por esa búsqueda de equilibrio y sentido práctico, es probablemente lo más interesante que ha hecho Samsung en este evento.
El Fold 8 Ultra: más grande, más potente… y más difícil de justificar
El Galaxy Z Fold 8 Ultra representa justo el enfoque contrario. Es más grande, más potente y más ambicioso en todos los aspectos, pero también más difícil de justificar fuera de un perfil muy concreto de usuario.
La pantalla interior alcanza las 8 pulgadas, la cámara principal sube hasta los 200 megapíxeles y el dispositivo incorpora más memoria RAM y más almacenamiento. Todo está pensado para ofrecer una experiencia de productividad avanzada, cercana a la de una tableta o incluso a la de un portátil ligero.
El problema es el precio. Parte de 2.199 euros, una cifra que ya no compite únicamente con otros móviles de gama alta, sino con ecosistemas completos que incluyen teléfono, tablet e incluso ordenador portátil. Ya habíamos avisado de que la gama alta plegable estaba perdiendo el norte con los precios, y la presentación no ha cambiado demasiado esa sensación.
Samsung lo presenta como una herramienta de trabajo, pero la pregunta es inevitable: ¿cuánta gente necesita realmente un plegable de este nivel para su día a día? Y, sobre todo, ¿cuánta gente está dispuesta a pagar esa cantidad por él?
El Fold 8 Ultra no es un mal producto ni mucho menos. Es, simplemente, un producto cada vez más difícil de defender fuera de un nicho muy concreto.
El pliegue mejora, pero sigue ahí
Samsung introduce una nueva estructura denominada Flex Titanium, diseñada para reducir la visibilidad del pliegue y mejorar la resistencia del conjunto. Sobre el papel suena bien, pero también es una promesa que llevamos escuchando varias generaciones.
El pliegue sigue siendo uno de los recordatorios constantes de que los plegables aún no están completamente resueltos. No impide utilizar el dispositivo ni limita su funcionalidad, pero tampoco desaparece ni deja de ser perceptible en determinadas condiciones.
Mientras tanto, algunos fabricantes chinos han avanzado más rápido en este aspecto, lo que hace que Samsung ya no marque el ritmo con la misma claridad que en los primeros años de la categoría.
La certificación IP 48 también refleja ese punto intermedio en el que se encuentran estos dispositivos. Es mejor que nada y supone un avance respecto a generaciones anteriores, pero sigue estando lejos de la resistencia que ofrece un móvil tradicional.
El Galaxy Z Flip 8: práctico, pero cada vez menos accesible
El Galaxy Z Flip 8 es la evolución más continuista de la presentación, aunque introduce mejoras suficientes como para seguir siendo atractivo dentro de su categoría.
Es más ligero, con 180 gramos, incorpora una pantalla exterior más útil de 4,1 pulgadas y mantiene ese formato compacto que sigue siendo su principal argumento frente a otros móviles.
Samsung insiste en que el usuario pueda hacer más cosas sin abrir el dispositivo, algo lógico desde el punto de vista del diseño. Sin embargo, también pone de manifiesto una cierta contradicción: si necesitas utilizar tanto la pantalla externa, quizá el formato no es tan práctico como parece en un primer momento.
El problema vuelve a ser el precio. Con un coste de 1.299 euros, el Flip ha dejado de ser la puerta de entrada a los plegables para convertirse en otro móvil premium caro dentro del catálogo de Samsung.
Más batería… pero sin arriesgar demasiado
Samsung introduce baterías con mayor densidad energética, algo especialmente necesario en dispositivos plegables debido a sus limitaciones de espacio interno. Las cifras mejoran de forma clara: 4.800 mAh en el Fold 8, 5.000 mAh en el Ultra y 4.300 mAh en el Flip.
Es una mejora importante, pero no especialmente revolucionaria si se compara con lo que están haciendo otros fabricantes, que ya están apostando por capacidades mayores y sistemas de carga mucho más rápidos.
Samsung sigue siendo conservadora en este apartado. Prioriza la estabilidad, la seguridad y la durabilidad a largo plazo, pero lo hace a costa de quedarse un paso por detrás en términos de innovación visible.
La carga rápida de 45 W refuerza esa sensación. Funciona correctamente y cumple con lo esperado, pero no resulta especialmente llamativa en un mercado donde otros dispositivos ofrecen cifras mucho más altas.
Precios que siguen alejando a los plegables del público
Los nuevos modelos llegarán el 7 de agosto con precios que no ayudan precisamente a popularizar la categoría:
- Fold 8: desde 1.999 euros
- Fold 8 Ultra: desde 2.199 euros
- Flip 8: desde 1.299 euros
Samsung puede justificar parte de esta subida por el coste de los componentes y por el posicionamiento premium de la gama, pero eso no cambia la percepción del usuario. Los plegables siguen siendo caros y, en muchos casos, cada vez más.
Mientras tanto, el mercado global de smartphones no crece de forma significativa y los plegables continúan siendo una categoría minoritaria. Ya explicamos por qué 2026 podía ser el año definitivo de los plegables, pero mejorar el producto sin mejorar el acceso tiene un límite claro.
El Watch Ultra 2 mejora donde más duele
En el apartado de relojes, Samsung ha adoptado un enfoque más pragmático. El Galaxy Watch Ultra 2 aumenta su batería hasta los 800 mAh, lo que supone un salto importante en un segmento donde la autonomía sigue siendo uno de los principales problemas.
No es una revolución tecnológica, pero sí una mejora que muchos usuarios valorarán más que cualquier nueva función añadida.
El Galaxy Watch 9, por su parte, apuesta por métricas de salud más interpretables, con el objetivo de ofrecer información más útil y comprensible. Aun así, todavía queda por ver si estas métricas aportan valor real o si se quedan en otra capa de datos difíciles de contextualizar.
Gemini: más ambición que realidad por ahora
Gemini ha sido el verdadero protagonista del evento. Samsung y Google quieren que la inteligencia artificial deje de ser un asistente pasivo y pase a ejecutar tareas entre aplicaciones de forma más autónoma.
La idea es interesante y apunta en la dirección correcta: menos copiar y pegar, más automatización real. Es una evolución coherente con una estrategia en la que Android quiere que Gemini utilice las aplicaciones por nosotros. Sin embargo, sigue siendo una promesa que necesita demostrar su utilidad en el uso cotidiano.
Funciones como Gemini Notebook tienen sentido en un Fold, donde el espacio de pantalla permite trabajar mejor con información compleja. Aun así, en muchos casos la inteligencia artificial sigue pareciendo más una demostración de capacidades que una necesidad real para el usuario.
Además, el modelo de suscripción asociado, Google AI Pro, deja claro hacia dónde se dirige esta estrategia. El hardware es solo la puerta de entrada a servicios que, con el tiempo, buscarán generar ingresos recurrentes.
Cambiar desde iPhone: menos fricción, pero no magia
Samsung ha mejorado Smart Switch para facilitar el salto desde iPhone, incorporando transferencias mediante código QR, mayor compatibilidad de datos y menos pasos en el proceso.
Es una mejora bienvenida, pero no elimina el problema de fondo. Cambiar de ecosistema sigue siendo incómodo y requiere tiempo, algo que continúa siendo una de las mayores barreras para vender dispositivos de más de 1.000 euros.
Gafas inteligentes: mejor enfoque, pero aún sin respuestas
Las nuevas gafas inteligentes apuntan en la dirección correcta, con un diseño más discreto, colaboración con marcas de moda y la integración de Gemini como elemento central.
Samsung parece haber entendido que nadie quiere llevar un dispositivo llamativo en la cara, una idea que ya analizamos al hablar de cómo la tecnología ponible intenta dejar de parecer tecnología. Sin embargo, todavía faltan detalles clave como el precio, la autonomía o la utilidad real en el día a día.
Por ahora, siguen siendo más una promesa que un producto completamente definido.
Samsung mejora, pero no cambia el problema de fondo
Este Unpacked deja una sensación bastante clara. Samsung está haciendo mejores plegables en prácticamente todos los aspectos, pero no está resolviendo el mayor obstáculo de la categoría.
El Fold 8 es más usable, el Ultra es más potente, el Flip es más práctico y Gemini es más ambicioso. Sin embargo, todo eso llega acompañado de precios que siguen subiendo y de una propuesta que, en muchos casos, continúa siendo difícil de justificar frente a móviles tradicionales excelentes.
Samsung ya no necesita demostrar que sabe hacer plegables, porque eso está claro desde hace años. Lo que todavía no ha conseguido es hacerlos realmente relevantes para la mayoría de los usuarios.