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YouTube se mete de lleno en la guerra del streaming

Persona viendo YouTube en el televisor del salón, con el titular sobre la guerra del streaming

Durante años hemos hablado de YouTube como la plataforma que sustituyó a la televisión para toda una generación. Primero fue el ordenador, después el móvil y, poco a poco, el televisor volvió a entrar en escena. La diferencia es que ahora ya no encendemos la televisión para ver una cadena: muchas veces la encendemos para abrir YouTube.

YouTube reconoció ya en 2025 que, en Estados Unidos, el televisor había superado al móvil como principal dispositivo de consumo de la plataforma por tiempo de visualización. Sus usuarios veían entonces más de 1.000 millones de horas diarias de YouTube en televisores y la propia compañía empezó a utilizar una expresión bastante reveladora: “YouTube es la nueva televisión”. En 2026 ha ido todavía más lejos y asegura que los creadores son ya el nuevo prime time. YouTube detalló esta evolución en sus prioridades para 2025.

No parece únicamente una frase de marketing. En el último año, el número de canales que consiguieron ingresos de seis cifras o más procedentes de visualizaciones en televisores aumentó más de un 45%. YouTube está adaptando progresivamente la interfaz, las miniaturas, las herramientas de descubrimiento e incluso funciones de inteligencia artificial a esa pantalla porque sabe que el salón se ha convertido en una pieza central de su negocio. La compañía también ha explicado cómo está rediseñando la experiencia en TV.

El siguiente paso es que un creador pueda convertirse en una cadena de televisión

Las emisiones continuas llevan mucho tiempo siendo técnicamente posibles en YouTube. No existe un corte obligatorio que obligue a finalizar un directo después de unas horas, aunque las emisiones de más de doce horas tienen limitaciones importantes a la hora de archivarse automáticamente. Ese límite de archivo sigue siendo una de las restricciones prácticas del formato 24/7.

Lo interesante no es descubrir ahora que alguien puede mantener una señal encendida durante días, sino lo bien que encaja ese formato con el YouTube actual. Un creador con cientos de vídeos puede dejar de tener únicamente un catálogo bajo demanda y empezar a pensar en programación. Un canal infantil puede emitir continuamente, un creador de viajes puede montar una señal permanente con destinos y reportajes, un podcast puede enlazar entrevistas durante todo el día y un canal de tecnología puede hacer lo mismo con análisis, noticias, documentales y programas.

Hasta ahora entrábamos en YouTube para decidir qué queríamos ver. Las emisiones 24/7 añaden otro hábito mucho más televisivo: entrar y ver simplemente qué están echando. Si la audiencia está cada vez más en el televisor, tiene sentido ofrecer también una experiencia más pasiva y continua, mucho más cercana a la televisión lineal.

YouTube ya intentó convertirse en Netflix y terminó abandonando la idea

Google ya probó otro camino. YouTube Red, que posteriormente se convertiría en YouTube Premium, nació acompañado de una apuesta importante por los contenidos exclusivos. La compañía creó YouTube Originals y financió series, documentales y programas propios. De allí salieron producciones como Cobra Kai, Step Up o contenidos protagonizados por algunos de los creadores más importantes de la plataforma.

Durante unos años, YouTube intentó comportarse como cualquier otra plataforma de streaming: elegir proyectos, financiarlos y utilizar producciones exclusivas para vender suscripciones. En 2022 prácticamente cerró esa división. La explicación que dio entonces resulta especialmente interesante vista desde 2026: YouTube consideraba que podía tener un impacto mucho mayor invirtiendo su dinero en otras iniciativas relacionadas con sus creadores que financiando directamente una pequeña cartera de programas propios. El cierre de YouTube Originals marcó ese cambio de estrategia.

El tiempo parece haber reforzado aquella decisión. YouTube no necesita producir su propia televisión porque tiene millones de productores creando contenido para ella.

El creador asume el riesgo y YouTube pone la cadena

Ese modelo tiene una ventaja económica enorme frente al streaming tradicional. Netflix tiene que encontrar una idea, contratar una producción o comprar una licencia, invertir millones y esperar que el contenido consiga suficiente audiencia. Puede acertar y crear un fenómeno mundial o puede invertir una fortuna en algo que desaparezca entre miles de títulos.

YouTube funciona de otra manera. Millones de personas producen vídeos utilizando sus propios recursos, construyen equipos, prueban formatos, encuentran audiencias y asumen buena parte del riesgo creativo y económico. La plataforma proporciona la infraestructura, la distribución, la publicidad y el sistema de monetización.

Cuando un canal no funciona, Google no ha tenido que financiar varias temporadas antes de descubrirlo. Cuando funciona, puede generar millones de horas de consumo durante años. El Programa de Socios de YouTube tiene actualmente más de tres millones de creadores y la compañía está reformándolo precisamente para reforzar esta economía. YouTube asegura además que espera pagar todavía más dinero a los creadores durante 2027 que durante 2026. YouTube ha anunciado nuevas oportunidades de ingresos dentro del YPP.

Quizá el cambio más importante respecto a los años de YouTube Originals sea precisamente ese: Google parece haber entendido que su mayor estudio de producción no necesita estar en Hollywood. Está formado por sus propios usuarios.

Netflix también se ha dado cuenta

El problema para YouTube es que Netflix ha empezado a mirar hacia el otro lado de la frontera. La compañía lleva meses aumentando su interés por vídeo-podcasts, creadores y formatos que nacieron fuera de la televisión tradicional. Es un movimiento que no está ocurriendo solo allí: Disney también está incorporando formatos y creadores nacidos en plataformas sociales a Disney+.

En el caso de Netflix, el movimiento empieza a ser lo suficientemente serio como para que YouTube esté estudiando ofrecer incentivos de varios millones de dólares a algunos de sus principales creadores para evitar que lleven contenidos exclusivos a Netflix. Las conversaciones todavía estarían en una fase inicial, pero representarían un cambio importante para una plataforma que tradicionalmente ha basado su relación con los creadores en el reparto de ingresos y no en grandes contratos de exclusividad. Business Insider ha informado de esas conversaciones.

Netflix quiere quedarse con parte del talento que nació en YouTube mientras YouTube intenta convertir a esos mismos creadores en sus propias cadenas de televisión. Las dos plataformas se están acercando desde direcciones completamente distintas.

El contenido largo vuelve a tener mucho sentido

Esta transformación también ayuda a entender por qué el vídeo largo vuelve a ocupar una posición cada vez más importante. YouTube sigue necesitando Shorts porque el móvil y el descubrimiento rápido continúan siendo fundamentales, pero el comportamiento delante de un televisor es diferente. Un análisis de cuarenta minutos, una entrevista de una hora, un documental, un podcast o una retransmisión deportiva encajan mucho mejor en el salón que una sucesión permanente de vídeos de tres minutos.

También generan sesiones de visualización más largas y más oportunidades publicitarias. El mismo creador puede atacar prácticamente todos los momentos del día: un Short puede servir para descubrirlo mientras esperamos el autobús, un vídeo de media hora puede convertirse en nuestro programa de la noche y una emisión continua puede quedarse funcionando durante horas en el televisor.

YouTube no necesita elegir entre TikTok y Netflix porque puede competir con los dos utilizando formatos diferentes dentro de una misma plataforma. Y, sobre todo, puede hacerlo utilizando a los mismos creadores.

La parte menos agradable: Premium también se encarece

Esta transformación también tiene una factura para el usuario. YouTube Premium acaba de subir de precio en España: el plan individual pasa de 13,99 a 15,99 euros mensuales, mientras que el familiar sube de 25,99 a 29,99 euros y el plan para estudiantes alcanza los 10,49 euros. Cinco Días recoge las nuevas tarifas.

Quince euros y noventa y nueve céntimos ya colocan a YouTube directamente en el territorio de las grandes plataformas de streaming. La comparación con Netflix no es completamente directa porque Premium incluye YouTube Music, además de eliminar los anuncios, permitir descargas y ofrecer reproducción en segundo plano. Para quien utiliza mucho YouTube y además paga por música, el paquete sigue teniendo una propuesta de valor potente, pero también deja claro que YouTube quiere cobrar más por el papel central que está ocupando en el entretenimiento doméstico.

La guerra del streaming no se juega únicamente en quién tiene mejores contenidos o más horas de catálogo. También se juega en cuánto está dispuesto a pagar el usuario por quedarse dentro de cada ecosistema.

YouTube ya no quiere únicamente vídeos, quiere el salón

Hay otro movimiento reciente que casi parece demasiado explícito. En Estados Unidos, YouTube ha alcanzado un acuerdo con NBCUniversal para incluir Peacock Premium con anuncios dentro de determinadas suscripciones de YouTube Premium. La propia compañía describe la estrategia como una forma de reunir creadores, música, deportes, películas y series dentro de una misma experiencia. YouTube ha explicado el acuerdo con Peacock.

En paralelo, YouTube TV continúa evolucionando hacia un auténtico paquete televisivo con más de cien canales y nuevos planes especializados por categorías como deportes, noticias o entretenimiento. YouTube TV también está ampliando su oferta.

Si juntamos todas las piezas, la estrategia deja de parecer especialmente misteriosa. YouTube no quiere ser simplemente otro Netflix. Quiere convertirse en la televisión por cable de internet.

La gran ventaja de YouTube es que cada creador puede ser una cadena

La diferencia fundamental respecto al cable tradicional es que ya no hacen falta frecuencias, licencias de emisión ni una enorme infraestructura de televisión para crear una cadena. Un creador puede producir un programa desde su estudio, distribuirlo mundialmente, crear clips para promocionarlo, emitirlo en directo, convertirlo después en contenido bajo demanda y terminar reutilizando su catálogo dentro de una programación permanente.

La plataforma puede incluso saber exactamente qué interesa a cada espectador y sustituir la antigua parrilla idéntica para todo el mundo por una televisión prácticamente infinita.

Durante veinte años YouTube fue destruyendo poco a poco algunas de las ventajas que tenía la televisión tradicional. Ahora que ha conseguido entrar en la pantalla principal de la casa, está empezando a recuperar también algunas de sus mejores ideas: la programación continua, los programas largos y los canales. La diferencia es que ahora las cadenas son los creadores.

Netflix está intentando incorporar a esos creadores a su catálogo porque entiende perfectamente el valor que tienen. YouTube, mientras tanto, parece estar llegando a una conclusión diferente: quizá resulte más rentable pagarles más, darles mejores herramientas y permitirles construir sus propios estudios dentro de la plataforma que volver a producir YouTube Originals.

YouTube empezó siendo la web donde cualquiera podía subir un vídeo. Veinte años después, cada vez parece más la infraestructura sobre la que cualquiera puede construir su propia televisión.

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