El Freelander ha vuelto. Y reconozco que, cuando leí el nombre, lo primero que imaginé fue un nuevo Land Rover compacto, de esos que todavía asociamos con escapadas al campo y caminos complicados. Pero nada de eso. El nuevo Freelander es una marca independiente desarrollada por JLR y el grupo chino Chery, y su primer coche es un enorme SUV híbrido enchufable de hasta 620 CV.
De aquel Freelander que muchos recordamos queda, sobre todo, el nombre. Y eso es precisamente lo interesante de este regreso.

Un nombre británico para un SUV muy chino
JLR sigue siendo propietaria de la marca y se encarga de dirigir su diseño. Chery, que ya conocemos en España por OMODA y JAECOO, aporta la tecnología y la capacidad industrial. No estamos, por tanto, ante un nuevo Land Rover con otro logotipo, sino ante un proyecto distinto que aprovecha una denominación con historia.
El primer resultado es el FREELANDER 8, un SUV de 5,1 metros de largo, 2,1 de ancho y hasta seis plazas. Las proporciones dejan claro que aquí no han querido recuperar al todoterreno más accesible de antaño. La apuesta va directamente al segmento premium.
Y basta mirar el habitáculo para entender por dónde quieren competir: una pantalla panorámica 8K de 46,3 pulgadas recorre 1,2 metros del salpicadero, acompañada de otra pantalla central de 15,6 pulgadas y, en determinadas versiones, una de 17,3 para las plazas traseras. Todo ello con un chip Qualcomm SA8295P, hasta 23 altavoces Harman Kardon y asistentes de conducción y aparcamiento.

Con tanta pantalla, casi agradezco que la marca haya conservado mandos físicos para algunas funciones habituales. No todo tiene que resolverse entrando en un menú.
620 CV y hasta 110 kilómetros sin gastar gasolina
La configuración híbrida enchufable presentada para determinados mercados combina un motor de gasolina 2.0 turbo con una batería LFP de 34 kWh y tracción total. Sobre el papel, entrega 620 CV, acelera de 0 a 100 km/h en 5,8 segundos y anuncia hasta 110 kilómetros en modo eléctrico, con una autonomía combinada de 886 kilómetros.
La marca habla también de pasar del 20 al 80 % de batería en menos de 20 minutos con carga rápida en corriente continua. Para un coche de este tamaño, cubrir los desplazamientos cotidianos en eléctrico y reservar la gasolina para viajar tiene sentido, siempre que se cargue con frecuencia. Otra cosa será comprobar cuánto se acercan las cifras anunciadas al uso real.
Y, por si alguien se pregunta si sigue teniendo algo de todoterreno, se han anunciado suspensión neumática de doble cámara, hasta 266 mm de altura libre al suelo y nueve modos de conducción para distintas superficies. Falta verlo fuera del asfalto, donde una ficha técnica no lo cuenta todo.

Lo que todavía no sabemos de su llegada a España
Conviene no adelantarse: estas prestaciones corresponden a configuraciones internacionales todavía pendientes de homologación. No hay precio, fecha de llegada a España ni especificaciones definitivas para nuestro mercado. La hoja de ruta internacional anunciada por la marca sitúa primero a Oriente Medio y deja Europa para una fase posterior.
A mí lo que más me llama la atención no son los 620 CV ni la pantalla gigante, sino la estrategia. Chery ya ha demostrado que puede lanzar marcas nuevas en Europa; ahora quiere hacerlo también recuperando un nombre histórico británico. Es una manera de ganar reconocimiento antes incluso de poner el coche en los concesionarios.
El Freelander vuelve, pero ha cambiado tanto que casi tendremos que conocerlo desde cero. Y tengo curiosidad por comprobar si detrás de toda esa tecnología sigue habiendo un coche con personalidad propia.
Fuentes: nota de prensa de FREELANDER y Chery Auto del 22 de octubre de 2026; comunicado oficial internacional de Chery. Datos preliminares, sujetos a homologación.