Google lleva años diseñando sus propios aceleradores para inteligencia artificial, pero diseñar un chip no significa fabricarlo. La compañía depende de una red de socios capaces de producir cada componente con procesos avanzados, y el crecimiento de la IA está convirtiendo esa dependencia en un riesgo estratégico.
La próxima generación de TPU, conocida internamente como Icefish, podría dividirse entre varios fabricantes. TSMC produciría el componente principal, Samsung se encargaría de una pieza relacionada con la conexión a la memoria e Intel también negocia fabricar millones de aceleradores. La estrategia refleja un cambio importante: Google ya no busca únicamente el mejor chip, sino una cadena de suministro que no pueda bloquearse en un único punto.
Un procesador construido como un puzle industrial
Según la información recogida por Reuters, Google planea utilizar a TSMC para fabricar el núcleo de computación de Icefish. Samsung podría producir mediante su proceso de 2 nanómetros un componente encargado de conectar el acelerador con la memoria.
El diseño se está desarrollando con MediaTek y la producción en masa podría comenzar en 2028. La misma información señala que Google mantiene conversaciones con Intel para fabricar más de tres millones de TPU durante ese año.
La fragmentación no implica necesariamente que las tres compañías fabriquen exactamente el mismo producto. Los chips modernos pueden combinar bloques creados con tecnologías diferentes, empaquetados posteriormente en un sistema común. Esto permite utilizar el proceso más adecuado para cada parte y repartir el riesgo.
TSMC es la mejor opción y también una dependencia enorme
TSMC se ha convertido en la fábrica más importante para los chips avanzados de Apple, Nvidia, AMD, Qualcomm y muchas otras compañías. Su tecnología ofrece una combinación de rendimiento, eficiencia y volumen que resulta difícil de igualar.
El problema es precisamente ese éxito. Una parte enorme de la industria depende de las mismas instalaciones, situadas principalmente en Taiwán. Cualquier problema geopolítico, desastre natural o cuello de botella puede afectar simultáneamente a varias de las empresas más importantes del mundo.
Google necesita capacidad suficiente para alimentar Gemini, sus servicios de nube y las funciones de inteligencia artificial integradas en productos como Search, Android o Workspace. No puede permitirse descubrir dentro de dos años que su crecimiento depende de un hueco en la agenda de un único fabricante.
Samsung e Intel necesitan clientes como Google
Para Samsung, participar en Icefish sería una oportunidad de demostrar que su proceso de 2 nanómetros puede competir en productos exigentes. La división de fabricación de la compañía necesita grandes contratos externos que justifiquen sus inversiones y reduzcan la distancia frente a TSMC.
Intel se encuentra en una situación parecida. Su negocio de fundición quiere fabricar chips diseñados por terceros, pero necesita clientes capaces de validar sus procesos y aportar volumen. Un acuerdo con Google tendría un valor económico y también reputacional.
La relación sería beneficiosa para ambas partes. Google obtiene alternativas y capacidad; Samsung e Intel consiguen un cliente que puede ayudarles a madurar sus tecnologías. La competición deja de ser únicamente por fabricar el chip más rápido y pasa a incluir quién puede entregar millones de unidades en el momento adecuado.
Google lleva años reduciendo su dependencia de Nvidia
Las TPU permiten a Google entrenar y ejecutar modelos sin depender completamente de las GPU de Nvidia. La compañía seguirá utilizando hardware externo cuando resulte conveniente, pero su infraestructura propia le ofrece una capacidad de negociación que muchas empresas no tienen.
Esta estrategia conecta con el movimiento de DeepSeek y otras compañías que trabajan en chips personalizados. Cuando el coste de la inteligencia artificial depende tanto del hardware, diseñar un acelerador propio deja de ser una extravagancia y se convierte en una forma de controlar el negocio.
En La IA quiere vivir en tu casa… y también en el espacio analizamos cómo la infraestructura física condiciona ya el futuro de los modelos. La empresa que controla sus chips, sus centros de datos y su software puede ajustar mejor los costes y decidir dónde coloca cada carga de trabajo.
Los Pixel y Android son solo la parte visible
Cuando hablamos de Google solemos pensar en móviles, aplicaciones y buscadores. En Google ya no quiere que navegues por internet: quiere que internet trabaje para ti vimos cómo la compañía quiere extender Gemini por casi toda nuestra actividad digital.
Cada respuesta generada, compra asistida o tarea ejecutada necesita servidores. La inteligencia artificial parece una función de software, pero detrás existe una factura de electricidad, memoria y chips que crece con cada usuario.
Icefish no será un producto que compremos en una tienda. Sin embargo, puede ser una de las piezas que determine cuánto cuesta ofrecer Gemini, qué rendimiento alcanza y cuánta independencia conserva Google frente a Nvidia y los fabricantes de semiconductores.
La diversificación se convierte en una forma de seguridad
Repartir la fabricación entre varias compañías añade complejidad. Google tendrá que coordinar procesos, validar componentes y asegurar que el producto final mantenga el rendimiento esperado.
A cambio, reduce el riesgo de depender de una sola fábrica y aumenta su capacidad para negociar precios y capacidad. En un mercado donde la demanda supera en ocasiones a la oferta, tener un buen diseño sirve de poco si nadie puede fabricarlo a tiempo.
La próxima gran batalla de la IA no se librará únicamente entre modelos. También se decidirá en las fábricas que convierten esos diseños en silicio. Google quiere asegurarse de que TSMC siga siendo una opción principal, pero ya no la única puerta por la que tiene que pasar su futuro.