Apple todavía no ha presentado oficialmente su primer iPhone plegable, pero el dispositivo ya empieza a ocupar el lugar que la compañía necesita: el de producto aspiracional capaz de abrir una categoría por encima del iPhone Pro Max.
El analista Ming-Chi Kuo estima que el teléfono podría costar entre 2.300 y 2.500 dólares, llegar con una producción inicial limitada y agotarse poco después de abrir las reservas. Es una previsión basada en la cadena de suministro, no un anuncio de Apple, pero retrata perfectamente una estrategia que la compañía ha utilizado antes.
La escasez inicial puede formar parte del lanzamiento
Según la información recogida por Barron’s, Kuo calcula que Apple podría producir entre 500.000 y un millón de unidades durante el tercer trimestre de 2026. Las reservas y las primeras entregas podrían retrasarse hasta el último trimestre por la complejidad del dispositivo.
El paralelismo con el iPhone X resulta evidente. En 2017, Apple presentó un teléfono que estrenaba diseño, Face ID y pantalla OLED, pero la producción tardó en alcanzar un ritmo normal. La escasez reforzó la sensación de que estábamos ante un producto diferente y permitió justificar un precio que entonces parecía extraordinario.
Con el plegable, Apple puede repetir la fórmula a una escala todavía mayor. Pocas unidades, mucha cobertura mediática y listas de espera convierten una limitación industrial en una herramienta de deseo. Que se agote rápidamente no demostraría necesariamente que millones de personas aceptan pagar 2.500 dólares; demostraría que Apple ha fabricado menos unidades de las que puede absorber su público más fiel.
La palabra Ultra necesita un producto que parezca realmente nuevo
En ¿Apple prepara su era Ultra? analizamos cómo la compañía necesita un escalón por encima de Pro. La etiqueta se ha utilizado tanto que ya no transmite la exclusividad de hace unos años. Un iPhone plegable puede convertirse en el producto perfecto para estrenar esa nueva jerarquía.
También repasamos la posible gama Ultra construida alrededor del iPhone plegable. Apple no tendría que venderlo como sustituto directo del iPhone tradicional. Puede presentarlo como una categoría distinta, mezclando móvil y pequeña tablet, y evitar que su precio se compare únicamente con el del iPhone Pro Max.
Ese cambio de marco es importante. Un smartphone de 2.500 dólares parece exagerado; un dispositivo híbrido, exclusivo y completamente nuevo puede parecer menos absurdo a quien ya utiliza un iPhone, un iPad y un Mac.
Apple llega tarde, pero puede convertir la espera en ventaja
Samsung, Huawei, HONOR, OPPO, Google y Motorola llevan años experimentando con pantallas plegables. Apple no será la primera y tampoco necesita serlo. Su estrategia habitual consiste en esperar hasta que la tecnología alcanza un nivel de madurez suficiente, simplificar el mensaje y presentarla como una experiencia coherente dentro de su ecosistema.
En 2026 puede ser el año definitivo de los plegables señalábamos que la llegada de Apple podía legitimar el formato ante usuarios que todavía lo consideran frágil o experimental. La marca tiene capacidad para convertir una categoría minoritaria en una conversación general, aunque su primer modelo sea demasiado caro para la mayoría.
La ventaja de llegar tarde es que puede aprender de problemas ajenos: el pliegue visible, el grosor, la adaptación de aplicaciones, la autonomía o la fragilidad de la pantalla interna. La desventaja es que el producto tendrá que parecer claramente mejor resuelto para justificar años de espera y un precio superior.
Un precio alto también protege al resto del catálogo
El iPhone plegable no solo generaría ingresos propios. También puede hacer que el iPhone Pro Max parezca más accesible. Cuando existe un modelo de 2.500 dólares, pagar 1.400 o 1.500 por un teléfono tradicional deja de representar el techo del catálogo.
Esta técnica de anclaje se utiliza en muchas industrias. El producto más caro no necesita ser el más vendido; basta con que eleve la percepción de valor del resto y atraiga atención hacia la marca. Apple ya la utiliza con configuraciones de almacenamiento, acabados premium y productos como el Vision Pro.
El plegable puede cumplir una función similar. Será la demostración tecnológica, el objeto deseado y la referencia contra la que se comparen los demás iPhone. Su existencia puede ser comercialmente útil incluso con una cuota de ventas pequeña.
Agotarse no es lo mismo que convertirse en un éxito masivo
Las previsiones de Kuo apuntan a entre siete y ocho millones de unidades durante la segunda mitad del ciclo, una cantidad relevante pero pequeña dentro del volumen total del iPhone. La demanda real solo podrá evaluarse cuando desaparezca el efecto del lanzamiento y la producción deje de estar limitada.
Un producto puede agotar sus primeras unidades porque es nuevo, porque hay pocas o porque los compradores más fieles quieren ser los primeros. El reto empieza meses después, cuando el público compara su utilidad con un iPhone convencional y decide si la pantalla plegable justifica la diferencia.
Apple sabe que el precio no siempre funciona como freno. En determinados productos también comunica exclusividad, novedad y estatus. Si el primer iPhone plegable cuesta cerca de 2.500 dólares, no estará intentando convencer a todo el mundo. Estará intentando demostrar que existe un nuevo escalón por encima del iPhone que ya conocemos.